El viaje del contendor con 8.000 kilos de cocaína de América a una nave de Pampanico: la trampa de los GPS que engañó a los narcos
La intervención deja dos detenidos y el rastro del destinatario de una empresa fantasma en málaga

Agentes de Aduanas inspeccionan el contenedor en la nave de Pampanco.
Hay operaciones policiales que se transforman en obras maestras de la estrategia internacional. El pasado 15 de mayo, a las nueve de la mañana, el Polígono Industrial Pampanico, en El Ejido, fue el escenario donde se cerró una trampa perfecta. Una nave de este enclave del Poniente almeriense era el destino final de un contenedor de apariencia inocente que, tras cruzar medio mundo, llegó convertido en un auténtico ‘caballo de Troya’ preparado por la Oficina de Investigación de Aduanas de Hannover y el Servicio de Aduanas de la Agencia Tributaria.
El Ejido
La cocaína que tenía como destino El Ejido valdría más de 500 millones de euros en el mercado
M. R. Cárdenas
Una operación coordinada entre las autoridades españolas y alemanas para asestar un 'crochet' noqueador al imperio de la droga. En su interior se ocultaban 8.000 kilos de cocaína camuflados entre 400 sacos de cacao en un envío que había partido de desde el continente americano, habiendo hecho escala en África hasta Hannover (Alemania) antes de alcanzar El Ejido.
Todo comienza al otro lado del Atlántico. Según han confirmado fuentes del Zoll (la Aduana alemana) a LA VOZ, la red criminal introdujo un contenedor cargado con sacos de cacao en el flujo comercial convencional desde un punto no identificado de Latinoamérica, "que no tiene que ser una zona productora", matizan fuentes de Aduanas de Agencia Tributaria, consultadas por LA VOZ.
Un barco que pincha en Sierra Leona
El itinerario marítimo del cargamento no fue casual, sino un calculado movimiento de distracción para camuflar el alijo en dinámicas del transporte de mercancías legítimas, una normalidad que las mafias aprovechan a la perfección para pasar desapercibidas. Según detallan las fuentes antes mencionadas, el container navegó por una ruta comercial convencional , "hasta que en un momento dado 'pincha' en un puerto de Sierra Leona antes de subir a Hanóver y fijar su destino final en Barcelona".
Aunque Alemania es uno de los nodos de la cocaína más relevantes en el continente europeo, LA VOZ ha podido conocer que, la red criminal no tenía la intención de fragmentar el alijo ni de dejar parte de la cocaína en el norte de Europa, sino transportarla a Barcelona en barco, y después moverla hasta la provincia de Almería por vía terrestre: las autoridades tienen claro que Alemania funcionó simplemente como un punto más en el camino para intentar despistar los controles antes del desembarco definitivo
Coordinación entre Alemania y España
La llegada del contenedor a España no pilló por sorpresa a las fuerzas de seguridad, que ya seguían el rastro de la organización criminal muy de cerca en colaboración con las autoridades alemanas. Según confirma Aduanas a LA VOZ, los investigadores mantuvieron el cargamento bajo un control absoluto y discreto desde mucho antes de su desembarco en la península: "La mercancía la teníamos controlada. Todo esto fuimos haciendo el seguimiento". Esta vigilancia encubierta se prolongó durante un largo periodo en el que la policía esperó pacientemente el paso en falso de los narcotraficantes en el Puerto de Barcelona: "Imagínate, evidentemente esperando durante muchos meses, bueno meses, durante muchas muchas semanas a ver qué pasaba con eso".
El anzuelo
El barco siguió un trayecto y enfiló su rumbo hasta amarrar en el puerto alemán de Jade-Weser en Wilhelmshaven (Hambúrgo). Fue en este puerto germano donde saltaron todas las alarmas . Al inspeccionar el contenedor mediante rayos X, las autoridades alemanas detectaron anomalías y procedieron a abrir el contendor registrado registrado a un destinatario: destinatario indicado era una empresa frutícola de Málaga.
Los agentes del Zoll descubrieron el pastel: ocultos entre el cacao viajaban más de 400 paquetes negros que escondían más de ocho toneladas de cocaína prensada en 20 bloques.
