Cuando el tren llegaba hasta tu casa
Renfe tenía un despacho central para recoger bultos y un servicio para llevar los viajeros desde su casa a la estación

A mediados de los años 50 Renfe estableció su despacho central en la calle Rueda López, junto a la sastrería de Juan Marín.
Como la estación quedaba lejos del centro en un tiempo en el que los almerienses cruzaban la Rambla y tenían la sensación de estar de viaje, Renfe puso a disposición del público un despacho central para poder atender a sus clientes sin que tuvieran que ‘pegarse el viaje’ a la estación.
A los pocos meses de terminar la guerra civil, la empresa Francisco Romero S.L. se hizo cargo del servicio, estableciendo la primera oficina en la calle Álvarez de Castro. De allí pasó unos años después a la calle General Rada (hoy Concepción Arenal) hasta que a mediados de los años cincuenta se estableció definitivamente en el número siete de la calle Rueda López, donde estuvo durante más de veinte años.
La puesta en marcha de esta oficina con su servicio de puerta en puerta sirvió para acercar las prestaciones del tren no solo hasta el corazón de Almería, también para llegar hasta las casas de los clientes. Los comerciantes que esperaban un paquete de género que llegaba de otra provincia a través del ferrocarril podían ir a recogerlo a la oficina del centro. Cualquier ciudadano que hiciera alguna compra por correo sabía que si no podía ir a recogerlo a la misma estación disponía de varios días para retirarlo de la oficina central.
Entonces existía también un servicio de viajeros y equipajes a la estación. El coche de Renfe que se encargaba de realizarlo salía de la puerta del bar Imperial media hora antes de la salida del tren de las seis menos cuarto de la mañana. También se recogían pasajeros a domicilio al precio de una peseta el asiento más cincuenta céntimos que había que abonar por cada bulto del equipaje.
La oficina de puerta a puerta estaba situada en un lugar estratégico. La calle Rueda López, en los años cincuenta, era un hervidero de vida y de negocios pujantes. Al entrar a la calle desde el Paseo, en la acera izquierda, aparecía un bar que marcó una época en la ciudad, el Pasaje de Luis León, que empezó su andadura en plena posguerra, allá por el año 1946. Fue un lugar de referencia para los hombres de aquel tiempo, donde se escuchaban los partidos de fútbol por la radio, donde se conocían los marcadores y la quiniela de la jornada de los domingos antes que en ningún otro establecimiento.
En la esquina con Marqués de Comillas, estaban las oficinas centrales de Hidroeléctrica del Chorro, donde había que contratar el servicio de la luz y donde casi todos los días se formaban colas delante de la ventanilla de reclamaciones en un tiempo en el que los cortes y las averías eran el pan nuestro de cada día.
La calle tenía su sastre, don Juan Marín del Águila, que formó parte de la historia del lugar desde 1946 hasta que se jubiló. El negocio sigue abierto y es el más antiguo de Rueda López, ahora dirigido por uno de sus hijos. Al lado de la sastrería estaba el ya recordado despacho central de Renfe, donde se podían adquirir con antelación los billetes de tren, y en la acera de enfrente, el laboratorio de análisis clínicos y la farmacia que daba al Paseo.
Entre todos aquellos negocios que compartieron época con el despacho de Renfe el más popular fue sin duda el concesionario de Modesto García Ortega, el hombre de los repuestos de los automóviles, el que llevaba el servicio oficial de Fiat, Seat, Simca y los neumáticos Firestone.
Ea la calle de Rueda López, por su condición de zona preferente, abundaban los médicos. En el número 21 tuvo su consulta el oculista don José Soriano Maciá. En el número uno, pegado al Paseo, estuvo el ambulatorio de don Federico Orozco Rodríguez, jefe del servio de Medicina Interna de la Seguridad Social, y en la acera de enfrente estaba la vivienda del médico reumatólogo don Miguel Alcocer. En la casa del número seis vivió el doctor don Ginés Nicolás Pagan. Era especialista en pulmón y corazón y tenía la consulta en la misma vivienda.
En la esquina con el Paseo estaba la vivienda y la consulta del médico de niños don Manuel Martínez del Pino donde siempre había un grupo de madres llamando a su puerta.