La Voz de Almeria

Almería

PROVINCIA DE ALMERÍA

El MacGyver de Almería que resucita tu tecnología y tus recuerdos

Un taller de barrio en El Zapillo combate la obsolescencia con una idea, '"todo tiene arreglo"

Iulian Marín sentado junto a una de las últimas piezas retro que ha devuelto a la vida: un tocadiscos Liceo

Iulian Marín sentado junto a una de las últimas piezas retro que ha devuelto a la vida: un tocadiscos LiceoVíctor Navarro

Víctor Navarro
Publicado por

Creado:

Actualizado:

“Buenos días, ¿tiene las pilita... bueno el cargador?”. “Pásate a mediodía y te lo tengo listo”. Conversaciones como esta se repiten a diario en el taller de Iulian Marin, un lugar donde la electrónica rota encuentra una segunda vida. Con una mirada rápida, casi clínica, devuelve la tranquilidad a los vecinos del barrio almeriense de El Zapillo, preocupados por la salud de sus aparatos.

El cartel de la entrada, en la avenida Cabo de Gata número 118, ofrece una promesa ambiciosa: 'Todo tiene arreglo, desde un ratón hasta una casa'. A simple vista, podría parecer un taller más de reparación de móviles y tablets, pero las paredes cuentan otra historia.

Allí, entre destornilladores, alambres y placas, se esconde un pequeño santuario de la tecnología retro. Ordenados como el Spectrum, radiocasetes ‘loros’, y una colección de móviles antiguos cuelgan como testigos de otra era.

Un autodidacta tras el 'Telón de acero'

Nacido hace 56 años en Brașov, en el corazón de Rumanía, Iulian creció entre los ecos de los Cárpatos y la sombra del mito de Drácula. Su verdadera fascinación siempre fue la electrónica. “Desde pequeño me gustaba desmontar cosas para ver cómo funcionaban. Cuando tenía 4 años, mi padre me regaló un robot que andaba y tenía luces… Lo desarmé en media hora. Eso fue lo que duró el robot y la Navidad. Al año siguiente me regalaron un avión de inox de una sola pieza.” Lo cuenta entre sorbos de café, en una taza con la cara del conde más célebre del cine de terror, evocando aquel niño curioso que se llevó algún que otro chispazo trasteando entre cables y enchufes.

En plena Rumanía socialista de Ceaușescu, el acceso al conocimiento técnico no era sencillo. Solo la revista estatal 'Technic' ofrecía contenidos especializados, y estaba reservada a funcionarios. “Veía cosas en las revistas, no tenía fotocopiadora. Entonces miraba bien, volvía a casa e intentaba dibujarlo. Si no me salía, volvía a mirar.” Así, con paciencia y curiosidad, aprendió por su cuenta buceando en la mítica publicación tecnológica. “Tengo toda la colección de 'Technic' guardada en mi casa de Rumanía. Incluso publiqué un par de artículos.”

Tras estudiar el bachillerato, hizo el servicio militar y se convirtió en oficial de la Gendarmería Nacional. Pero ni el uniforme ni las botas lo alejaron de los alicates.

El salto a España llegó por mediación de su hermano, campeón de lucha libre en Rumanía, quien le habló de Almería. “Vine huyendo de las corruptelas de la era post-Ceaușescu”, relata Iulian, explicando que en un momento de su vida se vio obligado a enfrentarse al ‘Establishment’. Una vez en la provincia, trabajó de todo, pero la electrónica siempre fue su centro de gravedad.

Lo que arreglan los almerienses

Hace tres años abrió su propio taller: Todo tiene arreglo. “Al principio arreglaba móviles y ordenadores, pero la gente empezó a traerme de todo: vaporetas, equipos de música, cintas de correr, incluso placas de aire acondicionado.” Asegura que le gustan los retos. “Si traes un satélite de la NASA, lo intento.

Iulian y su compañero de taller no se han limitado a reparar urgencias tecnológicas en smartphone, también se han convertido en los salvadores de recuerdas y nostalgias del barrio. Muchos de sus clientes llegan con aparatos antiguos que, para ellos, tienen un valor sentimental. “Un tocadiscos, una radio de los años 40, un VHS… La gente cree que ya no se pueden reparar, pero si se puede, se hace. Todo es cuestión de encontrar el componente adecuado.” 

El MacGyver de los Cárpatos

En su taller construye herramientas propias con impresoras 3D. “Algunas piezas ya no se fabrican, así que me las diseño yo mismo.” Su banco de trabajo es una mezcla entre museo, laboratorio y el mejor episodio de MacGyver: cables pelados, carcasas, piezas de plástico impresas, circuitos a medio soldar, y las entrañas de una fresadora 3D que está fabricando desde cero…

A veces, su vínculo con el taller va más allá del horario laboral. “Hay noches que no puedo dormir. Enciendo la tele y no hay nada. Entonces me vengo al taller. Aquí siempre hay algo que hacer, algo que probar.”

El ritmo es constante, pero mantiene una regla de oro: rapidez y honestidad, buscando tener todo listo en el día o al siguiente, a más tardar.

En tiempos donde todo parece desechable, donde lo nuevo se impone como dogma y lo viejo estorba, Iulian representa otra lógica: la de los años en que un aparato costaba meses de salario y se cuidaba como a un hijo. Heredero de una era en la que reparar era un acto de ingenio más que de consumo, su taller es un reducto de esa mentalidad resistente. En cada cable soldado y en cada pieza rescatada late una filosofía: lo que funciona no se tira, lo que se rompe no se olvida.

Quizá por eso, en este rincón de El Zapillo, entre memorias de la Rumanía socialista y piezas de importación china, sobrevive una idea poderosa y casi revolucionaria: “todo tiene arreglo”.

tracking