La Voz de Almeria

Tal como éramos

Los niños que querían ser músicos

En los años 50 los niños se agolpaban junto a la casa de la música para oír los ensayos

Juan Bisbal (a la derecha), junto a dos compañeros de la Banda Municipal, en la ermita de la Virgen del Mar. 1959.

Juan Bisbal (a la derecha), junto a dos compañeros de la Banda Municipal, en la ermita de la Virgen del Mar. 1959.La Voz

Eduardo de Vicente
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Todas las tardes, después del colegio, un grupo de niños se amontonaba detrás del Ayuntamiento, pegados al muro de la casa donde la banda municipal hacía sus ensayos. Uno llevaba un trozo de pan y chocolate en la mano, otro un bocadillo de mantequilla, aunque todos se alimentaban con la música que los maestros interpretaban dentro del local cuando las notas se escapan por las ventanas del piso de arriba como una bendición del cielo.

Uno de aquellos niños llevaba la música metida en el cuerpo. Su padre y sus tíos eran aficionados de calle que componían melodías y letrillas de carnaval y su hermano mayor, Antonio, tocaba el saxofón en la Banda Municipal y se pasaba las tardes ensayando en el patio de su casa. Se llamaba Juan Bisbal Guil y fue uno de los niños almerienses que se formaron como músicos con el maestro don Eusebio Rivera Sánchez. Fue su profesor y el hombre que le enseñó a sentir la música con pasión.

Don Eusebio, que había destacado en su juventud en la Banda del Regimiento de la Corona, fue una figura crucial en la reorganización de la Banda Municipal al terminar la Guerra Civil. Una de sus obsesiones fue la formación de niños, por lo que en 1941 consiguió que el Ayuntamiento le cediera una casa en la calle del Matadero para instalar una academia que pronto se convirtió en la cantera de la Banda Municipal. 

Don Eusebio Rivera realizó un trabajo incansable visitando los colegios de los barrios y los grandes centros escolares de la época para reclutar muchachos con aptitudes y vocación musical. A las cuatro de la tarde, el maestro abría las puertas de la academia para esperar a los niños que iban llegando después de la salida del colegio. Se adaptaba a cualquier horario para que ningún discípulo se quedara sin su lección diaria de solfeo. Eran jornadas interminables que se prolongaban hasta las diez de la noche, cuando terminaba de ensayar la Banda Municipal.

Don Eusebio no fue sólo el músico de referencia de varias generaciones de niños, sino que también fue un gran pedagogo que se preocupó por aspectos esenciales de la educación de sus alumnos. Cuando llegaba la Cuaresma y la rigidez religiosa prohibía que sonara la música en la academia, el profesor reunía a sus niños para darles lecciones de urbanidad. Les decía que se llevaran de sus casas cubiertos y servilletas para enseñarles como se usaban correctamente en una mesa.

Juan Bisbal sentía devoción por su maestro. Con él debutó en la Banda Municipal cuando no había cumplido todavía los catorce años. Fue el ocho de diciembre de 1958, el día que comenzaban los conciertos de invierno en el quiosco de la música del Paseo. Esa tarde, Juanito se estrenó con su trompeta en la procesión de la Purísima que salía de la iglesia de los Franciscanos.

En aquellos tiempos la Banda Municipal formaba parte de la vida de la ciudad y estaba presente en todos los actos oficiales que se celebraban. Tocaba en la Romería, en la procesión del Corpus, con la Patrona, en las dianas de gigantes y cabezudos de la Feria, en las corridas de toros, en las fiestas de los pueblos, en el acto del Pendón. En Semana Santa participaba en el desfile de la cofradía del Entierro y amenizaba los Oficios del Jueves Santo en La Catedral. 

El día de la Candelaria, el dos de febrero, la Banda salía tocando desde la Plaza Vieja hasta La Catedral, acompañando el recorrido de las autoridades. Los domingos, a las doce, protagonizaban conciertos multitudinarios en el quiosco de la música del Paseo y en las tardes de los veranos actuaban bajo los árboles del Parque.

Las frecuentes actuaciones facilitaban el aprendizaje de los jóvenes valores que cuando destacaban en la escuela daban el salto a la Banda. Juan Bisbal fue alternando su puesto de músico del Ayuntamiento con su condición de artista. Cuando cumplió dieciocho años pidió la excedencia para irse a recorrer mundo con la orquesta del circo Italia, de la mano de su hermano Antonio. Allí empezó una carrera itinerante que le llevó a tocar en escenarios tan célebres en aquella época como el Teatro Chino de Manolita Chen que todos los años, en la Feria de agosto, visitaba Almería.

Pasó por las mejores salas de fiestas de Madrid como trompetista del cantante italiano Filipo Carletti y de regreso a su tierra formó parte de la Orquesta Casino, muy popular en la ciudad por su participación en los bailes de sociedad y en aquellos festivales cara al público que se celebraban en salón de actuaciones de la emisora Radio Juventud.

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