La Voz de Almeria

Tal como éramos

Sobre las cenizas de lo que fue el antiguo peñón de ‘la encantada’

La zona, junto a la Rambla de la Chanca, llegó a tener huerta y lavadero

Lugar donde estuvo el antiguo peñón de ‘la encantada’, hoy desprovisto de vida.

Lugar donde estuvo el antiguo peñón de ‘la encantada’, hoy desprovisto de vida.

Eduardo de Vicente
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El tiempo y la mano del hombre han borrado paisajes enteros a lo largo del barrio de la Chanca. De lo que fue el paraje de la Salud, con su calle, su balsa, su huerta y su lavadero, solo quedan cuatro casas y una placa con el nombre de la calle. El lugar ha perdido toda su identidad. Ya no se ven los vecinos sentados en las puertas tomando el fresco que subía desde el puerto, ni los niños que bajaban desde los cerros buscando el campo de fútbol de la Calamina. La zona donde estaba la huerta y el lavadero es hoy un trozo de tierra lleno de piedras sin una sola sombra que humanice el lugar. Aquel universo que nació alrededor del agua pasó a ser historia, como aquella roca que sobresalía en medio del vergel, como un milagro de la naturaleza, que los vecinos bautizaron con el nombre de ‘el peñón de la encantada’, un escenario que la leyenda había rodeado de magia y de historias lejanas.

En otros tiempos, los niños subían hasta el peñón para jugar al escondite y hacer las merendicas a base de pan y chocolate. Desde la roca, la ciudad parecía sacada de un sueño, con sus murallas desgastadas que subían y bajaban por los cerros, con la cara norte de La Alcazaba mostrando sus piedras cansadas sobre la ladera cubierta de un manto verde y agujereada por las cuevas del Pecho. Desde la roca se veía toda la Chanca, con sus callejas estrechas que descendían hacia el mar y sus casas y sus cuevas pintadas de vida. El peñón formaba parte de la Huerta de la Salud, que entonces era la más fértil del lugar, donde iba la gente a por agua y a por las verdura fresca. Subir hasta la roca era como salirse del tiempo y entrar en otra dimensión en la que reinaba el silencio. Allí, la vida se detenía como en un cuadro, cubierta de una atmósfera misteriosa que envolvía el paisaje.

La actual calle de la Salud, que recuerda a la huerta y al lavadero del barrio.

La actual calle de la Salud, que recuerda a la huerta y al lavadero del barrio.

La gente conocía aquel rincón como ‘el peñón de la encantada’, siguiendo una antigua leyenda que hablaba de una mujer que en las noches sin luna recorría aquellos parajes arrastrando unas cadenas. El misterio de la encantada era tan viejo como la huerta y se había ido transmitiendo de generación a generación. En las noches más oscuras nadie se atrevía a acercarse al peñón, que sin la luz de la luna se llenaba de extrañas sombras que vagaban por el cerro. La leyenda decía que la dama era una hermosa princesa mora, cuya alma cautiva salía para guardar el tesoro que había escondido bajo el peñón, y que arrastraba de los pelos a todo el que osara acercarse a su territorio.

La leyenda de la encantada formaba parte de la vida de la huerta y durante décadas sirvió para ahuyentar a los ladrones que aprovechando la oscuridad asaltaban los campos para llevarse los mejores tomates y las espléndidas lechugas que daba aquella tierra.

El peñón de la encantada dejó de existir hace más de treinta años, cuando lo dinamitaron con el fin de construir viviendas sociales en la zona. Nada queda de la huerta ni del lavadero y son pocos los que conocen su historia. Quién se acuerda ya de que la Huerta de la Salud fue un refugio en los días de la guerra civil, que en las entrañas del cerro que la coronaba surgía una profunda gruta donde se escondía la gente cada vez que la sirena de los talleres de Oliveros anunciaba un bombardeo. Quién se acuerda de aquel manantial de agua pura que regaba de vida las ropas y los cuerpos de la gente y bañaba las huertas, quién cuenta ya la historia del desaparecido peñón donde la sombra de una princesa mora se aparecía en las noches sin luna.

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