La Voz de Almeria

Almería

Un parking sobre los rescoldos de lo que fue el antiguo Cinema Pavía

El amplio solar de la calle Arquímedes que fue cine es hoy un aparcamiento público

En los años 50 el cine fue el gran centro de reunión de dos barrios.

En los años 50 el cine fue el gran centro de reunión de dos barrios.La Voz

Eduardo de Vicente
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De lo que fue el Cinema Pavía queda en pie el solar. La mayoría de las salas cinematográficas de la ciudad fueron absorbidas por las nuevas construcciones, pero el Pavía tiene aún el privilegio de mostrar al barrio sus rescoldos, el suelo y las vistas sobre las que se levantó un local de ocio que llegó a convertirse en el gran centro social de dos barrios: el Reducto y la Chanca. Los vecinos ya no pueden disfrutar de aquellas tardes de cine ni de aquellas noches de verano llenas de películas malas del Oeste, pero al menos tienen un sitio donde poder dejar el coche en un tiempo en el que una plaza de aparcamiento es un tesoro.

Flotando en el aire de este improvisado parking siguen latentes las historias de todos aquellos vecinos que encontraron en el cine el escenario perfecto para ser felices durante dos horas.

Cuando en 1950 inauguraron la terraza de cine Pavía no habían llegado todavía noticias de la televisión y tener un simple aparato de radio en el Reducto y en la Chanca era un lujo que solo estaba al alcance de unos pocos.

La terraza estaba situada en un punto estratégico del barrio: a menos de cien metros de distancia de la Plaza de Pavía y de la calle Reducto y pegada a la frontera que separaba el barrio del arrabal de la Chanca.

Muchos, quizá la mayoría de aquella gente que vivía entre la Rambla de Maromeros y el cerrillo del Hambre o el de las Palomas, no habían visto jamás una película porque los cines del centro quedaban muy lejos y tampoco estaban al alcance de los bolsillos de las familias más humildes.

La terraza Pavía llevó la magia del cine a todos los rincones. En los primeros años de existencia se repitieron los casos de niños que llegaban a la puerta del cine con la peseta justa para entrar y completamente descalzos. Seguramente, en sus casas habían estado ahorrando durante la semana para que el hijo pudiera ver el domingo aquella película de pistoleros con la que tantas veces había soñado viendo los cuadros de la cartelera que montaban en la puerta.

El cine Pavía se convirtió en el templo de los sueños de aquella última generación de vecinos que vivió antes de la llegada de la tele. Todos los años, cuando llegaba el mes de junio, encalaban la tapia de la terraza, adecentaban el solar, colocaban las sillas de madera y empezaba el espectáculo. Para atraer al público, los fines de semana organizaban una función doble con dos películas por el mismo precio. En aquellos tiempos gustaban mucho las películas de pistoleros y las de temas relacionados con el mar, como correspondía a un barrio con mayoría de pescadores. ‘Héroes del mar’ y ‘Ya llegan los marinos’ fueron dos éxitos importantes de la terraza Pavía en el verano de 1951, cuando ir al cine era un gran acontecimiento.

La modernización de la terraza Pavía llegó en enero de 1953, cuando el empresario local Miguel García Bretones, dueño de uno de los talleres de mecánica más prestigiosos de la ciudad, solicitó permiso en el Ayuntamiento para construir una sala de cine de invierno en un local que había junto a la terraza de verano. La obra, realizada por el constructor José Delgado Boga, se prolongó durante varios meses y antes de que terminara el año, en ese mismo otoño, ya era una realidad el Cinema Pavía. Desde su gestación, el Pavía fue una sala de fines de semana, un cine modesto de barrio que le brindaba el espectáculo de la gran pantalla al Reducto y al deprimido arrabal de la Chanca.

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