La Voz de Almeria

Tal como éramos

Aquello de dejarse la piel en el campo

Los jugadores salían cojeando de los partidos y con las rodillas ensangrentadas

Partido de los años de la posguerra, en el campo de Naveros.

Partido de los años de la posguerra, en el campo de Naveros.La Voz

Eduardo de Vicente
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Que el negocio se ha tragado al fútbol es algo que no ofrece ninguna duda. El ejemplo más cercano lo estamos viviendo en este infame Mundial 2026 donde el precio de una entrada ronda los mil euros y los partidos se rompen con pausas que buscan un espacio para meter la publicidad de las televisiones.

Los jugadores parecen actores, tan bien peinados, siempre en busca de la cámara más próxima para que los inmortalice en ese instante supremo de la alegría de un gol. Ya no queda nada de aquel fútbol épico donde la expresión “dejarse la piel” era literal y los futbolistas terminaban los partidos cojeando y con las rodillas destrozadas de tantos restregones por los campos de tierra y por los que siendo de hierba estaban sembrados de calvas.

Entonces no existían las pausas de hidratación ni las bebidas isotónicas. En Almería el refresco de los futbolistas era un trago de agua de Araoz, en el mejor de los casos, o de aquella agua del grifo que te dejaba un rastro a lejía en el paladar, pero que servía para recuperarse del cansancio.

El papel del público también es distinto. Hoy a la gente en el estadio le exigen unos modales exquisitos, como si estuvieran en misa, y no pueden pasar ni botellas de agua con su tapón reglamentario a las gradas. La afición de antes participaba activamente en el juego, tanto que a veces metía las piernas dentro del terreno de juego y agarraba de la camiseta al rival cuando iba a sacar un fuera de banda.

Hoy, antes de un partido, se mide la hierba y se mira el grado de humedad que tiene. Antes se jugaba en cualquier sitio y solo se regaba el campo cuando llovía. Era un fútbol primitivo que venía de unos comienzos muy duros en los que se organizaban partidos en el asfalto del puerto. Los primeros partidos de ‘foot-ball’, entonces llamados ‘match’, que se vieron en Almería tuvieron como escenario la explanada del muelle. Eran desafíos que montaban los marineros de los barcos ingleses que venían a por el mineral, que aprovechaban los ratos de ocio para poner en práctica el deporte de moda en su país. En un artículo aparecido en 1903 en el periódico ‘La Crónica’, se contaba que entre las montañas de polvo de hierro que había amontonadas en el entonces llamado “muelle del comercio” o dique de levante, “se disputaban una pelota como si se tratase de un saco de monedas de oro un grupo de jóvenes ingleses con los cuerpos sudorosos y negros como el carbón”. Aquellos marineros británicos nos dejaron la semilla del fútbol cuando visitaban a Almería por asuntos de negocios, pero no fueron los únicos que se encargaron de difundir esa fiebre por el balompié que empezó a gestarse en los primeros años del siglo. Almería era entonces una de las provincias que más jóvenes enviaba a Inglaterra para que recibieran una educación moderna. Eran muchachos de familias de la alta sociedad que pasaban meses en tierras inglesas aprendiendo el idioma y la cultura heredada de la revolución industrial.

Aquellos jóvenes ‘exiliados’ se encargaron después de traernos las modas de Inglaterra, entre ellas el juego del ‘foot-ball’ que allí causaba furor. Los primeros balones de reglamento que se vendieron en Almería los trajeron los emigrantes de la aristocracia que pasaban largas temporadas en el Reino Unido.

Cuando los espacios libres se fueron terminando en el puerto debido a las obras de ampliación, cuando los comerciantes se quejaron de la ocupación del dique de levante por los jugadores, se empezaron a organizar desafíos en un terreno a las espaldas de la estación, que entonces fue bautizado como el campo del Inglés, por su proximidad a los hierros del Cable del Mineral.

Con los años se habilitaron nuevos escenarios, el más céntrico el célebre campo de Regocijos, entre la Puerta de Purchena y las cuestas del Quemadero, un lugar que pasó a la historia porque allí jugó el mítico portero Ricardo Zamora dos partidos durante la Feria de 1927.

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