Almería lleva la IA a su economía real con un Summit sobre agro, turismo y salud
El II AlmerIA Summit, celebrado el miércoles, reúne en el Maestro Padilla a cerca de 350 asistentes

Jose Saldaña, cofundador de Almia y fundador de la comunidad IA en Almería, con Javier Martínez, responsable de ingeniería de cliente de Google Cloud para España y Portugal.
Almería ha vuelto a situar la inteligencia artificial en un terreno útil, aplicable y directamente conectado con su realidad económica con la celebración del II AlmerIA Summit 2026 en el Auditorio Maestro Padilla.
La cita, celebrada el 25 de marzo, nació con una vocación muy concreta: sacar la IA del plano teórico y llevarla al espacio donde hoy se decide la competitividad de las empresas, la capacidad de adaptación de los sectores productivos y la calidad de los servicios. Una jornada orientada a comprender el presente de la inteligencia artificial y su entrada real en la actividad de empresas, instituciones y profesionales.
La respuesta del público confirmó que el interés por esta conversación ya no pertenece solo a especialistas ni a perfiles estrictamente tecnológicos. Con casi 350 asistentes, el Summit evidenció que en Almería existe una demanda creciente de espacios serios, bien orientados y conectados con la economía real para analizar el impacto de esta tecnología.
El evento estuvo organizado por Inmdedia Almería y contó con el patrocinio de Almia, La Voz de Almería y la comunidad IA en Almería, una fórmula que expresa bien la naturaleza de la jornada: empresa, comunicación y comunidad tecnológica alineadas para abrir una conversación útil sobre transformación aplicada.
Una arquitectura muy clara
Lejos de plantearse como un encuentro abstracto o excesivamente técnico, el programa del II AlmerIA Summit estuvo diseñado con una arquitectura muy clara.
Con la conducción de Jose Saldaña, cofundador de Almia y fundador de la comunidad IA en Almería, la apertura del Summit corrió a cargo de Javier Martínez, presentado en la información previa como responsable de ingeniería de cliente de Google Cloud para España y Portugal.
Su intervención aportó el marco imprescindible para leer la jornada en clave amplia. La inteligencia artificial ya no puede interpretarse como una herramienta marginal ni como un experimento reservado a grandes corporaciones tecnológicas. Se ha convertido en una nueva infraestructura de competitividad que afecta al modo en que las organizaciones analizan información, automatizan tareas, conectan conocimiento, reducen fricciones y toman decisiones. Desde esa perspectiva, la ponencia inaugural cumplió una doble función: elevar el nivel del programa y, al mismo tiempo, aterrizar una idea central para el tejido empresarial local. La cuestión ya no es si la IA llegará, sino cómo se incorpora con criterio a la operativa de empresas, administraciones y sectores estratégicos.
A partir de ahí, uno de los grandes núcleos del encuentro fue la mesa dedicada al agro, un bloque especialmente relevante en una provincia donde este sector no solo tiene un peso estructural, sino que representa uno de los entornos más exigentes y, al mismo tiempo, más fértiles para la aplicación real de la inteligencia artificial.
Para ello, el panel reunió a Enrique de los Ríos, de Unica Group; José Luis Molina, de Hispatec; Albert Duaigües, de Raw Data; y Joaquín Soriano, de IKOS Tech.

Ponentes en la mesa dedicada al agro: Enrique de los Ríos, de Unica Group; Albert Duaigües, de Raw Data; José Luis Molina, de Hispatec, y Joaquín Soriano, de IKOS Tech.
Moderada por Kiko González, cofundador de Almia, la mesa agro dejó una lectura especialmente madura del momento que atraviesa el sector. El agro se encuentra en un punto de inflexión crítico, el éxito del sector ya no puede medirse solo en kilos por hectárea, sino en la capacidad de ajustar calidad, timing, demanda y rentabilidad. La inteligencia artificial aparece ahí no como un reclamo de modernidad, sino como una herramienta de apoyo para tomar mejores decisiones, reducir desviaciones, anticipar escenarios y optimizar procesos en toda la cadena. El cambio de paradigma es profundo: el valor competitivo no reside ya exclusivamente en el volumen, sino en la capacidad de combinar producción, información y mercado con mucha mayor precisión.
La mesa también dejó claro que no hay atajos hacia la inteligencia artificial. La IA solo tiene utilidad real si se apoya sobre una base previa de digitalización seria y datos de calidad. Sin procesos ordenados, sin sistemas conectados y sin información fiable, la inteligencia artificial pierde gran parte de su capacidad transformadora. Dicho de otro modo, el dato es el combustible del nuevo modelo, y por eso la transición no empieza cuando una empresa compra una herramienta, sino cuando decide transformar de verdad su forma de trabajar, profesionalizar su información y conectar mejor todos los eslabones de su operativa.
En este proceso, las organizaciones, especialmente cooperativas y grandes estructuras empresariales, adquieren una importancia decisiva. Su papel ya no puede limitarse a ordenar la comercialización o concentrar oferta, sino que debe extenderse a liderar la integración digital de toda la cadena, desde el campo hasta el mercado. En una provincia como Almería, donde la escala, la coordinación y la transferencia tecnológica son determinantes, esta función puede resultar clave para que la modernización no quede fragmentada y se convierta en una verdadera ventaja competitiva colectiva.

