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El Almería está en la buena senda

Pero todavía muy lejos de la meta

Almería-Tenerife.

Almería-Tenerife.

Miguel del Pino
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En las 27 jornadas disputadas el Almería ha tenido cuatro inquilinos de su banquillo y diferentes formas para afrontar sus compromisos. Pero fundamentalmente ha aplicado tres planes a lo largo del campeonato liguero. 
El plan A es con el que mejor rendimiento obtiene del equipo y el que Néstor Goro aplica en los últimos compromisos. La disposición de los futbolistas sobre el rectángulo de juego es la de tres centrales, dos laterales de largo recorrido; dos medios centros y tres puntas, dos pegados en banda.


En mi opinión este dispositivo no tiene nada de conservador, ya que los laterales tienen total libertad de acción para subir cuando el equipo tiene la pelota y los exteriores un recorrido razonable y asumible en cuanto a desgaste. Para tener más presencia ofensiva necesitaría un mayor acompañamiento para el punta, tanto de los exteriores como de los laterales, como de algún medio centro.


El plan B fue el que aplicó el técnico en la segunda mitad, el clásico y efectivo 4-4-2. Con el plantel actual el conjunto almeriense debe utilizado como alternativa al A. El tercer plan, afortunadamente hoy en baúl de los recuerdos malos es el 4-2-3-1. Con este sistema el Almería se ha visto partido en dos en casi todas sus actuaciones. Este plan de acción acabó con Sergi Barjuan y ha llevado al Almería al infierno.


Con las ideas claras tanto en el banquillo como en el terreno de juego el equipo ha entrado en una buena dinámica. El triunfo ante el Albacete debe ser interpretado como un paso hacia adelante, sin olvidar que no es definitivo porque el Almería sigue estando en descenso y porque aún queda un larga senda plagada de dificultades para llegar a la meta. 
Pozo fue el héroe el domingo con un gol en jugada personal que está al alcance de muy pocos jugadores de la Liga Adelante y que puso patas arriba la grada.


Asistimos al comienzo de un idilio futbolístico entre la afición y Saveljich. El murmullo de asombro y admiración que la grada emitió cuando el argentino, amonestado, sacaba un balón de gol a un delantero, marca el nacimiento de un nuevo ídolo para unos abonados que supieron sudar la camiseta con el número 12 y estar con los suyos. Ese es el camino.


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