Cómo puedes defenderte legalmente de las deudas
El perito judicial Luis Pulgar de Indalboran explica las claves para frenar ejecuciones hipotecarias

Existen soluciones técnicas para eliminar deudas abusivas.
Hay momentos en los que la economía personal o empresarial se quiebra sin previo aviso. Una enfermedad, una bajada de ingresos, un cliente que no paga o una inversión fallida. De repente, lo que parecía un bache se convierte en un agujero imposible de tapar.
Surgen las ejecuciones hipotecarias, las cancelaciones de líneas de crédito, las comisiones inesperadas que ahogan cualquier intento de remontar. Y lo más doloroso: muchas veces, todo esto ocurre con el beneplácito —o incluso la responsabilidad directa— de los propios bancos.
Para hablar de estas situaciones y, sobre todo, de las salidas legales y técnicas que existen para hacerles frente, hemos vuelto a contar con Luis Pulgar, perito financiero judicial y miembro de Indalboran. En esta conversación, desmonta mitos y ofrece claves prácticas para frenar ejecuciones, reclamar comisiones abusivas o anular deudas infladas por errores bancarios.
Puedes escucharlo todos los martes en Hoy por Hoy Almería o en formato podcast en la web de Cadena SER Almería, con el nombre de ‘Economía con salidas’. El capítulo de este tema lo encuentras aquí abajo.
Cuando una persona o familia entra en ruina económica, lo primero que vemos es que les desahucian, les echan de su casa. ¿Cómo es posible parar una ejecución hipotecaria cuando el banco ya está reclamando el pago completo del préstamo?
Aquí viene algo que mucha gente desconoce y que nos ha permitido ganar ejecuciones hipotecarias que parecían perdidas: los errores en las fórmulas de cálculo de los préstamos hipotecarios.
Prácticamente todos los contratos hipotecarios tienen errores matemáticos en cómo calculan las cuotas, cómo distribuyen el capital y los intereses, y cómo aplican los tipos de interés. Estos no son errores menores: son vulneraciones de la normativa bancaria que pueden cambiar completamente una ejecución.
¿Por qué es tan importante? Porque cuando un banco te ejecuta, te reclama el capital pendiente más los intereses. Pero si la fórmula de cálculo está mal desde el inicio, resulta que los intereses hay que pagarlos, sí, pero el capital no tienes obligación de pagarlo en ese momento de golpe.
Te pongo un ejemplo real: el banco te ejecuta reclamándote 100.000€. De esos 100.000€, pongamos que 93.000€ es capital pendiente y 7.000€ son intereses vencidos. Si demostramos que la fórmula de cálculo es incorrecta, tú solo debes los 7.000€ de intereses de forma inmediata. El capital lo puedes seguir pagando en cuotas mensuales como siempre.
Esto significa que de una reclamación de 100.000€ imposible de pagar, pasas a deber solo 7.000€ de manera inmediata. Es la diferencia entre perder tu casa o salvar tu patrimonio. Hemos parado ejecuciones hipotecarias con este argumento técnico.
Has mencionado que mucha gente pasa de la bonanza a la ruina. ¿Qué casos especialmente graves habéis visto?
Vemos casos que son absolutamente dramáticos. Pero lo más grave es que no quiebran por mala gestión o por factores externos. Quiebran por culpa directa del propio banco.
Empresas que llevaban 20 años funcionando perfectamente y de repente el banco les cancela unilateralmente la línea de crédito o la póliza de crédito de la noche a la mañana. Y claro, si una empresa tiene proveedores que pagar, nóminas que atender, y de repente le quitas su línea de crédito, ¿cómo va a sobrevivir?
Lo peor es que el banco tiene la obligación de tener en cuenta que es obvio que si me cancelas la financiación de golpe, no voy a poder pagarla. Pero lo hacen igualmente. O te hacen renovaciones de solo un año, presionándote constantemente, con lo que vives en una incertidumbre total.
Otro caso muy grave: empresarios que quiebran por inversiones que les recomendó el propio banco. El banco te asesora, te dice que inviertas en determinados productos, y cuando esas inversiones fallan, el banco te ejecuta sin asumir ninguna responsabilidad por haberte dado ese consejo.
Uno de los casos más dramáticos que estamos tratando ahora mismo es el de una supuesta dación en pago. La dación en pago significa que entregas tu vivienda al banco y a cambio te cancelan toda la deuda. Pero cuando analizas este documento concreto resulta que no era una verdadera dación en pago.
El banco se quedaba con la vivienda, pero solo cancelaban una pequeña parte de la deuda. Y lo peor: después ejecutaban el resto de los bienes del cliente. Pierdes tu casa y además pierdes todo lo demás.
