De azafata a piloto: la almeriense Ruth Ruano, forma parte del 5% de mujeres piloto del mundo
Ruth pilota un Airbus 320 en rutas internacionales por Asia y prepara su salto al Airbus 330

Ruth Ruano, piloto internacional.
La almeriense, Ruth Ruano forma parte del 5% de mujeres piloto en el mundo, trabaja para la aerolínea estatal de Sri Lanka y lleva la pasión por la velocidad en la sangre desde niña.
“No, mi padre no es piloto”. Ruth Ruano Carmona lo dice entre risas, casi anticipándose a la pregunta. Porque se la han hecho tantas veces que ya forma parte del guion. Como si para que una mujer se siente en la cabina de un Airbus tuviera que haber heredado las alas. Pero no. Ni su padre es piloto, ni tiene tradición familiar en la aviación, ni nadie le abrió puertas. Esta almeriense del Paseo se las abrió sola.
Hoy pilota un Airbus 320 para SriLankan Airlines, la aerolínea estatal de Sri Lanka, vuela por Asia, Oriente Medio o Europa y se prepara para dar el salto al Airbus 330. Forma parte de ese 5% de mujeres piloto a nivel mundial en una profesión que, aunque avanza, sigue teniendo acento masculino.
Del uniforme de azafata al asiento izquierdo
Su historia en el aire comenzó con 19 años, cuando hizo el curso de azafata de vuelo en Almería. “Antes de terminar ya estaba trabajando. Fue un éxito total”, recuerda. Era 2003 y empezaba una etapa de 13 años volando como tripulante de cabina por medio mundo: Palma de Mallorca, Madrid, Málaga, Londres, París, Rusia, Estados Unidos…

Ruth Ruano en la cabina con otra compañera.
Pero mientras servía cafés a 10.000 metros, su cabeza estaba en otro sitio. “Siempre he querido ser piloto, pero nunca tenía el dinero, ni el tiempo, ni el momento. Hasta que con 30 años dije: ya está, esta es la mía”.
Y fue literal. Se pagó la carrera con sus propios ahorros. Formación en Palma, horas en Estados Unidos, etapa en Suiza. Estudio, disciplina y sacrificio. Entre medias, dos hijos —hoy de 8 y 6 años— y una pandemia que paralizó el mundo.
“Paré por la maternidad y luego vino el COVID, pero sabía que iba a volver”. En 2022 empezó a volar como piloto en Bulgaria. Y ya no se bajó de la cabina.
Pasión por el motor… desde siempre
Lo suyo no es casualidad. Es vocación pura. “Conducía motos con ocho años”, cuenta entre risas. “Me encanta todo lo que tenga motor: motos, coches, aviones… y si no tiene motor, también, porque soy una loca de la bici. Me encanta la velocidad”.

Ruth Ruano junto a su tripulación.
Ese amor por el movimiento, por la máquina, por la adrenalina, la define tanto como su disciplina. Volar no es solo un trabajo. Es su hábitat natural.
“Me encanta tener esa responsabilidad. Llevar tantas vidas detrás y que todo salga perfecto. Es un reto enorme y eso me motiva”.
Volar en Asia: monzones y presión
Desde hace unos meses vive entre Colombo y Mallorca. Trabaja un mes en Sri Lanka y regresa dos semanas a casa con sus hijos. Un modelo exigente que en aviación se conoce como ‘commuting’. “Es duro, claro, pero cuando tienes un objetivo, buscas la manera”.

Ruth Ruano en la cabina con otra compañera.
En Asia ha encontrado un escenario que le apasiona: meteorología complicada, monzones, aeropuertos exigentes. “Muchas veces dices: madre mía, aquí me voy a matar. Pero luego sales. Y sales más fuerte”.
Rompe también otro tópico. “La gente piensa que las mujeres somos más miedicas, pero en situaciones de tensión yo estoy súper tranquila. De hecho, hay estudios que dicen que las mujeres aguantamos mejor bajo presión. Muchos hombres entran antes en pánico. Yo no”. Y lo dice con serenidad, no con desafío.
Demostrar… siempre un poco más
Aunque cada vez hay más mujeres en cabina, siguen siendo minoría. “Antes sabías quién era cada piloto mujer porque éramos cinco o seis. Ahora somos más, pero sigue siendo un mundo de chicos”.

Ruth Ruano con uno de sus compañeros.
Y eso se nota. “Siempre parece que tienes que demostrar más. Que tienes que explicar tu formación para que entiendan que estás ahí por méritos propios”.
Ruth es diplomada en Ciencias Empresariales, directora de marketing, piloto comercial e instructora. Aspira a ser comandante próximamente. Y aun así, la pregunta vuelve. “¿Tu padre era piloto? ¿Tu novio es piloto?” Sonríe otra vez. “No. Mi padre no es piloto”.
Mirando al futuro
Inquieta, curiosa, inconformista, ve el futuro como algo incierto, en el que la incursión de la Inteligencia Artificial puede cambiar todo cuanto conocen hasta ahora. La IA ahora se usa para predecir incidentes y accidentes aéreos mediante análisis de datos masivos.
“La inteligencia artificial va tan rápido que da miedo. En unos meses puedes tener todos los datos del mundo procesados”.
Sabe que la aviación cambiará en las próximas décadas, pero no le asusta el futuro. La ha definido siempre la misma palabra: luchadora.
“Todo el mundo que me conoce dice lo mismo: no te preocupes por Ruth, porque Ruth siempre sale adelante”.
Y así, desde el Paseo de Almería hasta los cielos del Índico, esta almeriense sigue demostrando que el talento no entiende de géneros ni de herencias. Solo de trabajo, pasión… y velocidad.