Sam Neill, el hombre que fue el Indiana Jones de los dinosaurios y que habría amado la Almería más prehistórica
El paleontólogo más famoso del cine habría encontrado en la provincia una aventura de cuatro millones de años bajo el mar

El actor Sam Neill interpretando al paleontólogo Alan Grant en Jurassic Park. Steeven Spielberg.
Cuando eres niño no sabes quién dirige una película. Tampoco quién la escribe. Ni siquiera quién la produce. Te limitas a sentarte frente al televisor y dejarte arrastrar por la historia. Para muchos de los que crecimos en los años noventa, aquellas películas tenían un nombre en común: Steven Spielberg. Primero llegó Indiana Jones y la última cruzada (1989). Después, Jurassic Park (1993). Dos películas distintas, dos mundos separados y, sin embargo, unidos por una misma obsesión: la aventura.
Este lunes ha fallecido Sam Neill (1947-2026), el actor neozelandés que dio vida al paleontólogo Alan Grant, protagonista de Jurassic Park, una de los films más influyentes de la historia del cine y, por qué no decirlo, la favorita de quien firma estas líneas. Su desaparición invita a recordar no solo una carrera repleta de grandes interpretaciones, sino también a uno de esos personajes que enseñó a toda una generación que los dinosaurios no eran simples monstruos de cine, sino animales que alguna vez caminaron sobre la Tierra.
Sam Neill nunca cabalgó por Tabernas ni rodó entre los paisajes de Almería. Sin embargo, para quienes crecimos entre Indiana Jones y Parque Jurásico, Alan Grant, de alguna manera, tiene algo de aquel que convirtió la provincia en uno de los grandes escenarios del cine de aventuras: el arqueólogo que encontró las piedras de Sankara, el Arca del Alianza y el Santo Grial.
Necesita huesos, estratos y huellas
No era casualidad. Alan Grant era, en cierto modo, el Indiana Jones de nuestra generación. Si el 'Indy' de Harrison Ford perseguía reliquias por desiertos, templos y ciudades perdidas, el paleontólogo interpretado por Sam Neill perseguía un pasado mucho más remoto.
Uno reconstruía la historia del ser humano; el otro intentaba comprender la historia de la propia Tierra. Ambos eran profesores universitarios, desconfiaban de los despachos, preferían mancharse las botas y acababan convirtiéndose, casi sin buscarlo, en héroes de aventuras extraordinarias bajo un sombrero molón.
No se el actor neozelandés, pero su personaje probablemente habría disfrutado más recorriendo los yacimientos de Almería que cualquiera de sus escenarios de cine. Porque existe una conexión entre Alan Grant y esta provincia que nunca necesitó de Hollywood: su pasado remoto.
Si el paleontólogo de Jurassic Park hubiera visitado la provincia, difícilmente se habría dejado impresionar por los discursos institucionales o los folletos turísticos. Grant no era un hombre fácil de entusiasmar. Durante toda la película se muestra prudente, racional y profundamente escéptico a los artificios burocráticos y empresariales. Necesita pruebas. Huesos, estratos o huellas. Evidencias capaces de contar una historia. Y en Almería alguno que otro se puede encontrar.
La excavación de la ballena prehistórica
Mientras la mayoría de los visitantes contempla una provincia árida y plastificada, Grant habría visto un antiguo mar. Hace entre cuatro y cinco millones de años, buena parte de la actual cuenca de Almería-Níjar, Viator y el Bajo Andarax permanecían sumergidos bajo una amplia bahía marina.
Donde hoy se levantan carreteras, huertas de naranjas, invernaderos y ramblas nadaban cetáceos, tiburones, tortugas y numerosas especies marinas cuyos restos todavía permanecen ocultos entre los sedimentos.
Su primera parada probablemente habría sido el yacimiento de Monte Palmo de Salas, en Viator. Allí apareció uno de los hallazgos paleontológicos más importantes de la provincia: una enorme ballena barbada del Plioceno, de entre diez y doce metros de longitud. Junto a su esqueleto aparecieron dientes de tiburón y marcas de mordeduras sobre algunos huesos.
