Las frases del maestro don José
Don José Sánchez recibía a los niños con un pensamiento que escribía en la pizarra

Don José Sánchez Sánchez (en la parte derecha de la imagen), cuando era maestro en un colegio de Pescadería, festejando el desayuno después de una Primera Comunión.
Fue uno de aquellos jóvenes que se forjaron en las ideas pedagógicas que trató de poner en marcha la República allá por los años treinta. Pertenecía a la escuela renovadora que bebía de las fuentes de la Institución Libre de Enseñanza. Reunía todas las capacidades que exigía el nuevo magisterio, pero como tantos de su generación, su carrera y su vida se vieron truncadas en gran medida por la guerra civil.
Don José Sánchez Sánchez nació en Tabernas en 1912. Su padre, peón caminero y agricultor, se ganaba el pan trabajando los campos del terrateniente Bernabé Calatraba, un personaje célebre en la comarca que desgraciadamente acabó pasando a la historia por un suceso trágico, al ser una de las víctimas que cayeron asesinadas en los pozos de Tabernas.
Siendo adolescente, José se trasladó con su familia a la caseta de peón caminero de la Garrofa, donde su padre encontró un puesto de trabajo. Aquellos años coincidieron con los del instituto. El joven se levantaba todos los días antes de que saliera el sol, ponía a punto su bicicleta, y se internaba por las solitarias curvas de la carretera del Cañarete para venir a estudiar a Almería. Sus condiciones innatas para el estudio y sus ganas de abrirse paso en la vida, no pasaron desapercibidas para sus profesores, que no tardaron en descubrir que el muchacho tenía cualidades de sobra para hacer una carrera. Su primera vocación fue el Derecho, pero acabó matriculándose en la Escuela Normal de Maestros, donde ingresó en el curso 1928-1929.
Fueron años felices y agitados con la llegada de la República y el anuncio de un viento nuevo que pretendía sacar al país del estancamiento cultural en el que se encontraba. En aquellos años, el joven maestro vio la posibilidad de seguir estudiando. Tenía una inclinación natural hacia el Derecho y se ilusionó con la posibilidad de matricularse en Granada, pero el clima social se había enrarecido, las agitaciones eran constantes, y el panorama no invitaba a lanzarse a la aventura de irse a estudiar a otra ciudad. Llegó la guerra y todas sus ilusiones se cortaron de cuajo. En aquellos años, su familia abandonó el puesto de la Garrofa y se fue a vivir a la casilla de peón caminero que había frente al cementerio de Almería. Años después, desde la azotea de la casa, el padre de José asistió a los fusilamientos que el nuevo régimen llevó a cabo al terminar la guerra en los días más duros de la represión.
El final de la guerra no trajo la paz, al menos en la casa de José Sánchez. El joven maestro estuvo a punto de ser condenado cuando un tribunal lo acusó de haber matado al cura de Aguadulce. Fue el propio sacerdote, don Diego Martínez Torres, el que tuvo que salir en su defensa para evitar una posible ejecución. En una carta dirigida a las autoridades de Falange, certificó que el acusado era un buen cristiano, que se había caracterizado por su buena conducta moral y religiosa, llegando a contraer matrimonio católico con Dolores Herrera “durante la dominación roja”, explicaba el cura en su carta.
Libre de toda causa, don José Sánchez inició una larga carrera que tuvo como punto de partida la escuela de Fondón, donde llegó en 1940. Pasó después por Níjar, por Sorbas, hasta que abandonó temporalmente el magisterio para hacerse contratista de obras, oficio que le daba más dinero y le iba permitir que sus hijos pudieran estudiar. A finales de los años 50 volvió a las aulas y completó un ciclo fecundo en los colegios del barrio de Pescadería. Allí, junto al obispo Suquía y el cura don Marino, realizó una gran labor social con los niños más necesitados.
Don José fue un maestro moderno, dialogante, que todos los días daba una lección de vida. Lo primero que hacía cuando llegaba al aula era escribir en la pizarra un pensamiento cargado de mensaje: “Más vale mozo pobre y sabio que rey viejo y necio que no sabe escuchar los consejos”, decía uno de sus lemas.