Kiko González, cofundador de Almia.
Otro de los mensajes más consistentes de la mesa agro fue el referido al talento. La transición del sector no se sostendrá solo con tecnología, en ese punto, la formación apareció como una condición crítica del cambio. No basta con incorporar herramientas; es necesario que directivos, mandos intermedios y equipos técnicos comprendan su lógica, sus límites, su valor y su encaje operativo.
Pero la mesa fue más allá de la formación y apuntó a una cuestión aún más profunda: la necesidad de construir cultura empresarial. Sin esa cultura, la tecnología entra, pero no transforma. Y esta es, probablemente, una de las grandes conclusiones estratégicas del bloque agro: la IA será decisiva, sí, pero solo para aquellas organizaciones capaces de combinar visión empresarial, integración digital, capacitación interna y cultura de cambio.
La segunda gran mesa estuvo dedicada al turismo, otro de los sectores donde la inteligencia artificial está empezando a cambiar no solo herramientas concretas, sino formas de interpretar el destino, organizar la gestión, leer al visitante y diseñar mejores servicios.
El panel reunió a Amalia López Yélamos, del Ayuntamiento de Roquetas de Mar; Luis Javier Gadea, de SEGITTUR; y Andrés Martínez Vidal, de iUrban, para abordar cuestiones como la gestión de flujos, la personalización de servicios y la mejora de la experiencia del visitante. El planteamiento fue, de nuevo, especialmente certero: no hablar del turismo desde una lógica genérica, sino desde la intersección entre innovación pública, gobernanza, inteligencia del dato y soluciones tecnológicas aplicadas.
La fuerza de esta mesa residió en la combinación de tres planos complementarios. Por un lado, la visión institucional de destino. Por otro, la perspectiva estratégica y metodológica de una entidad como SEGITTUR, central en la evolución del concepto de destino turístico inteligente en España. Y, finalmente, la capa de aplicación práctica que aporta iUrban, especializada en soluciones tecnológicas ligadas a la información, los servicios y la atención al visitante. La conclusión fue especialmente útil para Almería: la inteligencia artificial aplicada al turismo no debe entenderse como un simple adorno innovador, sino como una infraestructura de valor para gestionar mejor, conocer mejor y servir mejor. En otras palabras, para elevar competitividad, eficiencia y calidad de experiencia en un sector donde cada vez resulta más importante anticipar, personalizar y ordenar.
El cierre del II AlmerIA Summit amplió la conversación hacia el ámbito sanitario con la intervención estelar del doctor Carlos Mascías, director médico del Hospital Universitario HM Madrid Río. Su ponencia introdujo una reflexión de fondo sobre el futuro mismo de la profesión médica y sobre el tipo de sistema sanitario que se perfila en un contexto de aceleración tecnológica.

Carlos Mascías, director médico del Hospital Universitario HM Madrid Río.
La tesis central de su intervención fue contundente: el modelo tradicional del médico como poseedor exclusivo del conocimiento ha terminado. En un entorno donde la inteligencia artificial ha multiplicado su capacidad para procesar datos, identificar patrones y apoyar el diagnóstico, el conocimiento deja de ser monopolio del profesional y pasa a estar accesible de un modo mucho más amplio. A partir de ahí, Mascías planteó una de las ideas más potentes de la jornada: el futuro pertenece al “médico aumentado”, aquel que delega en la IA las tareas técnicas y algorítmicas para concentrarse en el espacio irreemplazable de lo humano.
Ese núcleo diferencial quedó resumido en un concepto de enorme fuerza: el “2% de humanidad”. Es ahí donde residen la compasión, la gestión de la vulnerabilidad, la escucha, la presencia y la capacidad de acompañar al paciente en el momento en que más lo necesita. La tecnología, según esta visión, no empuja necesariamente a la medicina hacia la deshumanización; al contrario, obliga a redefinir con mayor exigencia el verdadero valor del profesional. Ya no como una Wikipedia con bata, sino como la figura capaz de interpretar, sostener, decidir y servir allí donde la fragilidad humana exige algo más que información.
La intervención también introdujo una crítica de fondo al actual modelo sanitario. La inercia institucional, la resistencia cultural al cambio y el peso de un esquema hospitalocentrista aparecen como barreras que el sistema tendrá que revisar si quiere aprovechar de verdad el potencial de la inteligencia artificial. El planteamiento apuntó hacia un modelo más descentralizado, más apoyado en integración tecnológica y más orientado a la experiencia del paciente. Es decir, hacia una sanidad en la que la tecnología no sustituya la relación clínica, sino que libere tiempo, capacidad y atención para dignificarla.
Vista en su conjunto, la jornada dejó una idea nítida: la inteligencia artificial ya forma parte de la conversación seria sobre competitividad, modernización y futuro de los territorios. En el agro, su valor está en la decisión, la predicción y la calidad. En el turismo, en la personalización, la inteligencia operativa y la mejora de la experiencia. En la salud, en la reconfiguración de procesos, roles y modelos de atención. Lo importante del II AlmerIA Summit no fue afirmar que la IA viene, sino mostrar que ya está aquí y que su impacto ya se deja ver en sectores centrales para la provincia.
En ese sentido, el Summit no se limitó a reunir voces cualificadas en torno a una tecnología de actualidad. Construyó una narrativa más ambiciosa y más útil: la de una Almería que quiere entender el cambio, intervenir en él y aplicarlo allí donde más importa. No como un gesto cosmético, sino como una decisión estratégica vinculada a su tejido empresarial, a sus servicios y a su futuro económico.