¡Abrir un negocio!
¡Abrir un negocio!
Abrir un negocio en esta tierra nuestra se convierte en una odisea. En un pequeño municipio de la provincia un entusiasta emprendedor quiere abrir un negocio. Alquila un local donde ya estuvo ubicada otra empresa, la gestoría le prepara toda la documentación y mientras él comienza las obras. Han pasado ya más de cuatro meses, qué digo cuatro, se terminaron las obras de acondicionamiento y los permisos ¡ay, los permisos! no llegan. No vayan a pensar ustedes que era una central nuclear, una gasolinera o un vertedero de residuos sólidos lo que se quería montar, no, se trata de una modesta tienda de ultramarinos o comestibles, y ni por esas llegan los dichosos permisos. Hay que crear puestos de trabajo (más cien mil parados en Almería), todos estamos de acuerdo en ello. Todos, menos los señores de la administración que se convierten en los altos muros donde se estrellan sueños, ilusiones y esperanzas de emprendedores y trabajadores. Si la propia administración con unas leyes controladoras y proteccionistas, no sabemos a quien protegen, no es capaz de dar soluciones a las inquietudes de la gente, si esas leyes se convierten en el freno del desarrollo, ya me dirán ustedes cómo coño salimos de ésta. Y para qué entrar en lo que cuestan los informes de electricistas, fontaneros, bomberos, medio ambiente y demás sectores con los que se tiene que enfrentar cualquier ciudadano al que se le ocurre abrir un negocio en cualquier pueblo de Almería. Treinta años legislando (todo indica que en contra del ciudadano) es lo que han hecho los políticos en Andalucía y así nos va.