33 tambores para demostrar que inclusión y profesionalidad van de la mano: batucada Bloco Suca
El proyecto de batucada inclusiva nació hace 20 años en Granda y se ha extendido por toda España

Batucada inclusiva Bloco Suca.
Suenan los tambores desde una pequeña nave del polígono de la Juaida. El ritmo, como el latido del corazón atraviesa la puerta de chapa, pulsión que vertebra un holobionte: Bloco Suca, batucada inclusiva.
Congregadas 33 almas como movimiento humanamente organizando, que diría el etnomusicólogo Jhon Blacking. Esta batucada inclusiva nació en Granada en 2007. Desde entonces, el colectivo se ha extendiendo a Sevilla, Barcelona, Melilla o Albacete. En Almería, el grupo comenzó su andadura en octubre del año pasado, integrándose dentro de esta red estatal. Utiliza la percusión no solo como música: es lenguaje común, punto de encuentro y, para muchas personas, un lugar donde sentirse parte de algo.
El objetivo no es únicamente hacer la sociedad más inclusiva, sino empezar por casa, tratar al individuo como tal y no solo de forma asistencial. El grupo surge también como una revisión crítica del propio ámbito asociativo y cultural. Colgarse un tambor, seguir el ritmo no es fácil, pero eres acogido, te sientes parte de un todo.
Unidos por el ritmo
Bloco Suca rompe con una idea todavía muy extendida: que la inclusión está reñida con la profesionalidad. El grupo actúa en escenarios, puede ser contratado por ayuntamientos y ofrece un espectáculo cuidado, sin caer en el enfoque asistencial. Visita su Instagram @bloco_suca_almeria.
La directora del proyecto en Almería, Isabel Díaz Luque, dijo: “primero queríamos hacer más inclusiva nuestra asociación. No siempre hay facilidad para prestar los apoyos que necesitan personas con distintas discapacidades. Y esto también sirve para visibilizar que pueden estar en el ámbito artístico ofreciendo un espectáculo de calidad”.
La elección de la percusión no es casual. El ritmo es accesible, corporal, intuitivo. “Todo el mundo hace percusión. Caminar ya es percutir. Y lo primero que escuchamos es el corazón de nuestra madre. Es algo visceral, menos estandarizado, donde cada persona suma”, continúa la directora.
Evolución y crecimiento personal
No hay solistas ni jerarquías rígidas. El grupo funciona como un conjunto donde cada integrante aporta desde sus capacidades. Entre sus miembros hay padres e hijos, personas que llegaron acompañando y terminaron quedándose. "Para mí, una actividad de calidad es aquella a la que yo también iría. He trabajado muchos años en el ámbito de la discapacidad y estoy cansada de ver propuestas de ocio conformistas. Esto va un paso más allá", dice la almeriense que lleva la batuta, psicóloga y bailaora de formación.
Hay un equipo amplio detrás: dirección musical, logística, redes sociales, merchandising y organización diaria. Irene Tomé que toca el bajo y lleva las redes sociales dice que el repique, la caja y el timbau son instrumentos que requieren estudio, técnica y mucha practica. Además otra peculiaridad de esta batucada es la voz, la mayoría de estas asociaciones son solo de percusión.
La evolución de quienes participan es visible. Personas que llegan desorientadas el primer día y, con el tiempo, ganan seguridad, ilusión y compromiso. El grupo ya ha actuado en numerosos espacios y mantiene una agenda activa. Es la percepción que tienen desde la asociación.
Para ellos es importante tener una rutina de ocio, una oportunidad de ponerse delante de un público, que suele quedarse alucinado de ver cómo tocan. Bloco Suca también cumple una función social clave. “Hay personas para las que este es su único grupo de amigos. Aquí encuentran un espacio seguro, donde se les reconoce y se les deja ser”, dice Isabel.
Contrata un bolo
Los instrumentos son costosos, el alquiler del espacio y el transporte suponen un gasto constante. El grupo se sostiene gracias al apoyo de la asociación Kalima Du Samba, a donaciones puntuales y al esfuerzo personal de quienes lo impulsan. “La mejor manera de ayudarnos es contratándonos. Un bolo de 300 euros nos permite cubrir varios meses de alquiler o parte del transporte”, explica la directora.
Este transporte no es un detalle menor, sino también una forma de independencia. Muchas personas no podrían asistir si no existiera. “Si esta actividad es inclusiva, tiene que ser accesible. Si no pueden llegar, no sirve de nada”, dice Isabel.
El grupo ha crecido mucho tanto que han cerrado el cupo para poder mantener la calidad y el cuidado del proceso. El repertorio que interpretan bebe de la samba y de la tradición afro de Salvador de Bahía, históricamente ligada a la reivindicación y a los colectivos vulnerables. La música siempre ha sido refugio para quienes no han tenido recursos ni oportunidades.
Bloco Suca no es solo un grupo de percusión. Es una forma de entender la cultura como derecho, como espacio compartido y como herramienta real de inclusión. Un lugar donde el ritmo no marca diferencias, sino que las une.