La Voz de Almeria

Tal como éramos

Las colas de los toros en el Paseo

Cuando venía a torear ‘el Cordobés’, la cola ante la taquilla daba la vuelta por la calle de Castelar

La cola que se formaba delante de la taquilla que se instalaba en el Café Español, en el Paseo, cuando llegaba una gran corrida a la Feria. Agosto de 1963.

La cola que se formaba delante de la taquilla que se instalaba en el Café Español, en el Paseo, cuando llegaba una gran corrida a la Feria. Agosto de 1963.

Eduardo de Vicente
Publicado por

Creado:

Actualizado:

El sol calentaba menos que ahora y las colas delante de la taquilla del Café Español se podían soportar sin miedo a lo que antes se conocía como una insolación, que traducido a la época actual sería algo parecido a un golpe de calor.

Eran los años sesenta y la ciudad había cambiado tanto que en apenas dos décadas habíamos pasado de las colas para conseguir pan y azúcar con la cartilla de racionamiento en las manos a las colas del ocio que trajeron los toros, que en aquella época era un espectáculo de masas en Almería, por encima del fútbol. Cuando llegaba una corrida importante, la cola del Café Español bajaba por el Paseo y se prolongaba por la calle Castelar. Había quien soportaba la espera bajo el amparo de una sombrilla, aunque la mayoría soportaba estoicamente los rigores del clima, que en agosto alcanzaban cotas superiores.

Aquella cafetería del Paseo era el lugar perfecto para la taquilla de cualquier espectáculo que viniera a la ciudad, en una época en que la vida transitaba a todas horas por los veladores del ‘Español’. Todo lo que sucedía en Almería pasaba por aquel salón y por la terraza que en los días de buen tiempo siempre estaba repleta. “Voy al Español a enterarme de lo que ha pasado”, era una frase repetida entonces. Hasta los bulos se llenaban de fundamento y adquirían el tono de las verdades irrefutables cuando pasaban por el café. Una vez corrió la falsa alarma de que la Caja de Ahorros se había quedado sin fondos y fue tanta la inquietud que causó la noticia que el Obispo tuvo que presentarse en la sede a poner calma.

Ese río de vida constante llegaba a desbordarse en la Feria y en aquellas mañanas previas a un festejo importante en el coso de la Avenida de Vílches. En la memoria de los aficionados de entonces está vivo el recuerdo del ambiente festivo que se generaba cuando venía un torero de lujo, especialmente cuando los carteles anunciaban la presencia de ‘el Cordobés’, que era mucho más que un matador de toros.

‘El Cordobés’, cumpliendo el sueño de tantos muchachos de la época, se hizo famoso cuando en 1957 se lanzó al ruedo de Madrid como espontáneo, y como el joven demostró ser un guerrero, como tenía hambre y ganas de triunfar, y como la fiesta necesitaba de mucha mitología para alimentarse, no tardó en convertirse en héroe y llenar las plazas. Cuando en agosto de 1962 se anunció en Almería la novillada de ‘el Cordobés’, la noticia fue recibida con entusiasmo, sobre todo por ese sector de la afición que se sentía fascinado por la épica y la leyenda que rodeaba al torero. Unos meses antes, en abril del 62, se había estrenado en el Salón Hesperia la película ‘Aprendiendo a morir’, donde se contaba la vida de ‘el Cordobés’ desde su infancia hasta su aparición como torero. De pronto, aquel valiente de Palma del Río se había convertido en cuatro días en figura del cine y en estrella de los ruedos. Así llegó a Almería, acariciando la divinidad, arropado por miles de entusiastas que coreaban cada pase como si en ese momento estuviera reinventando la fiesta.

Todas las miradas y todos los autógrafos se centraron aquella tarde en ‘el Cordobés’, que en el segundo novillo triunfó cortándole dos orejas. Al día siguiente, en la crónica del diario Yugo se destacaba que: “el público, atacado de sicosis cordobesista, armó la gran escandalera por el mal toro que le había correspondido en el primero”, pero que en el sexto, el joven diestro la armó, demostrando sus cualidades de “torero eléctrico, con una concepción no muy ortodoxa del arte de torear, pero de una emoción extraordinaria”.

Esa fiebre por el torero andaluz alcanzó el éxtasis al año siguiente, cuando para la Feria de 1963 el famoso diestro vino ya como matador de toros. Actuó el 29 de agosto y provocó tal revuelo en los días previos que los aficionados pasaron la noche delante de la taquilla del Café Español para poder conseguir una entrada antes de que cayeran en manos de la reventa.

tracking