También tenemos casos de empresas constructoras que trabajaban para promotoras inmobiliarias. Estas empresas —albañiles, fontaneros, electricistas— eran pequeños empresarios que a su vez eran avalistas de sus propias empresas.
Estaban haciendo chalets para una promotora. La promotora tenía un préstamo promotor concedido por el banco, que es un tipo de préstamo especial donde el banco supervisa cada céntimo que se gasta mediante una comisión específica. El banco vigila totalmente que cada euro se destine a la obra y que no haya desvíos de fondos.
Pero resulta que la promotora va a la quiebra. ¿Cómo es posible si el banco estaba vigilando todo? O bien el banco no hizo las comprobaciones que debía hacer, o las hizo y hubo un desvío de fondos que permitió o no detectó. El promotor posiblemente hizo algún chanchullo con el banco.
Sea como sea, estas pequeñas empresas constructoras se quedaron sin cobrar por su trabajo. Y como los dueños eran avalistas de sus propias empresas, perdieron todo su patrimonio personal.
En uno de estos casos, el dueño de una de esas empresas constructoras acabó suicidándose. Se colgó con una cuerda en su nave industrial porque no le vio solución a la situación. Y esto es lo que más me duele: sí había solución. Cuando analizas en profundidad todas las operaciones del banco en ese préstamo promotor, puedes demostrar irregularidades. Pero la persona ya no está para defenderse.
Las líneas de crédito o pólizas de crédito para empresas son otro punto crítico. ¿Qué está pasando con estas líneas de crédito?
Las líneas de crédito o pólizas de crédito son una de las herramientas más utilizadas por los bancos para arruinar a autónomos y pequeñas empresas. Y lo hacen de forma sistemática y calculada.
Una línea de crédito es como una tarjeta de crédito para empresas. Imaginemos que tu negocio necesita financiación ocasional de unos 20.000€. El banco, en lugar de darte 25.000€ o 30.000€ con un margen cómodo, te ajusta la línea al máximo: 18.000€ o incluso 15.000€.
¿Por qué hacen esto? Porque les interesa que superes el límite. Y en cuanto lo superas, aunque sea por un solo día, empiezas a pagar intereses de demora del 29% y una comisión de descubierto del 4,5% mensual, que equivale a un 54% anual.
Pero aquí viene lo más grave: aunque el descubierto medio sea pequeño porque solo te pasaste unos días al mes, la comisión del 4,5% te la cobran sobre el descubierto máximo alcanzado ese mes, no sobre la media.
Con este método de cálculo tan abusivo, me he encontrado líneas de crédito de 30.000€ de las cuales se podía reclamar 100.000€. Sí, has oído bien: en una línea de solo 30.000€, el banco había cobrado de forma abusiva 100.000€ en comisiones e intereses desproporcionados.
Legalmente esto no se considera usura cuando son intereses penalizatorios, pero sí se puede anular por doble cobro del mismo concepto. Estás pagando dos veces por lo mismo, y eso es ilegal.
Lo importante es que cuando reclamas esto al banco, de repente tienes poder de negociación. El banco sabe que puede perder mucho dinero, y eso te da la posibilidad de que te renueven la línea de crédito, te amplíen el límite, o incluso te condonen parte de la deuda.
Otra comisión abusiva que mencionabas son las comisiones de devolución en líneas de descuento. ¿Qué está pasando ahí?
Este es otro caso de abuso sistemático a empresas. Las líneas de descuento funcionan así: un cliente te da un pagaré de 100.000€ con vencimiento dentro de tres meses. Tú llevas ese pagaré al banco y el banco te adelanta el dinero, cobrándote unos intereses por adelantártelo.
Cuando llega el vencimiento, el banco cobra ese pagaré del emisor. Pero si el emisor no tiene fondos, ¿qué hace el banco? Te lo cobra a ti directamente, que es lo lógico porque tú avalaste ese pagaré.
Hasta aquí todo normal. El problema es que el banco te cobra una comisión de devolución del 2% del importe total del pagaré. En nuestro ejemplo de 100.000€, estamos hablando de 2.000€ de comisión.
Pero espera: el banco no ha perdido dinero. Ha cobrado el pagaré directamente de ti en lugar de cobrar del emisor, pero ha cobrado igual. Además, ya te había cobrado intereses por adelantarte el dinero. Y muchas veces te cobra el pagaré el mismo día o al día siguiente.
Entonces, ¿por qué te cobra 2.000€ de comisión? No hay ningún coste adicional para el banco. No ha tenido que hacer ninguna gestión extra. Simplemente ha cargado el importe en tu cuenta en lugar de en la cuenta del emisor.
