Ciudad Jardín vive una metamorfosis: la arquitectura de vanguardia gana la partida a la huella de Langle
La cotizada barriada de los 40 se reinventa con un ‘boom’ de nuevas casas de estilos contemporáneos

Una de las casas que aún mantiene casi la totalidad de la estética del Ciudad Jardín primigenio y una de las nuevas viviendas que se está construyendo actualmente.
Hay esquinas en Almería donde el tiempo parece haber aprendido a discurrir sin prisas, regalando una paz que abraza nada más doblar la calle. Ciudad Jardín es, sin duda, una de ellas. Concebida hacia el año 1940 por las prodigiosas manos del célebre arquitecto local Guillermo Langle Rubio, esta barriada nació en la posguerra con el anhelo de brindar un refugio saludable a las familias.
Inspirada en las teorías del urbanista británico Ebenezer Howard sobre comunidades armónicas con la naturaleza, sus 27 manzanas en torno a la emblemática Plaza de España cobijaron 245 casas unifamiliares con jardín. Durante años, el polvo rojizo del mineral traído en ferrocarril desde Alquife tiñó con nostalgia sus paredes, pero el barrio nunca perdió esa luz tan suya que convertía a cada hogar en un universo cálido, cercano y tranquilo.
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El racionalismo como origen
El encanto primigenio de Ciudad Jardín residía en su sabio equilibrio estético: una delicada fusión entre el racionalismo vanguardista y el romanticismo de la arquitectura mediterránea. Aquellas primeras viviendas cautivaban por sus fachadas de encalado blanco impecable, sus porches con acogedores arcos, sus tradicionales cubiertas y sus elegantes detalles de ladrillo visto. Eran casitas bajas, amables y sin pretensiones, donde los pequeños jardines delanteros susurraban historias a quienes paseaban bajo el sol almeriense. Desde su construcción, fue siempre un vergel de calma.

Fotografía antigua de Ciudad Jardín.

Este era el estilo primitivo de las casas de Ciudad Jardín en los años 40.
Hoy, más de ocho décadas después de aquellos primeros trazos, el barrio está viviendo un auténtico 'boom' de renovación que transforma su silueta a pasos agigantados. La tendencia actual ha dejado a un lado la simple rehabilitación de inmuebles para dar paso a la edificación de viviendas completamente nuevas y de alta gama que están sepultando, poco a poco, la hasta hace medio siglo omnipresente huella de Langle en la barriada.
La transformación del barrio en la última década
Las parcelas de toda la vida contemplan ahora el nacimiento de residencias de estilos más modernos y acordes a los tiempos que corren como el minimalista, neorracionalista o contemporáneo, que dialogan con el presente sin rebasar la escala ni la altura unifamiliar que define a la barriada. Se trata de una metamorfosis profunda, donde la estética de mediados del siglo XX da un salto generacional hacia una arquitectura de vanguardia.

Una de las viviendas de reciente construcción, de estilo contemporáneo.
Las nuevas construcciones destacan por una geometría pura y rotunda, un sofisticado 'juego de cajas' donde los volúmenes cúbicos y prismáticos se solapan para crear voladizos deslumbrantes. Las antiguas cubiertas y los arcos tradicionales han cedido su lugar a elegantes azoteas planas, solárium en la coronación de los edificios y límpidas pérgolas de líneas rectas.

Al fondo de una de las calles del barrio, una de las casas de reciente construcción.

Nuevas construcciones en la barriada.
Aunque el color blanco sigue presente como guiño inconfundible al reflejo de la luz del sur, las fachadas cobran nueva vida al combinarse con cálidos revestimientos de madera, sobrios detalles de ladrillo y carpinterías en refinados tonos antracita o negro. Los modestos ventanales de antaño son sustituidos ahora por grandes paños acristalados de suelo a techo y cristaleras en esquina que inundan de vida los interiores.
Para tamizar la intensa claridad y garantizar la intimidad, las viviendas incorporan un moderno control solar mediante celosías de lamas orientables, viseras de protección y marquesinas que aportan un ritmo visual inconfundible. Es la perfecta evolución de una arquitectura pensada para ser vivida con confort y elegancia.

Parte trasera de una de las viviendas que se han levantado en los últimos años cerca de Plaza de España.
Cambia la estética pero no la esencia
Sin embargo, a pesar de este innegable vuelco estético donde el vanguardismo redefine la fisionomía de sus calles, la esencia poética de Ciudad Jardín permanece inalterable. Las casas han cambiado sus ropajes, pero la vida del barrio sigue latiendo al mismo ritmo pausado de siempre. Sus fronteras perfectamente delimitadas -entre Carretera Sierra Alhamilla y las avenidas Madrid, Juan XXIII y Cabo de Gata- continúan protegiendo a la zona del ajetreo exterior, manteniéndola como ese remanso de serenidad a solo unos pasos del pulso vibrante de la ciudad.

Esta casa aún conserva el muro original de las parcelas que empezaron a levantarse a principios de los 40.
Basta con caminar por sus manzanas en primavera para comprobar que la magia sigue intacta, impregnada por el aroma y los llamativos colores de las flores que asoman tras las verjas. O dejarse llevar por la entrañable atmósfera de los meses invernales, cuando la vecindad engalana el barrio con una decoración navideña que transmite hogar en cada esquina.
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Ciudad Jardín no es solamente la arquitectura que proyectó Langle, cuyo legado en esta barriada está siendo arrastrado por las corrientes vanguardistas, o las maravillas que hoy trazan los nuevos tiempos; es la demostración de que, aun renovando su rostro hacia el futuro, un barrio puede conservar para siempre su alma bella, tranquila y eternamente romántica.