En ese instante, la policía alemana tomó una decisión en colaboración con los servicios aduaneros españoles tan audaz como arriesgada por "razones tácticas de la investigación". En lugar de bloquear el envío en su territorio, lo que habría alertado a la red, procedieron a prepararon un anzuelo letal: colocaron GPS localizadores ocultos dentro del contenedor antes de volver a precintarlo. Sabían que el destino final de la mercancía declarada era España y decidieron que el contenedor siguiera su curso. Una operación en dos pasos que permitió que la aduana germana lanzara la caña y las autoridades españolas recogieran el sedal.
Escala en Barcelona
La trampa funcionó a la perfección. Con las balizas satelitales emitiendo señales reales cada pocos minutos, los narcotraficantes en España consultaban las pantallas de sus teléfonos con total tranquilidad. Veían cómo el punto parpadeante avanzaba exactamente por la ruta prevista. Creían tener el control absoluto de su valioso cargamento, ajenos a que, junto a la cocaína, viajaban también los ojos de las autoridades.
El contenedor trampa llegó al Puerto de Barcelona el 12 mayo. Desde el momento en que el contenedor tocó los muelles catalanes, los funcionarios de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria iniciaron un discreto pero férreo operativo de monitorización las 24 horas. El objetivo primordial era blindar el cargamento y evitar a toda costa que cualquier eslabón de la organización criminal intentase asaltar el recinto portuario o sustraer la mercancía.
Empresa fantasma en Málaga
Pese a tener el contenedor bajo control, los investigadores se enfrentaban a un importante punto ciego: el destino final de la ruta seguía siendo un misterio. Aunque el sospechoso, administrador de la empresa importadora, tenía fijado su domicilio fiscal en Málaga, la Policía desconocía las instrucciones de transporte de la red. Fuentes de la Agencia Tributaria han confirmado a LA VOZ que se trataba de una sociedad ‘fantasma’, sin actividad real. "La típica estructura de pantalla para justificar un envío; está ahí por si en algún momento se engancha una operación", explican.
Ante la falta de datos, los agentes no descartaban ninguna hipótesis, sospechando que los narcotraficantes pudieran desviar los sacos de cacao hacia algún almacén intermedio en cualquier punto de la geografía nacional antes de dar el destino definitivo a la carga.
En este punto es cuando se produce el enlace desde Barcelona llevando el contenedor de sacos de cacao por tierra directamente a Pampanico.
Emboscada en Pampanico
Guiados por la señal satelital que la aduana alemana había sembrado en el contenedor, los agentes de Aduanas españoles vigilaron discretamente el camión en su tramo nacional. Esperaron el momento exacto. El 15 de mayo, a primera hora de la mañana, el camión se detuvo en la nave del Polígono Pampanico.
Justo cuando los enlaces locales y el destinatario de la droga pensaban tener el cargamento de cacao en su poder y procedían a descargar el camión, hacían su intervención los agentes de Aduanas. La operación concluyó con la detención fulminante de dos personas para los que se ha decretado prisión provisional.
Tras las gestiones realizadas, se localizó al administrador de la empresa importadora en un hotel en Almería. Se iniciaron seguimientos sobre esta persona, que ya había aparecido relacionado anteriormente con otro envío de cocaína en contenedor, y se pudo determinar que se reunía con otro individuo. Según Aduanas, ambos estaban haciendo las gestiones para pagar los costos del transporte para que el contenido del contenedor se descargase en una nave en El Ejido que habían estado adecuando unos días antes.
Un botín de 500 millones flotando por el Atlántico
El valor de la carga que transportaba aquel buque mercante marea a cualquiera. Según la información remitida por el Zoll alemán a LA VOZ, las más de ocho toneladas de cocaína incautadas habrían alcanzado un precio astronómico en el mercado negro: 500 millones de euros en Alemania.
Los narcos sabían perfectamente lo que llevaban entre manos y, precisamente por el valor de ese botín flotante, no escatimaron en precauciones logísticas para intentar que coronara su destino en Almería.
El jefe de la Oficina de Investigación Criminal de Aduanas, Tino Igelmann ha definido la operación como éxito, no carente de los riesgos que podría tener. "La experiencia técnica y operativa, así como la perseverancia de las autoridades aduaneras alemanas y españolas, condujeron a este extraordinario éxito, lo que, entre otras cosas, también resultó en el desmantelamiento de la vía logística". "la estrecha cooperación con los departamentos de control y investigación aduaneros han contribuido significativamente a esto".
Por su parte, el fiscal jefe Jan Wilken, de la fiscalía de Aurich. El representante del Ministerio Público germano subraya que esta actuación permitió "privar a los criminales de la posibilidad de recuperar la cocaína".