Un tomate rosa que "sabe a jamón": el reto de cultivar en Almería uno de los tomates con más sabor de España
Mercadona y Terra Agronómica impulsan en Níjar una variedad inspirada en el tomate rosa aragonés, apreciado por su textura mantecosa y su sabor intenso

Diego Frías, gerente de Terra Agronómica con un tomate rosa de Almería.
Que Almería sabe a tomate es algo que aquí no sorprende a nadie. Pero incluso en una tierra acostumbrada a producirlo en todas sus formas, hay variedades que llaman la atención. El tomate rosa es una de ellas. Un producto que muchos describen de la misma forma: un tomate con sabor al de toda la vida, con una textura mantecosa y una piel fina que lo diferencia del resto. Algunos incluso dicen que este tomate “sabe a jamón”.
Detrás de este cultivo hay una historia que une dos territorios agrícolas muy distintos: Barbastro, en Aragón, y en Campo Hermoso (Níjar), en Almería. ¿El motivo? Un proyecto que ha ido creciendo casi paso a paso, de la mano de Terra Agronómica y Mercadona, hasta convertirse en una producción estable que el consumidor puede encontrar en la sección de frutas y hortalizas de Mercadona durante todo el año.
Un tomate con historia y denominación de origen
El tomate rosa de Barbastro es, en esencia, una variedad muy ligada a su tierra. Un producto autóctono del norte de Aragón que se ha conservado generación tras generación, con su propia semilla y una forma de entender el cultivo muy pegada a la huerta tradicional. Un tomate que, en pocas palabras, busca mantener ese sabor “de toda la vida” que muchos consumidores dicen reconocer nada más probarlo.

El tomate rosa de Terra Agronómica en Níjar.
A partir de ahí, la historia da un giro importante: ese mismo tomate, con ese mismo sabor y esas mismas características, ha empezado a cultivarse también en Almería. Y no como sustitución, sino como ampliación de un modelo que ha ido creciendo con los años.
El salto a Almería es el punto clave de esta historia reciente. Aquí es donde el tomate rosa deja de ser solo una producción de origen para convertirse en un cultivo con continuidad durante todo el año.
La idea no era cambiar el producto, sino mantenerlo. Cultivarlo en un entorno completamente distinto sin que perdiera su identidad. Un reto importante para un tomate delicado, muy sensible al manejo, al clima y a la recolección. En Almería, el modelo se adapta al sistema de invernadero y a la intensidad productiva de la zona, pero con una premisa clara: respetar el mismo tomate.
No es un cultivo sencillo. Su piel fina, su textura blanda y su comportamiento irregular hacen que no funcione como otros productos más estandarizados. Por eso requiere un control constante en todas las fases del proceso. El objetivo nunca ha sido producir más rápido, sino mantener la calidad y el sabor que caracterizan a este tomate.
Mercadona, el eje que ha impulsado el proyecto
Si hay un hilo conductor en toda esta historia es la relación con Mercadona. No como un cliente puntual, sino como el centro alrededor del que ha girado el crecimiento del proyecto.
Terra Agronómica es una empresa fundada hace 22 años con sede en Zaragoza. Se dedica a la producción y comercialización de tomate y cuenta con dos centros de cultivo, uno en Barbastro (Aragón) y otro en Campohermoso (Almería), además de dos naves de manipulado en origen. Esta estructura le permite mantener producción de tomate durante los 365 días del año.
“Cada cosecha se piensa primero para Mercadona”, explica Diego Frías, gerente de Terra Agronómica.

Tomate rosa de Terra Agronómica en Níjar.
Hace algo más de diez años, Terra Agronómica trabajaba con Mercadona comercializando este tomate en campañas muy puntuales de verano en Barbastro, con volúmenes pequeños y una producción limitada.
En aquel momento, la producción se basaba en pequeñas superficies —apenas dos hectáreas iniciales— y en una relación todavía incipiente con la distribución. Pero el punto de partida ya marcaba el camino: producir tomate rosa directamente para Mercadona.

Un pasillo de uno de los invernaderos de tomate rosa de Terra Agronómica en Níjar.
Con los años, aquella producción inicial ha crecido hasta alcanzar unas 30 hectáreas en Aragón. Y, sumando el desarrollo en Almería, el proyecto alcanza hoy alrededor de 72 hectáreas entre ambos territorios.
El resultado es un modelo estable en el que la planificación, la inversión y el crecimiento están ligados a una seguridad de compra por parte de Mercadona, algo que permite a la empresa planificar campañas a largo plazo y seguir especializándose en este cultivo sin perder el control del producto.
Hoy, el tomate rosa de Terra Agronómica se comercializa en Mercadona en toda la península, lo que ha convertido un producto muy localizado en un alimento habitual en muchos hogares.
Un consumo que ha ido cambiando
Más allá del campo, el cambio más evidente ha llegado al consumo. El crecimiento del tomate rosa responde a una demanda cada vez mayor de los clientes de Mercadona, que buscaban un tomate con más sabor y una textura más tradicional.
El tomate rosa ha pasado de ser un producto muy localizado a ganar presencia en distintos puntos de España, especialmente en zonas donde ya existía tradición de este tipo de tomate. Sin embargo, en provincias como Almería, su implantación también ha resultado especialmente llamativa.
El motivo es sencillo: quien lo prueba suele repetir. No por moda, sino por un perfil de sabor que lo aleja del tomate más estándar de consumo diario. Eso ha hecho que su presencia en tienda deje de ser puntual y pase a formar parte de una oferta más estable dentro de la categoría.
Un proyecto que sigue creciendo
Hoy, Terra Agronómica sigue ampliando producción con una idea muy clara: consolidar un modelo que combine Barbastro y Almería para garantizar continuidad y estabilidad en los lineales de Mercadona.
El objetivo no es solo producir más, sino mantener un estándar de calidad constante en un producto que depende tanto del clima como del cuidado diario en el campo.
Y en ese equilibrio entre dos territorios, una misma semilla y un único destino comercial —Mercadona—, el tomate rosa ha encontrado su camino: crecer sin perder todo aquello que lo hace reconocible.
Porque, al final, esta historia no va solo de tomates. Va de cómo un producto muy ligado a un origen concreto ha encontrado en Almería el lugar perfecto para seguir creciendo sin perder aquello que lo hace diferente.