Una especie de grandes mandibúlas
Alan Grant recorrería el esqueleto en silencio antes de comenzar a reconstruir mentalmente lo sucedido, evitando la tecnología, su mayor depredador. Imaginaría al cetáceo atravesando aquella antigua bahía, su muerte, el cuerpo descendiendo lentamente hasta el fondo marino y varios tiburones aprovechando el cadáver antes de que los sedimentos terminaran por sepultarlo durante millones de años. No vería únicamente huesos. Vería comportamiento animal, corrientes marinas, carroñeros y tiempo geológico. Era exactamente así como funcionaba su cabeza en Jurassic Park.
Seguramente también se detendría en un detalle que cualquier paleontólogo consideraría fascinante: algunos rasgos anatómicos del ejemplar son tan poco comunes que los investigadores incluso han planteado la posibilidad de que pertenezca a una especie todavía no descrita científicamente, debido a una gran mandíbula (de 3 m.) y grandes aletas con respecto al cuerpo.
¿Hubo dinosaurios en Almería?
Alguien le haría la pregunta que termina apareciendo en todas las visitas guiadas y en casi cualquier conversación sobre paleontología. —Entonces... ¿en Almería nunca hubo dinosaurios? Grant probablemente esbozaría una leve sonrisa de arrogancia antes de responder con unos ojos cubiertos por unas gafas de sol de aviador. "Eso no es lo que dicen las pruebas". Porque esa era una de sus grandes virtudes como científico: distinguir entre lo que sabemos y lo que simplemente creemos.
No existen fósiles confirmados de dinosaurios en la provincia. Ni esqueletos. Ni huellas. Ni yacimientos comparables a los de Teruel, La Rioja o Cuenca. Pero para el paleontólogo, la ausencia de fósiles nunca ha significado ausencia de animales.
Puede que algunos dinosaurios caminaran por el territorio que hoy ocupa Almería y que sus restos jamás llegaran a conservarse. Puede que continúen enterrados. O puede, sencillamente, que todavía nadie los haya encontrado.
Grandes criaturas
Grant explicaría que encontrar dinosaurios no depende únicamente de que hayan existido, sino también de que la geología les haya permitido llegar hasta nosotros. Y en Almería, el paso del tiempo no habría sido especialmente amable con ese tipo de restos. Durante millones de años, el terreno se elevó, se fracturó y fue modelado por la erosión como consecuencia de la formación de las Cordilleras Béticas, un proceso que pudo borrar, ocultar o alterar parte del registro fósil más antiguo.
A continuación dirigiría la atención hacia las propias rocas. Las que hoy afloran en buena parte de la provincia son mucho más recientes que la época de los dinosaurios. Corresponden, en su mayoría, al Mioceno y al Plioceno, cuando extensas áreas de Almería permanecían bajo el mar. La geología no ha conservado un mundo de dinosaurios. Ha conservado otro distinto, igualmente extraordinario ballenas, tiburones, cetáceos, sirenios y otros grandes animales marinos. Y las evidencias, en Almería, hablan de un inmenso mar desaparecido donde existieron criaturas gigantes.
Grant no vería esa ausencia como una decepción, aunque no llevaran el nombre de Tyrannosaurus o Velociraptor. Probablemente terminaría encogiéndose de hombros con esa media sonrisa tan característica de Sam Neill. "La vida se abre camino".
Adiós Sam Neill
El protagonista de Jurassic Park no nos enseñó solo a maravillarnos con los dinosaurios. Nos enseñó a mirar el suelo con curiosidad, a entender que bajo nuestros pies se esconde la historia del planeta y que cada fósil es una pregunta antes que una respuesta. Si no se conoce que Sam Neill trabajase en Almería, no cuesta imaginar un lugar donde Alan Grant se hubiera sentido más cómodo.
Porque, igual que él, esta tierra obliga a mirar más allá del paisaje. Obliga a imaginar lo que ya no existe, como en el desierto de Montana y el hallazgo del velocirraptor. Y eso era exactamente lo que Sam Neill conseguía cada vez que aparecía en pantalla: hacer creíble un pasado imposible. Hoy desaparece el actor. Alan Grant, sin embargo, seguirá recorriendo desiertos, excavando entre rocas y recordándonos que el tiempo siempre deja huellas para quien sabe dónde mirar.