“Me siento acompañada en mi día a día”
La Voz de Almería presenta la serie de relatos “Una mirada a las mujeres que dan sentido al trabajo en Clece”

Tana con su auxiliar de ayuda a domicilio, Elisabet.
En Pechina vive Sebastiana, aunque todos la conocen como Tana. Tiene 88 años y una vida marcada por el esfuerzo y la capacidad de salir adelante desde muy pequeña. Nació en Fiñana y perdió a su madre cuando apenas tenía ocho meses. Tras su fallecimiento, se fue a vivir con sus tíos y, con solo 14 años, se trasladó a Almería. Aquellos primeros años le enseñaron pronto a adaptarse y a no rendirse.
Pasaba temporadas en un cortijo en Pechina y fue allí donde conoció a su primer marido. Sin apenas saber leer ni escribir, y en una época marcada por enormes dificultades, comenzó junto a su marido a regentar un bar “La Tana”, cuya base era el braseado y la carne con tomate.
Fueron tiempos duros, en los que el local estaba frecuentado únicamente por hombres y en los que tuvo que soportar comentarios que no siempre fueron fáciles. Aun así, siguió adelante. De aquel amor guarda un recuerdo cariñoso, aunque breve, pues Sebastiana quedó viuda a la temprana edad de 22 años.
Más adelante, se cruzó en su camino el que sería su segundo esposo, Juan Fernández, con el que compartió 60 años de matrimonio. Con su segundo esposo llegó a tener dos bares en Pechina, uno en la plaza del pueblo y otro en la calle Real, este último aún abierto y convertido hoy en el sustento de su familia. Allí trabajan actualmente sus tres hijos y su nuera, continuando el legado que tanto esfuerzo le costó construir.
En la actualidad, Tana es usuaria del Servicio de Ayuda a Domicilio de la Diputación de Almería, gestionado por Atende. “La Ayuda a Domicilio me facilita mucho el día a día, mi auxiliar y yo nos ponemos mano a mano y nos ayudamos mutuamente, me anima a seguir activa”, explica.
Mantiene su autonomía y valora especialmente la relación con su auxiliar, Elisabet. “Tenemos muy buena relación, y esa ayuda diaria me despeja y me ayuda mucho, tanto en casa como a nivel social, con nuestras charlas y paseos”.
La cocina sigue siendo también una parte importante de su identidad. Aprendió de forma autodidacta, observando y practicando, hasta convertir platos como el braseado, el ajillo, la carne con tomate o las migas en su sello personal. Incluso hoy, en fines de semana o fechas señaladas, le gusta volver a los fogones
Historias como la de Tana, María, Juana o Ana María —protagonistas de las otras entregas anteriores de esta serie—, permiten entender el valor real de servicios que muchas veces pasan desapercibidos.
Detrás de cada visita, de cada paseo o de cada tarea compartida, hay algo más que asistencia: hay acompañamiento, escucha y una forma de sostener la vida en su etapa más delicada. Es ahí donde el trabajo de Clece y filiales adquiere sentido, no solo desde lo profesional, sino desde lo humano, haciendo posible que estas mujeres sigan siendo dueñas de su día a día.