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El último guardián del calzado: Antonio Cintas, el zapatero de Almería premiado por su trayectoria

El zapatero olulense lleva 26 años al frente de un taller que da servicio a vecinos de toda la comarca y parte de la provincia

Antonio Cintas, zapatero de Olula del Río, trabajando en su taller.

Antonio Cintas, zapatero de Olula del Río, trabajando en su taller.La Voz

Guillermo Mirón
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Que a Antonio Cintas Marín le apasiona su oficio no es ningún secreto. Basta intercambiar dos palabras con él para ser consciente. Se le pregunte lo que se le pregunte a este zapatero de Olula del Río que acumula 26 años de experiencia la respuesta siempre lleva a lo mismo. ¿Relevo generacional? La respuesta incluye el afilado del calzado. ¿La posible extinción de un oficio? Saca a colación los trabajos de ortopedia o contra el plástico que suele realizar.

Así es conversar con uno de los últimos 'guardianes de suelas' de la provincia de Almería y cuya zapatería tiene la inmensa suerte de albergar el municipio de Olula del Río desde hace justo 26 años

Antonio Cintas al recoger el premio andaluz recientemente.

Antonio Cintas al recoger el premio andaluz recientemente.La Voz

Su taller en la localidad olulense va más allá de ser un simple local comercial por varios motivos. Uno de ellos lo deja claro el propio Antonio. "De Huércal-Overa a Baza estoy yo solo, que hay casi 100 kilómetros", manifiesta. Es por lo tanto un punto de encuentro pero también de resistencia para un oficio dando servicio a miles de vecinos que se niegan a sucumbir a la cultura del usar y tirar.

De hecho, esta incalculable aportación de más de dos décadas ha sido premiada en la primera gala de Andalucía al trabajo autónomo. Antonio, con la voz templada del que conoce los secretos de su arte, valora profundamente que "la Junta haya tomado esta decisión, esta iniciativa para apoyar a los autónomos, que somos muchos".

Un servicio cada vez más difícil de encontrar

La realidad de este oficio, sin embargo, conjuga cierta melancolía con preocupación ante la falta de relevo generacional, como ocurre con otros tantas actividades centenarias. Y es que al panorama de 'soledad' profesional antes descrito se le une que los compañeros de profesión ubicados "en Puerto Lumbreras y Huércal-Overa" tienen previsto "jubilarse en unos tres años" aproximadamente, tal y como asegura.

Ante este panorama, a su clientela, fiel y asidua de Olula del Río y otras localidades del Valle del Almanzora se le suma una peregrinación constante de clientes llegados incluso desde la capital almeriense. Y es que de sus manos, curtidas por el oficio, brotan soluciones para casi cualquier desperfecto, como deja claro a lo largo de toda la conversación, en la que explica su proceder con el afilado diario de cuchillos y tijeras, con la adaptación de calzado para personas con problemas de ortopedia o fabricando alzas a medida así como con encargos para ensanchar cañas de botas, un proceso que implica desarmarlas y añadirles una pieza de piel, según explica.

Frente a la inflación que asfixia a otros sectores, el taller de Antonio mantiene los pies en la tierra, facilitando que el arreglo siga siendo la mejor opción frente a la compra compulsiva con servicios más que económicos frente a la compra de calzado de dudosa calidad que se puede encontrar online aunque no sólo cambia el precio o los materiales de los productos ,también de quienes lo usan. "La gente joven tiene el pie más fino", aprecia.

Relevo generacional y un rayo de esperanza

En la era de las compras compulsivas y la entrega rápida, adquirir y tirar es casi la norma. Ante esta realidad, el zapatero olulense cuenta que son muchas veces "las madres" quienes interceden ante las hijas y le llevan el calzado para su arreglo. 

Incluso al calzado defectuoso de fábrica, Antonio le otorga una segunda vida útil con remiendos a medida, como la inserción de plantillas de hasta seis milímetros para evitar que el pie se deslice. "Le hice una plantilla... y se le quedó estupendamente", narra con la satisfacción con la que cuenta cada atención realizada.

Preguntado por el relevo generacional para su oficio, recuerda que "dos jóvenes de Fines" cruzaron no hace mucho las puertas de su taller con "ganas de quedarse con mi negocio si yo lo traspasaba" aunque la vergüenza o el pudor les podía en un primer momento. 

Además, rememora que al recoger el importante galardón, responsables de la Administración andaluza le trasladaron su intención de crear una escuela o un modelo similar a los conocidos talleres de formación para asegurar -o al menos intentar- ese relevo. 

Es la prueba palpable de que, en el Valle del Almanzora, el talento y la voluntad aún pueden coser las grietas abiertas por el tiempo y el cambio de los hábitos. Y más cuando se trata de un oficio del que, como dice el propio Antonio, hay "días en los que me tengo que reinventar porque nunca he hecho ese trabajo".

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