De la “esclavitud moderna” al reconocimiento: el giro de la prensa internacional hacia el modelo Almería
Dos reportajes recientes de The Guardian y The Economist reflejan un cambio en la percepción internacional del campo almeriense, del que ahora se destaca su importancia estratégica para abastecer a Europa

Antes y después: a la izquierda, artículo en la web de The Guardian en 2011 habla de "esclavitud" en el campo almeriense. A la derecha, el publicado el pasado domingo en el mismo diario, en el que llama a Almería el huerto europeo y laboratorio de desarrollo e innovación.
El diario británico The Guardian sorprendía el pasado domingo, 29 de marzo, con un reportaje en el que hablaba en términos elogiosos del modelo agrícola almeriense. Apenas un mes antes, el 13 de febrero, The Economist hacía lo propio, calificando este modelo como una infraestructura clave. ¿Es casualidad o responde a una búsqueda de respuestas sobre quién podrá alimentar a Europa en el futuro?
Aunque el sistema de producción agrícola de Almería ha abastecido desde hace varias décadas a Europa, durante años el mar de plástico fue presentado en la prensa internacional como el reverso oscuro del sistema alimentario europeo.
Medios como el propio The Guardian publicaron reportajes muy duros en los que llegaron a calificar de “esclavitud moderna” las “condiciones deplorables” de trabajo en los invernaderos almerienses (2011), al tiempo que se destacaba el supuesto uso de pesticidas prohibidos en Europa y las condiciones de vida en asentamientos precarios.
Cambio de mirada
El cambio de mirada que muestran los dos artículos recientes es evidente y apunta ahora al modelo Almería más como solución que como problema. Ambos destacan su importancia estratégica en un contexto global marcado por la escasez de recursos y la necesidad de garantizar el suministro de alimentos.
El reportaje del pasado domingo en The Guardian, firmado por Alessandro Gandolfi, afirmaba que “Andalucía alberga el ‘huerto europeo’, un laboratorio de desarrollo e innovación que produce hortalizas para toda Europa”, capaz de alimentar a 500 millones de personas. Señalaba que “este milagro económico nació en 1963, cuando los agricultores, con tenacidad, comenzaron a proteger los cultivos del viento con rudimentarios invernaderos de plástico”.
En su análisis subraya cómo “el mar de plástico se convirtió en un verdadero distrito de agricultura intensiva, donde junto a los invernaderos hay viveros, laboratorios químicos, escuelas de formación profesional y centros de investigación, como la Fundación Tecnova —el artículo recoge declaraciones de una de sus responsables, Guadalupe López—, así como empresas de envasado y cooperativas de distribución”.
El texto concluye destacando que, “mientras el planeta se enfrenta al doble reto de alimentar a una población creciente y proteger los recursos naturales, Almería se erige como un laboratorio viviente de soluciones. Produce alimentos frescos y saludables durante todo el año con estrictos estándares ambientales, tecnología avanzada y un consumo mínimo de agua”. Aun así, también señala que “los problemas que genera esta agricultura intensiva son innegables”, sobre todo en lo relacionado con la explotación humana.
Críticas, pero menos
El reportaje constata, sin embargo, que “muchos viven en condiciones dignas, a menudo en ciudades limpias y con todos los servicios”, aunque otros siguen recibiendo “salarios insuficientes” y residiendo en viviendas precarias cerca de los invernaderos.
También menciona la persistencia de “situaciones críticas relacionadas con el vertido ilegal y el abandono de residuos”, aunque matiza que “un porcentaje significativo del plástico utilizado se recicla adecuadamente (el 85%, según algunas fuentes)”.
Por su parte, The Economist, con un tono más analítico, va un paso más allá y sitúa a Almería como un caso de estudio global. Presenta a la provincia como una infraestructura alimentaria de primer orden, capaz de abastecer a cientos de millones de consumidores europeos, y la señala como ejemplo de cómo la intensificación agrícola puede convertir un territorio hostil en una potencia productiva de primer nivel mundial.
Los agricultores, principales afectados por los reportajes que durante años lanzaron críticas feroces contra el modelo almeriense, tienen claro que los elogios de estos últimos días suponen más bien “un cambio en la manera de mirar” que un cambio real en el sistema o en sus protagonistas. Antonio Moreno, secretario de Organización de COAG Almería, sostiene que los agricultores “en ningún caso éramos tan malos como se pintó” en algunos medios europeos, especialmente británicos, entre ellos The Guardian.
A su juicio, se trataba de “reportajes intencionados que podrían haber respondido a una presión comercial para bajar los precios de las hortalizas en origen, desprestigiando para ello al sector almeriense”. Una presión que, según afirma, ya no existe con aquella intensidad, en parte porque la agricultura almeriense ha seguido evolucionando en todos los aspectos.
Moreno destaca que la situación laboral de los trabajadores “ha mejorado mucho con la reciente reforma laboral, que ha permitido que hoy prácticamente todos los empleados sean fijos discontinuos, lo que supone una mejora sustancial en estabilidad”.
También resalta los avances en lucha biológica y la evolución en el uso del agua y de la desalada, “en lo que vamos por delante de muchos países”. Todo ello, sostiene, ha reducido la presión mediática y ha propiciado que los medios europeos hablen ahora en un tono abiertamente halagador del modelo almeriense. “Somos un ejemplo de eficiencia y sostenibilidad en todo el mundo”, afirma.
Sobre la mano de obra, recuerda que los agricultores “siempre han intentado hacer las cosas lo mejor posible, respetando los derechos de los trabajadores”. En cuanto a los asentamientos, reconoce que su solución es compleja por múltiples factores, desde la dificultad general de acceso a la vivienda hasta la intervención de las mafias.
"Europa ve las orejas al lobo"
Emilio Galdeano, profesor titular de la Universidad de Almería y estudioso del modelo agrícola almeriense, también se ha mostrado sorprendido de que un diario como The Guardian haya publicado un reportaje en términos tan positivos, dada su trayectoria anterior. Coincide en que puede estar cambiando la forma de analizar el modelo, aunque éste, en esencia, no haya variado tanto. “Puede ser que Europa le esté viendo las orejas al lobo ante la falta de recursos”, señala. Desde esa perspectiva, considera que el sistema almeriense, demostrado sostenible a todos los niveles, podría verse cada vez más como una solución para el futuro.
En cuanto a las denuncias sobre condiciones laborales, Galdeano siempre las ha considerado desproporcionadas. “¿Es esclavitud el trabajo en un invernadero? Pues es el lugar donde han trabajado los agricultores almerienses toda su vida, y las normativas laborales son las mismas que en el resto de la UE: los empresarios se arriesgan a duras sanciones si no tienen a sus trabajadores contratados”. Respecto a los asentamientos, cree que “no tienen que ver directamente con la agricultura, sino con Almería como zona de frontera”.
Desde esa visión del modelo como respuesta a los desafíos futuros de abastecimiento, Emilio Galdeano considera que el sistema almeriense sería muy difícil de exportar, no solo por el clima, sino también “por la experiencia acumulada de los agricultores y por el clúster que se ha formado en torno al sector, una industria auxiliar que lo sostiene”, lo que exigiría un esfuerzo enorme para reproducirse en otro lugar.