La Voz de Almeria

Almería

La resistencia de los kioscos de Almería, el último refugio de la vida de barrio: "Vamos a desaparecer"

La pérdida de clientes, la falta de relevo o los cambios de ubicación por obras en el Paseo son algunos de los desafíos que amenazan ahora con borrar la identidad de estos históricos puestos

Fina, kiosquera desde hace más de 30 años, en su puesto ubicado ahora en la Rambla por las obras del Paseo.

Fina, kiosquera desde hace más de 30 años, en su puesto ubicado ahora en la Rambla por las obras del Paseo.Jaime Molero

Jaime Molero
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Fina lleva más de 30 años rodeada de periódicos, revistas y pequeños productos de alimentación como chicles o chupachups. Por su kiosco han pasado miles de almerienses para comprar prensa o lotería durante todos estos años en el Paseo de Almería, pero desde hace cinco meses -y a causa de las obras- ha cambiado el sitio de toda una vida por la Rambla. 

Su negocio, como el del resto de sus compañeros de profesión, está inmerso en una caída libre en la que la pérdida de clientes y la falta de relevo generacional está comprometiendo la supervivencia de unos históricos puestos que son de lo poco que queda ya de la vida de barrio que tanto añoran muchos.

"Las ventas en el kiosco van cayendo cada día más, pero ya después del cambio que hemos tenido tan brusco [el traslado del Paseo a la Rambla], pues estamos fatal. Aquí no pasa gente como en el Paseo, y se vende muy poca cosa; alguna primitiva, algún muñequito... y cuatro periódicos", detalla Fina a LA VOZ desde su kiosco.

Tanta es la caída libre a la que está sometida la profesión del kiosquero, que según los últimos estudios publicados en España se estima que entre 2012 y 2021 han cerrado el 44%. Casi la mitad se han visto obligados a echar el cierre en una década por un motivo del que es muy difícil recuperarse: la gente ya no compra.

El hábito de bajar al kiosco del barrio y comprar el periódico se ha perdido. Lo notan los medios de comunicación, pero también los kiosqueros, que ven cómo su modelo de negocio no se puede adaptar a la era de lo 'online' como si lo hacen los periódicos, teniendo que hacer auténticos malabares para no echar el cierre de un negocio que en la mayoría de casos viene de tiempo atrás en la familia.

"He pensado en cerrar, pero no tengo donde ir"

"Para sobrevivir hay que echarle mucha hora al negocio e intentar estar ubicado en un sitio por el que pase la gente. Eso es muy importante. He pensado muchas veces en cerrarlo, pero no tengo donde irme", relata para LA VOZ Francisco Luis Cara, heredero del famoso kiosco de las pipas calientes y las palomitas del Paseo, que también se ubica hoy en la Rambla por las obras. 

En su caso, Francisco, que lleva 34 años trabajando entre chucherías, pipas y palomitas, no ha cambiado prácticamente nada de sus productos. Se ha mantenido fiel a lo que hizo que su kiosco se hiciera famoso en Almería entera. 

Francisco Luis Cara, más de 30 años al frente del negocio familiar del kiosco de las pipas.

Francisco Luis Cara, más de 30 años al frente del negocio familiar del kiosco de las pipas.Jaime Molero

"Por este kiosco han pasado tres generaciones, y yo que creo que esta va a ser la última. Lo que vendo yo se vende también en un supermercado, la gente ya que va a hacer la compra lo compra todo y deja de venir. Vamos a ir desapareciendo porque, de hecho, muchos ya han cerrado, y al ponerlo en venta no había manera de venderlo".

Reinventarse o morir

Pese a que Francisco ha querido mantener prácticamente los mismos productos que los que vendían su padre y abuelo, no todos los kioscos han tomado la misma estrategia. Algunos, ante la caída de la prensa, las revistas o la alimentación, han apostado por la lotería. Es el caso Antonio, kiosquero desde hace más de 20 años: "Nos tenemos que reinventar por que la prensa y las revistas han pasado a la historia. Yo sobrevivo por la lotería y las apuestas. Aún así cuesta mucho esfuerzo mantener un puesto como este".

Antonio, kiosquero que ha reinventado su negocio en los últimos años.

Antonio, kiosquero que ha reinventado su negocio en los últimos años.Jaime Molero

A esta tendencia general se suma en Almería un factor añadido que agrava aún más la situación: el traslado forzoso de varios kioscos desde el Paseo a la Rambla por las obras. Un cambio que, lejos de ser neutro, ha supuesto un duro golpe para las ventas. Según los kiosqueros, la Rambla no cuenta con el mismo trasiego constante ni con el pulso comercial que históricamente ha tenido el Paseo de Almería. Los kiosqueros coinciden en que la ubicación lo es todo en este negocio, y el descenso de clientes desde el traslado ha sido inmediato, convirtiendo una crisis ya profunda en una situación todavía más delicada.

En medio del silencio cada vez más habitual de sus ventas, los kioscos de Almería resisten como pueden a un cambio que parece imparable. Lo que durante décadas fue un punto de encuentro cotidiano -un lugar donde comprar el periódico, intercambiar unas palabras o mantener viva la rutina del barrio- hoy lucha por no convertirse en un recuerdo más. Historias como las de Fina, Francisco o Antonio no hablan solo de negocios en declive, sino de una forma de vida que se apaga lentamente, arrastrada por la digitalización, los nuevos hábitos de consumo y la falta de relevo generacional.

Mientras algunos se reinventan y otros aguantan por pura necesidad, todos comparten la misma incertidumbre: cuánto tiempo más podrán seguir levantando la persiana.

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