La Voz de Almeria

Historias de Almería

Los negocios de Florentino en Almería (y su pasado aquí)

Existe un Florentino presidente del Madrid y de ACS cuyo olimpo es el palco del Bernabéu; como existió también un Florentino juvenil, presidente del Iryda, que regó Almería de créditos blandos y fue bienhechor de su agro

Un joven Florentino Pérez en una visita a Almería en 1982. A su derecha, José Luis Balanzá, presidente de la Cámara Agraria, y a su izquierda Bernabé Aguilar.

Un joven Florentino Pérez en una visita a Almería en 1982. A su derecha, José Luis Balanzá, presidente de la Cámara Agraria, y a su izquierda Bernabé Aguilar.

Manuel León
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No está enfermo y se encuentra con fuerzas para “trabajar como un animal”, testificó el martes en una estrafalaria rueda de prensa. Es él, Florentino Pérez, uno de los lumbreras más populares de esta patria; uno de los dignatarios con más poder -dicen- que aúna la presidencia del club más grande del mundo por historia con la de uno de los mayores conglomerados empresariales de Europa; es él, el ‘ser superior’, el hijo del perfumero hecho a sí mismo, al timón de una empresa que parió con el nombre de ACS y que factura 50.000 millones de euros y en la que ya ha anunciado, en Junta de Accionistas, que pretende continuar, al menos, hasta 2031, es decir, cuando sume 84 años. Y en el Madrid, ídem de ídem, dice que sigue, si los socios lo siguen votando, amenazando con rebasar al mítico Bernabéu, que dejó la presidencia con 82 abriles y los pies por delante.

A pesar de la riada de críticas recibidas estos días desde los medios de comunicación, en lo que respecta al mercado, su empresa, ACS, un gigante de la construcción, los servicios y las infraestructuras, se anotó una subida en Bolsa del 2%. Es decir, que sus pendencias deportivas, más que suponer una pulmonía para sus negocios, los eleva.

En Almería también sostiene negocios este veterano ingeniero de Caminos: Aqualia, la que proporciona el agua que bebemos es suya; Clece, la que presta servicios a domicilio a nuestros mayores, también es de este madrileño arrollador; y buena parte de las obras del AVE y la limpieza de los aviones del aeropuerto de El Alquián también las realizan empresas suyas. Florentino está presente en cada esquina de Almería, una provincia que conoce muy bien desde hace muchos lustros; Florentino Pérez, que creció jugando al billar en los bares de Chamberí, con 30 años años ya era concejal de Madrid con la UCD y en 1980 director general de Infraestructuras de Transportes. Pero unos años antes, en 1971, se produjo en España un movimiento administrativo que le tocaría de lleno y a Almería también: el veteado Instituto Nacional de Colonización, que tanto bien le hizo a esta provincia, se fusionó con el Servicio Nacional de Concentración Parcelaria y de esa matrimonio nació el Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (Iryda), en el que fue contratado este bisoño ingeniero madrileño, quien soñó de niño con ser delantero del Real Madrid y como tenía pierna de palo ha terminado presidiéndolo. A Florentino, quien no ha estado nunca en Florencia, con apenas 25 años le encomendaron la zona de Almería, para que reactivase estas tierras que estaban empezando a convertirse en vergel de los cultivos extratempranos. Ese Iryda fue el eje sobre el que pivotó la explosión económica del invernadero y una de las personas claves, como antes lo fueron Leandro Pérez de los Cobos y Bernabé Aguilar, fue el hoy presidente del Real Madrid. Florentino llegó a Almería con flequillo cortado a cazo y gafas estilo Augusto Algueró, conduciendo un Renault Cuatro Latas, con la misión de afianzar los poblados de colonización, que en Almería llegaron a ser 14. A los agricultores de aluvión, que venían de Albuñol, de La Rábita y de otras zonas de la Baja Alpujarra, se les facilitaba una vivienda, un terrenos, unos animales y a prosperar.

Así surgieron Campohermoso, San Isidro, San Agustín, el Parador o la Puebla de Vícar, entre otros. Florentino abrió una oficinilla de Extensión Agraria en La Aldeilla y cada quince días venía desde Madrid a gestionar sondeos, canales de riego y créditos blandos del Ministerio de Agricultura para los colonos. Desayunaba y almorzaba en el bar San Nicolás de Santa María del Aguila, en el Campo de Dalías. El Ejido aún no se había independizado. Así lo recuerda aún Miguel Sánchez, uno de los camareros que lo atendía a diario. Allí veía, el ahora presidente, algunos partidos del Madrid en un televisor en blanco y negro, gritando enfervorecido los goles como ahora en el palco, cuando en la alineación figuraban los míticos Amancio, Pirri, Zoco, Grosso y toda la pléyade de jugadores de aquel Madrid ye-ye.

Años después, tras su breve paso por el consistorio madrileño presidido por Tierno Galván, a Florentino lo nombraron presidente del Iryda, donde había trabajado como ingeniero. Era 1982 y estaba en ebullición la sociedad Tierras de Almería. Vino, ya con mando en plaza, en numerosas ocasiones, cuando las hectáreas invernadas se multiplicaban en la provincia como las tribus bíblicas de Israel. Recorría poblados como el de San Agustín, se empapaba de sus problemas, de la salinidad en los acuíferos, de los bajos precios; impulsaba la instalación de la red automática de teléfono; mediaba para que los agricultores pudieran utilizar la arena de playa en los invernaderos; inauguraba naves de envasado en Mercoalmería y El Porvenir.

En uno de esos viajes, Florentino se tiró una semana entera recorriendo el agro de la provincia, visitando el Campo de Dalías, El Ejido, Adra, reuniéndose con las cooperativas y los jóvenes agricultores de entonces que ahora estarán en el final de sus vidas, entregando la encomienda al mérito agrícola al presidente de la Caja Rural, Jesús Espinosa Godoy en el Hotel Playasol, con un homenaje también a Mariano Maraver, coordinador del Servicio. Se fajó Florentino para ampliar los cupos de exportación cuando aún España no pertenecía al Mercado Común y todo eran problemas para vender en Europa y rubricó un esfuerzo financiero global de 2.000 millones para Almería en diferentes partidas presupuestarias. Visitó también a regantes de Huércal-Overa, Alhama, Cantoria, Tíjola, siempre intentando aportar soluciones al sector, mediando, como un entrenador en el vestuario de su Real Madrid cuando dos jugadores estrellas se empiezan a dar picotazos de pavo real.

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