Ramis pasa de General a cabo chusquero
La plantilla termina imponiendo su ley

Al entrenador del Almería le han metido un gol.
Escuchando a Ramis uno se da cuenta que seguimos viviendo en los mundos de Yupi entrenando y trabajando muy bien todas las semanas para llegado el partido hacerla sonora.
Los últimos Almerías parecen calcados unos de otros con independencia del perfil de sus jugadores o del entrenador de turno. Son equipos sin alma. Sin hambre. Si ardor guerrero. Sin lucha. Perdedores.
Igual los jugadores que se contratan no dan el perfil para ello, pero tener hambre de triunfo con las temporadas que llevamos debe de ser lo primero para Ramis. Esto también se entrena mister: el alma digo.
El entrenador catalán carga con la cruz de un pasado inaceptable para presidente y afición. Con futbolistas siempre por debajo de su nivel y todos contentos y felices con el club y con la tierra.
Dan un partido bueno y al siguiente toman vacaciones. Nunca encadenan una buena serie de resultados y son blandos de mollera en el concepto y batibles con solo un gol.
Aquí ganar dos partidos seguidos parece una misión imposible con independencia de lo que se firme y del entrenador de turno.
Ramis se ha equivocado al pensar que hay que entrenar y trabajar sin límite cuando a veces meterles un ‘chute de hambre’ o pedirles ambición les acercaría más a la victoria. Mano dura.
Venimos de unas plantillas acomodadas al cariño de una afición y al calor de una ciudad, y Ramis, lejos de apartarlos de esta dinámica los ha instalado en ella sin saber como sacarlos de esta situación.
Empezó siendo un General para la tropa y ha terminado de cabo chusquero sucumbiendo a la voluntad de unos futbolista encantados de la vida en Almería. No le queda otra, depende de ellos.
Mano dura y caricias: nunca se llevaron bien.
Aquí manda el General y el cabo a obedecer.