La Voz de Almeria

Tal como éramos

El parque que le quitaron a Alfonso XIII

El 16 de abril de 1931 las autoridades republicanas le cambiaron el nombre

En los años 30, el Parque era el escenario principal de los recreos de los almerienses.

En los años 30, el Parque era el escenario principal de los recreos de los almerienses.La Voz

Eduardo de Vicente
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En enero de 1916 el concejal Villegas pidió que se denominara el Parque de Almería, entonces en construcción, con el nombre de Parque Alfonso XIII, quedando aprobada dicha propuesta en la sesión municipal del uno de febrero. A medida que el recinto iba creciendo con más espacios y más arboleda, más importancia adquiría en la vida cotidiana de la ciudad. En 1930, el Parque era el lugar de recreo preferido de los almerienses. En las tardes de verano, con el sol en retirada, bajo sus árboles se refugiaban las familias buscando sus sombras y el frescor de la brisa del mar, que entonces también formaba parte de aquel privilegiado escenario. Muchas noches se organizaban conciertos y desde el Cuartel de la Misericordia bajaban los soldados de la banda del Regimiento de la Corona, seguidos por un rebaño de niños que iban marcando el paso al compás de la música. Para la Feria, el anchurón del Parque se transformaba en una sala al aire libre donde instalaban el cinematógrafo, con aquellas películas mudas que a veces amenizaba la banda de música de Fiñana.

En aquellos años el Parque de Alfonso XIII ofrecía varios ambientes, según la hora del día. Si por las tardes era un lugar de esparcimiento para las familias y escenario de los juegos infantiles, por las noches se transformaba en un refugio para las parejas de enamorados que se internaban entre la penumbra buscando los rincones más solitarios.

A la humilde plazoleta donde se levantaba la única fuente que adornaba el Parque, la llamaban entonces la glorieta de los idilios por ser el escenario escogido por los novios para pelar la pava. Abundaban entonces los soldados apasionados que frecuentaban aquel lugar tan cercano al cuartel para jugar a enamorados con las muchachas del barrio.

El Parque estaba de moda y estaba abierto también a los vaivenes de la sociedad de la época y a los movimientos políticos. La llegada de la República trajo cambios para este gran escenario. En la sesión municipal del 14 de abril de 1931, en plena efervescencia popular tras el establecimiento del nuevo régimen, el concejal don Eugenio Bustos propuso que el Parque de Almería dejara de rendir homenaje al Rey y que pasara a llevar el nombre del ilustre político almeriense don Nicolás Salmerón.

El Parque era entonces un escenario poliédrico donde tenían cabida los niños, los ancianos, las parejas, las familias y los actos deportivos y culturales que se celebran en la ciudad con motivo de las fiestas. En las noches de verano tocaba la Banda Municipal y en la Feria se organizaban carreras de bicicletas, fuegos japoneses y verbenas. Las mañanas del Parque estaban llenas de nodrizas que con los uniformes reglamentarios paseaban a los niños para que tomaran el sol y el reconstituyente aire marino que llegaba del puerto cuando soplaba el viento de poniente.

Aquellas muchachas llevaban el olor de las casas impregnado en el cuerpo, como una seña de identidad. Olían a limpio, a jabón de lavar, a ropa recién tendida, al perfume robado de los vestidos de sus señoras y al aroma agrio que les dejaba en el escote las bocanadas de leche de los niños. Mientras los pequeños jugaban, ellas se juntaban bajo las sombras de los árboles a intercambiarse sus primeras historias de amor y a contarse las últimas noticias que sus madres les mandaban del pueblo. Hubo un tiempo en que el Parque se llenaba de criadas y de niños y también de militares. Porque detrás de una criada iba siempre un soldado del cuartel cargado de historias de amor y ‘buenas intenciones’.

Aquel marco incomparable, lleno de vegetación y frente al mar, tuvo sus monumentos de piedra desde que el 28 de noviembre de 1924 se inaugurara la estatua del trabajador, siendo recibida con grandes elogios: “Ha dejado Almería de ser un pueblo inculto y comienza a ornar su precioso contorno”, contaba la prensa. En vista del éxito del monumento, unos meses después el Parque recibió una nueva estatua. En julio de 1925 empezó a instalarse en los jardines próximos a las escalerillas de acceso a la calle de la Reina la figura del Discóbolo, fundida en la fábrica de don Francisco Oliveros y regalada por éste a la Junta de Obras del Puerto. El Parque siguió embelleciéndose y unos meses después se enriqueció con un nuevo monumento, esta vez dedicado al político Navarro Rodrigo.

Hubo un intento, por parte de un grupo de ciudadanos, de erigir en el Parque un busto del periodista y director de la Crónica Meridional, Guillermo Rueda. En 1934 se abrió una suscripción popular, pero la escultura nunca llegó a su destino.

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