Un almeriense deja el camión ante la subida del gasóleo: “Trabajar así es perder dinero”
Llenar el depósito puede aumentar la factura de los camioneros hasta 2.000 euros al mes

Un camión reposta combustible en una gasolinera.
Si el aumento del gasto en combustible como consecuencia de la guerra en Irán se está convirtiendo en un serio problema para la economía de muchas familias, la situación del sector del transporte por carretera es ya, en muchos casos, insostenible. Empresas y, sobre todo, autónomos del sector están considerando seriamente la posibilidad de plantarse y aparcar sus camiones hasta que los precios bajen o se aprueben las ayudas necesarias para mantener su actividad.
Es el caso de Gabriel Fornieles, un camionero almeriense que, en el momento de hablar con este periódico, a última hora de la mañana de este lunes, circulaba por la provincia de Zaragoza. Gabriel había partido el jueves en su camión cargado de hortalizas de la provincia con destino a Francia, donde ya ha dejado la mercancía, y de vuelta trae frutos secos con destino a Madrid. Luego volverá a Almería para, a continuación, no volver a coger la carretera, al menos hasta que bajen los precios del gasóleo o se aprueben las ayudas necesarias para no tener que pagar por trabajar, es decir, para no ir a pérdidas.
“Cuando este miércoles o jueves llegue a Almería voy a aparcar el camión al menos hasta después de Semana Santa, porque ahora mismo trabajar no es viable. Pierdo dinero… y todos estamos en esta situación; de hecho, ya hay empresas andaluzas que han parado”, explica.
Llenar el depósito de un camión, de unos 1.000 litros de gasóleo, cuesta hoy entre 300 y 400 euros más que antes de que estallara el conflicto, incluso más en algunos casos. Si antes el llenado suponía unos 1.400 euros, estos días cuesta entre 1.700 y 1.800, y subiendo.
Un camionero puede llenar el depósito cuatro o cinco veces al mes, con lo que solo en combustible el gasto puede aumentar entre 1.600 y 2.000 euros adicionales. Este coste es inasumible para muchos autónomos y pequeñas empresas y, por ello, algunos, como Gabriel Fornieles, ya han decidido dejar de trabajar provisionalmente.
Siempre pagando
A este gasto se suman muchos otros: mantenimiento, neumáticos y, cuando no, las letras del camión. “Yo siempre estoy pagando letras de algo, en mi caso ahora mismo el remolque, y claro, es imposible seguir”, se lamenta.
Ante esta situación, el sector exige al Gobierno medidas urgentes y bonificaciones por litro de gasóleo para evitar la quiebra de los pequeños transportistas. Los profesionales aguardan una respuesta rápida del Consejo de Ministros, que podría estar analizando una bonificación de 25 céntimos por litro de combustible o ayudas directas para las empresas de mercancías, que podrían ser de 1.500 euros por vehículo.
Sin embargo, esta segunda opción no convence del todo, especialmente a los pequeños empresarios y autónomos. “Dar 1.500 euros por camión puede beneficiar a las grandes empresas que tienen muchos vehículos, pero no a los camioneros que solo tienen uno; a esos no les soluciona nada”, afirma José Díaz, un antiguo transportista que dejó la actividad hace unos años tras la crisis de precios derivada de la guerra de Ucrania. “Yo tenía mi casa y el camión pagados y, aun así, me tuve que quitar del medio porque me veía obligado a trabajar a pérdidas”, recuerda.
Díaz aporta otro dato revelador sobre la nula viabilidad del transporte autónomo con los precios actuales del combustible. “Los autónomos no pueden facturar más de 125.000 euros anuales, porque si lo hacen dejan de tributar en el régimen de módulos y deben pasar obligatoriamente a estimación directa, un sistema fiscal más complejo y con mayor carga administrativa. Con los precios de hoy se pueden destinar hasta 70.000 euros en combustible, lo que dejaría una facturación real de unos 55.000 euros para afrontar letras, leasing, autopistas, cuotas de autónomo, mantenimiento, comidas, etc. No es rentable en absoluto”, argumenta.