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Marco Rubio vuelve al tendido ocho

Marco Rubio vuelve al tendido ocho

Jacinto Castillo
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A Marco Rubio le queda sólo una espina después de dejar el cargo de presidente de la Plaza de Toros de Almería, como es la de no haber indultado a un toro. Y no es porque se arrepienta de no haber sacado el pañuelo naranja a ninguno de los que se han lidiado en estos 14 años, ya que comparte plenamente el espíritu del Reglamento en este sentido, que subraya la excepcionalidad como condición para que se produzca este hecho. “No comparto la tendencia de considerar el indulto como una trofeo más”, explica el usía saliente, lamentando, en parte, que no hubiese saltado a la arena un toro con los méritos suficientes.


No obstante, Marco reconoce las virtudes  del toro de Almería y asegura que ha ido mejorando con el tiempo.    
Marco Rubio vuelve ahora a su condición de aficionado, de espectador del tendido 8, donde conserva su abono. Vuelve con una perspectiva diferente de la Fiesta, que también le ha cambiado en parte como persona. Los 14 años de presidente le han enseñado a ver los toros de otra manera y, ahora, sin las exigencias y las responsabilidades del cargo, asegura que está ya preparado para disfrutar aún más de los toros.


Este año, de presidencia compartida con su sucesor Benjamín Hernández Montanari, ha vivido ya, en parte esa manera de ver una corrida. Sin perder de vista su papel aún, pero con una confianza absoluta en el nuevo presidente . “Benjamín va a ser un buen presidente, entre otras cosas, porque es un buen aficionado”, comenta Marco, que abre la reflexión a renglón seguido sobre las distintas maneras de asumir la presidencia de una plaza de toros.  “He desempeñado este papel tal y como soy y siempre he aceptado las críticas con el mismo agradecimiento que las alabanzas o las felicitaciones” explica. A fin de cuentas, la frase “se torea como se es”, parece aplicable a la presidencia, según este aficionado que hace 14 años fue el primero que subió al palco de Almería sin pertenecer a los cuerpos policiales.


Catorce años son muchos para ejercer esta función en solitario. De hecho, Marco explica que en esta ciudad se prefirió mantener un criterio constante en la presidencia sin recurrir como en otras plazas , a elegir  más de un presidente. Y el criterio es algo que, según la experiencia de Marco, es algo que se va amoldando conforme el cargo va generando situaciones complicadas y exigentes.


Medio en serio, medio en broma, Marco “lamenta” sin acritud que fuese una corrida de rejones la última que le tocara presidir y reconoce que le dio las dos orejas a Hermoso de Mendoza siendo un poco más benévolo de la cuenta, “porque no era una tarde para negarlas”. Con todo, reconoce la labor de asesoramiento de Emilio Lentisco y su progresivo avance en el conocimiento del rejoneo, en el que “como la mayoría de aficionados” no había profundizado demasiado antes de ser presidente.


Marco rubio ha preferido siempre tener en cuenta al público, ser consciente de cómo es realmente la afición almeriense, a la que califica de “festiva y positiva, aunque es mucho más exigente de lo que parece”. no confiere demasiada importancia a las orejas, ya que considera un tanto injusta la estadística fría de los trofeos de un torero e invoca, ya como aficionado, la importancia de la vuelta al ruedo, casi en desuso, por lo que tiene de reconocimiento del público para con el torero. “He dado orejas que como aficionado no habría pedido”, aclara de manera elocuente sobre el siempre controvertido asunto de los pañuelos.


Ahora, la perspectiva de Marco comienza a ser distinta, pero la experiencia se ha quedado dentro. Ahora, desde el tendido ocho o desde el burladero de expresidentes verá los toros en toda su verdadera dimensión.


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