Esto es una comisión sin causa, sin coste real para el banco, y por tanto es abusiva y reclamable. Hemos visto empresas que han pagado decenas de miles de euros en estas comisiones a lo largo de los años. Todo ese dinero es recuperable.
Un autónomo o empresario que pidió un préstamo con cláusula suelo, ¿puede reclamarla igual que un consumidor?
Aquí hay una discriminación legal tremenda que ha arruinado a miles de autónomos y pequeñas empresas.
Si tú pides un préstamo como consumidor para comprar tu casa, puedes reclamar la cláusula suelo por falta de transparencia. La ley entiende que un consumidor no está al tanto de asuntos financieros complejos y por tanto necesita protección especial.
Pero si eres un zapatero, un frutero, un agricultor, y pides un préstamo para tu negocio, aunque sea exactamente la misma persona con el mismo nivel de conocimientos financieros, el banco te considera "empresario" y automáticamente pierdes toda esa protección.
Se da por hecho que por el simple hecho de ser autónomo ya eres un experto en temas financieros. ¿Tiene sentido? Por supuesto que no. Un frutero no sabe más de finanzas cuando pide un préstamo para su frutería que cuando lo pide para su casa. Pero legalmente, ya no puede alegar falta de transparencia.
Entonces, ¿no hay nada que hacer? Sí hay solución, pero es más técnica. No puedes atacar la cláusula suelo por falta de transparencia, pero sí puedes atacar el contrato por incumplimiento de obligaciones normativas.
En mi experiencia, entre el 30% y 40% de los contratos empresariales con cláusula suelo tienen errores normativos graves. El más habitual es no proporcionar un cuadro de amortización o no dar una previsión de las cuotas futuras del contrato, que es información obligatoria según la Circular 5/2012 del Banco de España.
Cuando una obligación legal no se cumple en un contrato, ese contrato o esa parte del contrato puede ser nula. Y como estos errores suelen estar en el núcleo central del contrato, pueden llevar a la nulidad de la cláusula suelo o incluso del contrato completo.
Además, recordemos lo que hablábamos la semana pasada sobre avalistas. Muchos empresarios son avalistas de su propia empresa. El banco les presiona psicológicamente diciéndoles: "Si tú no crees en tu propio proyecto, ¿por qué tenemos que creer nosotros?" Y ahí firmas un aval que puede arruinarte personalmente cuando la empresa tiene problemas.
Si debo 100.000 € y solo puedo devolver 10.000 €, ¿de qué me sirve iniciar el proceso de la Ley de Segunda Oportunidad? ¿Realmente puede eso salvar mi situación?”
Esta es la pregunta más importante del programa. Y la respuesta es que sí, absolutamente sí puede salvarte. Pero hay que entender cómo funciona la deuda y los intereses.
Cuando tienes una deuda, no es una cantidad fija. Es una bola de nieve que crece exponencialmente. Los intereses generan más intereses, los impagos generan intereses de demora, esos intereses de demora se capitalizan y generan más intereses... Es un efecto multiplicador brutal.
Ahora bien, cuando nosotros encontramos un error en el contrato —puede ser un error en la TAE, en las fórmulas de cálculo, una comisión abusiva, lo que sea— y lo reclamamos, no estamos reclamando solo ese dinero en el presente.
Estamos viajando al pasado con una máquina del tiempo. Estamos yendo al momento en que se inició esa bola de nieve y quitando esos 10.000€ de la raíz del problema.
¿Qué significa esto? Que hay que recalcular toda la deuda desde el inicio eliminando ese error. Y cuando eliminas ese error del pasado, desaparece todo lo que vino después: los intereses que se calcularon sobre ese dinero indebido, los intereses de demora que se calcularon sobre esos intereses, todas las capitalizaciones... todo desaparece.
Es como si fueras al pasado y quitaras la primera piedra de una avalancha. Si quitas esa piedra, la avalancha nunca ocurre.
Por eso una reclamación que parece pequeña puede tener un efecto enorme. He visto casos donde reclamar 10.000€ del pasado ha reducido una deuda actual de 100.000€ a una cantidad pagable, o incluso a cero. Y en algunos casos extremos, después del recálculo es el banco el que te debe dinero a ti.
La clave está en atacar la raíz del problema, no los síntomas. No importa lo grande que sea tu deuda hoy. Lo que importa es encontrar dónde empezó a crecer esa bola de nieve y eliminar ese error desde el origen.
Por eso es fundamental actuar. No te quedes pensando que tu deuda es demasiado grande para solucionarse. Busca los errores del banco, porque casi seguro que existen, y atácalos desde la raíz.