La Voz de Almeria

Tal como éramos

La libertad que trajo Celia Viñas

Su llegada al instituto en 1943 fue un soplo de aire fresco en aquella ciudad de posguerra

El profesor Arturo Medina en una charla del ciclo ‘El miércoles del estudiante’ en 1951. Al fondo, la profesora Celia Viñas y el director del instituto, Francisco Saiz Sanz.

El profesor Arturo Medina en una charla del ciclo ‘El miércoles del estudiante’ en 1951. Al fondo, la profesora Celia Viñas y el director del instituto, Francisco Saiz Sanz.Archivo Fernando Díaz

Eduardo de Vicente
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Nadie dejó tanta huella como ella en aquella Almería donde las heridas de la guerra estaban todavía abiertas y los miedos y la incertidumbre dejaban en un segundo plano la educación y la cultura. Celia Viñas trajo, por encima de todo, un soplo de libertad, que aparecía en cada una de las actividades que desarrollaba y en aquella forma de expresar el amor a los libros.

Gracias a su inagotable iniciativa, el instituto se llenó de vida y empezó a latir con un corazón distinto que estallaba en las actividades extra escolares que con ella se pusieron de moda.

Su llegada al Instituto de Almería, en enero de 1943, fue una revolución en un sistema de enseñanza anclado en la pedagogía de la dictadura. Celia Viñas trajo ideas nuevas e impuso un estilo distinto a la hora de relacionarse con sus alumnos. Quiso romper con esa distancia que existía dentro de las clases entre la figura mítica del profesor y sus discípulos, demostrando que se podía seguir manteniendo la disciplina y el respeto dentro de un aula siendo cercano y comprensivo con los jóvenes.

Celia Viñas fue una de las responsables del primer viaje de estudios que hicieron los estudiantes almerienses después de la Guerra Civil. La Jefatura Provincial del Movimiento instauró el premio ‘José Antonio’ para recompensar a los veinte alumnos más distinguidos del Instituto, que consistió en un viaje por Córdoba, Sevilla, Málaga y Granada. De la organización se encargó Celia Viñas, aunque el tanto se lo apuntó el Gobernador civil, Manuel García del Olmo.

Al frente de la expedición viajaron Celia Viñas y el sacerdote don Andrés Pérez Molina, padre espiritual de los alumnos del Instituto y encargado de velar por la moral de los jóvenes.

Todos los que acudieron al viaje pudieron comprobar la importancia que la joven profesora le daba al aprendizaje por el método de observación directa, el valor que para ella tenía el contacto con la realidad, por encima de la tradicional lección magistral, y su capacidad para relacionar disciplinas como la Lengua y la Literatura con la Geografía y la Historia.

Celia fue una profesora amante de las excursiones. En los años en los que fue director del Instituto don Francisco Saiz Sanz, organizaba continuas salidas para visitar los rincones más perdidos de la ciudad y los pueblos de la provincia. Pero su gran obsesión era el mar. Muchas tardes, cuando salía del trabajo y todavía quedaba día por delante, se iba a pasear sola por los lugares del puerto donde no había nadie y allí se detenía para ver llegar ese oscurecer impresionante de los anocheceres serenos de la bahía almeriense. “El mar es inagotable como mito, como motivo de descripción, como fondo de narraciones”, escribió la profesora.

Mari Lola Crespo, alumna suya en los años cincuenta, cuenta que Celia era una enamorada de las excursiones a sitios alejados del mundo como el castillo de San Telmo. “Nos llevaba allí para que conviviéramos en contacto con el mar. Cuando íbamos a algún pueblo hablaba mucho con la gente mayor, siempre iba recolectando palabras de los viejos”, recuerda.

Celia Viñas estaba convencida de que una enseñanza marinera de los niños sería una enseñanza total. “El niño actuaría como en las escuelas modelos donde las lecciones de cosas y los centros de interés sustituyen toda definición teórica”, argumentaba la catedrática.

Les contaba también que ella se comprometía a llevarse diez niños a una residencia de playa y en un curso enseñarles más de lo que nadie pudiera sospechar de la vida, tomando como centro de interés pedagógico el mar.

Gracias a Celia Viñas, el Instituto Nacional de Enseñanza Media, el único que tenía entonces en Almería, puso en marcha ‘el miércoles del estudiante’, donde alumnos y profesores se reunían en el salón de actos alrededor de una conferencia o de un libro de poesía.

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