La Voz de Almeria

Tal como éramos

Las ninfas de las noches de discoteca

Había discotecas que organizaban concursos para elegir a las muchachas más bellas de la pista

Concurso de mises que organizaba la discoteca Apocalipsis de Aguadulce a finales de los años 70.

Concurso de mises que organizaba la discoteca Apocalipsis de Aguadulce a finales de los años 70.La Voz

Eduardo de Vicente
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Había auténticas diosas de la pista, muchachas normales en los días de diario, que los sábados por la noche se transformaban envueltas en la magia de las luces y la música. El fenómeno Travolta no fue una exclusiva de hombres, también rozó a las mujeres, a aquellas ninfas de discoteca que se movían como si hubieran inventado el baile y dejaban a los muchachos boquiabiertos.

Había discotecas que organizaban con frecuencia concursos de baile y hasta certámenes de mises para elegir a la más atractiva del lugar. Era una fórmula comercial para atraer público y poder competir en un mercado que cada vez se hizo más complicado debido a la alta competencia. Si algo tuvimos de sobra en aquella Almería de los primeros setenta fue discotecas de gran nivel, sobre todo las que se montaron en la zona del Poniente, que eran las que contaban con las mejores instalaciones. La aparición de la Urbanización de Roquetas, unida a la eclosión de Aguadulce como zona preferente de veraneo, trajo de la mano que el sector del ocio se asentara allí y que el fenómeno de las discotecas que hasta entonces se podían contar con los dedos de la mano y estaban ubicadas en la capital, experimentara un nuevo impulso instalándose al otro lado de la carretera del Cañarete.

Samanta’s, Baroque, Satélites Park, Apocalipsis, Disco Club 13 y el Club Simone, fueron algunos de los negocios de baile que tanta fama le dieron a Aguadulce y Roquetas. Cuando llegaba la noche del sábado, cientos de jóvenes atravesaban la temida carretera de las curvas y las piedras en coches buscando la modernidad de las discotecas del poniente. Aquel éxodo marchoso acentuó el peligro de la carretera y aceleró las gestiones para que se pusieran en marcha las obras de ampliación y acondicionamiento.

Recuerdo que los muchachos de mi barrio solían comentar que las discotecas del poniente eran distintas a las de la capital, que estaban mejor preparadas de elementos técnicos y que contaban con un ambiente distinto, el que le daban los turistas extranjeros de la zona. Tenían un glamour que no tenían las de Almería, lo que convertía en un acontecimiento ir a bailar un sábado a una discoteca de Aguadulce o de Roquetas de Mar.

Como había tanta competencia los empresarios mejoraban continuamente sus infraestructuras y organizaban todo tipo de concursos para atraer a la clientela. Fueron muy famosos los certámenes de ‘Miss Apocalipsis’, que solían tener el aliciente añadido de las muchachas extranjeras que venían como turistas en aquella época y que disfrutaban de más libertad y de más atrevimiento para presentarse sin reservas a este tipo de concursos.

Apocalipsis llegó a ser una de las discotecas de referencia a mediados de los años setenta, famosa por ser la que más aforo tenía en su tiempo, con capacidad para trescientas personas. Era un auténtico templo en la organización de fiestas especiales, siendo una de las primeras salas que rompió la tradición de celebrar la Noche Buena en las casas. El 24 de diciembre de 1975 abrió sus puertas para dar una gran fiesta navideña a sus clientes, poniendo en escena a un Papa Noel repartiendo regalos.

Apocalipsis se apuntaba a los cotillones de Noche Vieja, al día de los enamorados y a los bailes de disfraces cuando llegaban los días del carnaval. A finales de los años 70, cuando la competencia en la zona la obligaba a abrir nuevos caminos, la célebre discoteca de Aguadulce puso el acento en las actuaciones en directo, llevando a su escenario a artistas de la talla de Bambino. Por allí pasaron también los grupos almerienses que entonces estaban de moda como Teddy Boys y Amarillo. Para ser rentable, ya no era suficiente con la fiebre del sábado noche y el baile de los domingos. La crisis alcanzó el negocio de pleno y tuvo que cerrar unos meses buscando otras alternativas. El uno de abril de 1980 volvió a abrir sus puerta tras una importante reforma, pero los tiempos habían cambiado y las discotecas empezaban una lenta pero imparable decadencia que acabaría con su desaparición.

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