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Popovic, un hombre ligado a una gesta

La permanencia de aquel Almería en el Bernabéu es historia de nuestro fútbol

Popovic celebrando con la afición aquella salvación en el Bernabéu.

Popovic celebrando con la afición aquella salvación en el Bernabéu.

Tony Fernández
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Si haces una encuesta en el Mediterráneo entre los aficionados más veteranos del Almería y le preguntas por Ranko Popovic, te llevan sin dudarlo a aquel partido en el Bernabéu cuando un futbolista serbio se impregnó de todo el sentimiento rojiblanco para dar la vuelta al ruedo en el Santiago Bernabéu ante una afición enloquecida.
Popovic hizo mucho más que aquel paseíllo con la bufanda en el cuello, pero fue tan bonito aquel momento y aquella permanencia en el último suspiro de la temporada 1996-96, que esa foto forma parte de nuestro fútbol.
El jugador le dio mucho a un equipo que tenía a tres futbolistas balcánicos, como Barbaric, Milinkovic y Ranko Popovic. Los tres aportaron mucho en lo futbolístico, pero el serbio tenía algo especial que lo elevó a la categoría de mito para nuestra afición.


Siempre cerca


Las peñas de aquel Almería de Blanes eran pocas y aquel Estadio una bombonera para que Popovic brillara. Su forma de jugar. Su raza de jugador líder, le hizo ser el referente y el punto de encuentro para los desesperados cuando no funcionaba el equipo. La grada le gritaba y todo lo demás era tarea de Popovic. Sabía en todo momento controlar la situación. Animaba a defender y a atacar. Despertaba al que se dormía y una mirada suya al banquillo cerraba la boca de Pepe Cayuela dando calma. Tenía galones en el Almería y cuando hablaba era palabra de ley.
Ni nacido en Almería lo hubiésemos disfrutado más, hasta el punto de ser el líder de una fiesta para pocos en Madrid y para tantos en la provincia de Almería.


Cuerpo a cuerpo


Cuando el Almería podía perder lo conquistado tantos años después, se puso en manos de Popovic. Los aficionados la semana previa al partido le abordaban y le pedían un último esfuerzo. No había móviles y Popovic se paraba y atendía ese cuerpo a cuerpo con unos aficionados que no querían volver al pozo de 2ª B.
Aquel Madrid era puro talento y en el Bernabéu te mataba a la contra, pero ya se encargó Ranko de hablar al oído a aquellos niños que no pudieron hincar la rodilla rojiblanca en un Estadio al grito de ¡Almería, Almería!, con Popovic dirigiendo la orquesta.


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