Ya falta menos para que los Reyes Magos maquillen la subida a La Alcazaba
La calle por la que suben los turistas es un monumento a la dejadez más absoluta

Este es el aspecto de la subida principal a La Alcazaba, como sacado de una guerra.
Es difícil recordar, al menos en los últimos veinte años, una dejadez municipal tan alarmante como la que estamos padeciendo en esta última legislatura. Parece como si todos los esfuerzos se centraran ahora en terminar de prisa y corriendo el Paseo y rematar como sea la Puerta de Purchena para que esté medio terminada y le pueda caer encima el regalo del alumbrado navideño, y de esta forma permitir que los gobernantes hagan muestras una vez más de su exhibicionismo sin límites apuntándose el tanto en las páginas de los periódicos, festejados por los titulares grandilocuentes de ese periodismo amigo y cómplice que se ha impuesto con rotundidad.
A los que seguimos agarrados sentimentalmente al casco histórico nos queda el consuelo de que ya falta menos para que adecenten la subida principal a la Alcazaba, una vía que ofrece un aspecto miserable y que el ayuntamiento se encarga de maquillar una vez al año, dos días antes de la cabalgada de los Reyes Magos para que los almerienses que visitan el barrio no vean toda la mierda que si ven los turistas que a diario vienen al monumento más visitado de la ciudad.
No hay quien le abra los ojos a estos gobernantes, que no acaban de entender que la cuesta de Almanzor es mucho más importante que cualquier avenida del centro o el Paseo Marítimo porque es por donde pasa el noventa por ciento del turismo que viene a Almería. Ese turismo que se sorprende cuando ve tanta miseria acumulada en torno al monumento que nos debería de dar prestigio.
El pasado miércoles, un grupo de diez turistas que venía de Valencia le preguntó al vendedor marroquí que tiene su establecimiento en la cuesta de Almanzor que cuál era el motivo de la mala imagen del entorno y mostraron su extrañeza, que no era poca teniendo en cuenta que venían de ver la Alhambra de Granada donde todos los accesos se cuidan con meticulosidad.

El ayuntamiento limpia el solar una vez al año para la cabalgata de Reyes.
Hace más de cinco años que el ayuntamiento derribó las viviendas del margen derecho de la calle para hacer una avenida espléndida, a medida de la fuerza que tiene el monumento, pero las buenas intenciones acabaron en un cajón. La coartada del equipo municipal si alguien pregunta sobre el mal estado de la subida a La Alcazaba es que están esperando a derribar el edificio chamuscado de la esquina para empezar con la rehabilitación de todo el entorno. Es una excusa barata que no tiene ni pies ni cabeza.
Primero adecenten esa avenida de acceso, manténganla limpia, quiten las vallas derrotadas que la custodian y ya llegara el momento, si llega alguna vez, de meterle mano al entorno y tirar el adefesio que hace esquina con la calle Hércules.
Vivimos en un tiempo de decorados, de virtualidad absoluta, de apariencias desenfrenadas, donde lo que importa, al menos viendo la actitud de nuestros gobernantes, es hacer muchas cosas a la vez, vivir en una continua actuación, hacer creer que están tejiendo una ciudad fantástica, cuando la realidad nos está hablando a diario de un abandono continuo, en muchos casos en obras que se han hecho con el dinero ajeno, con esos fondos que han venido de Europa para rescatar la subida al Cerro de San Cristóbal y la zona de los jardines de la Hoya, que a pesar de su condición de escenarios monumentales también están dejados de la mano de Dios.