Diaga, Daniel y los jesuitas de Pueblo Blanco: la regularización que viene
"El senegalés también es almeriense. Y no es un número"

Imagen de archivo de los asentamientos de Níjar.
“Hola, soy Diaga Faye. Soy de Senegal y llegué a España el 18 de octubre del año 2020. Vine aquí (a Tenerife) en una patera”. Diaga Faye es un nombre real. Un africano que trabaja de sol a sol. Un padre que no ha visto a su pequeño. Un temporero sin derechos laborales. Un extranjero sin papeles. En Canarias sobrevivió cinco largos y agónicos meses y después voló a Madrid, donde permaneció sesenta días, para acabar aterrizando en la ciudad de Valencia. Una asociación le aconsejó viajar a Granada. Y eso hizo. Y meses más tarde, Almería. Es el viaje de un joven que lucha por adaptarse bajo la piel de un invernadero en medio de una sociedad a veces hostil y que sueña con volver a su país para ver a su hijo, a quien no conoce. Con el proceso de regularización en marcha, Diaga será un ciudadano con derechos. Y podrá abrazar a su familia.
Qué has dejado en Senegal, Diaga.
Tengo una familia grande. Vivía con mi padre y mi madre, hermanas y hermanos. Tengo mujer.
No has visto a tu hijo, Diaga.
Se llama Lamine. Lo veo solo en el móvil por vídeo. Su edad es... Nació el 22 de noviembre de 2020. Ahora tiene cinco años y dos meses.
Diaga no vio nacer a su bebé porque partió hacia España antes de que su mujer diera luz. Se ha perdido seis años de su vida. Su aventura no ha sido por gusto. Cogió la barca de la muerte para asegurar un futuro a su familia. Ocurre que el futuro no llega.
Cuando te subiste a la patera tu hijo estaba a punto de nacer...
Yo llevo más de ese tiempo en España. Mi mujer estaba embarazada cuando vine. Tengo muchas ganas de abrazarle.
Por fin, la luz.
He intentado arreglar mis papeles cuatro o cinco veces, pero siempre tenía problemas y mala suerte. Ahora, gracias a Dios y gracias al Servicio Jesuita de Migrantes (SJM) de Almería, veo que podré arreglar mis papeles.
Porque ahí está Dani.
Gracias a Dani, que me ayuda a arreglar mis cosas, ahora estoy feliz.
Dani es Daniel Izuzquiza. Es un sacerdote enamorado de Cristo y se nota no solo porque cuelga una cruz en sus camisas. Lleva 30 años trabajando con migrantes. Es jesuita. Dicen de este químico, teólogo y antropólogo que es un hombre creativo, comprometido, líder. Con él está Joaquín Salord, jesuita de Menorca que ha estado 16 años en Camboya y en 2017 comenzó a ocuparse de las infraviviendas. Y María Ruiz, religiosa de la Compañía de María. Y Kadhija Jiouak, una joven filóloga marroquí “criada en el Poniente”. Y Alma Ediht Villaseñor, mexicana y “comunicadora” entusiasta. Y Clara Salom, otra joven abogada proactiva. Y Xisca Monserrat, trabajadora social acostumbrada a lidiar con los más débiles. Y un creciente ejército de voluntarios que acompañan al SJM en Almería en los asideros donde campan los más desgraciados. Su alma, la sede, está en Pueblo Blanco y tiene nombre profético: Casa Arrupe. Pronto llegarán al barrio de San Luis para gestionar otra casa: el viejo Seminario; mañana, el Centro Papa Francisco.
Qué impacto tendrá esta regularización, Daniel.
Estaríamos hablando de entre 10.000 y 20.000 personas. Están haciendo una aportación significativa porque la mayoría están trabajando en situación irregular y están asentadas en nuestro territorio.
Más de 80 movimientos católicos pidieron en su día este proceso.
La campaña de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) hablaba de personas esenciales para cultivar nuestros tomates, cuidar a nuestras personas mayores, en el sector de la hostelería y en la construcción. Y hay otros muchos que no pueden trabajar, pero quisieran hacerlo, están aquí y tienen buena disposición.
Explique los requisitos.
Son medidas sencillas. Una es acreditar el período de estancia. Otra es no tener antecedentes penales o policiales. En Almería, en muchos de los pueblos es muy difícil acceder al padrón. Se puede acreditar a través de otros medios.
Por ejemplo...
Haber estado en el médico, haber enviado dinero, haber participado en un curso de castellano, tener un certificado de formación... Hay distintas maneras de probar documentalmente que esta persona ha vivido aquí.
Diaga Faye ahora sí podrá ver a su hijo.
Lleva seis años y ha tenido mala suerte. Ha intentado regularizar cinco veces sus papeles. En Navidad me dijo que estaba dispuesto a volver a su país, que necesitaba ver a su mujer, a su hijo. Trabaja, tiene un jefe, pero es un caso sangrante porque el motor que a él le ha hecho salir de su país es la familia, buscar un horizonte de esperanza, de futuro, y es desgarrador ver que ha renunciado a ver a su hijo crecer. Los sacrificios que una persona como Diaga han tenido que hacer, los costes personales que eso supone... Y, al mismo tiempo, está contribuyendo al desarrollo de nuestra provincia...
Para vosotros, se evangeliza con la obra.
El Evangelio es anunciar la Buena Noticia. Decía San Francisco de Asís que hay que predicarlo con la vida y, en ocasiones, con la palabra. Lo que nosotros hacemos es mostrar la ternura, la cercanía, el cariño y el amor de Dios a personas que están muy machacadas.
Están metidos a saco.
Acompañamos a los grupos. Insistimos en las clases de castellano porque es una herramienta básica para la integración social. Tenemos un programa de vivienda transitoria que facilita que las personas que viven en los asentamientos chabolistas puedan acceder a un hogar normalizado y ahora gestionamos unas 80 plazas residenciales. Y hacemos formación, búsqueda de empleo, asesoría jurídica...
Centro Papa Francisco. El Diocesano será el corazón de las periferias.
En 2026 iremos poniendo en marcha las primeras iniciativas: cursos de formación de camareros, electricistas, montadores de placas solares...
¿Hay fecha ya?
Hay que arreglar la caldera, ajustar la normativa y acreditar el centro, pero esperemos que sea en el primer semestre de 2026. Serán cursos de 15 personas. Tenemos que hacer una buena selección con gente motivada, con un nivel aceptable de castellano. Estamos en conversaciones con distintas entidades para las prácticas. Queremos que la oferta formativa sea consistente, buena para los inmigrantes que se van a formar y para el conjunto de la sociedad y de los empresarios.
Posdata: Diaga es también almeriense. Y no es un número.