La Voz de Almeria

Opinión

El mar está sucio

Buceé sin gafas alrededor de las grandes rocas y entremedio de ellas, sintiendo corrientes alternas de agua fría y caliente

En el agua flotaban partículas de suciedad, además de una capa de grasa.

En el agua flotaban partículas de suciedad, además de una capa de grasa.Getty Images

Beatriz Torres
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Antes de salir llamé por teléfono, pero el chiringuito no abría hasta el viernes. De todas maneras fui a bañarme a la Playa del Sombrerico. Es la playa natural más cercana que conozco y me asombró ver cómo el mar se había ido hacia adentro, dejando al descubierto un filo de piedras en la orilla, y sin embargo en la cala de al lado se había comido la arena.

La arena oscura quemaba como no recordaba desde que me bañé una vez en una playa de La Gomera. Saltando a gritos llegué a la orilla y me metí en el agua fresca y transparente, vi pececillos grises y blancos. Buceé sin gafas alrededor de las grandes rocas y entremedio de ellas, sintiendo corrientes alternas de agua fría y caliente. Como pronto no se hace pie, y tenía que sacar la cabeza, hacía el muerto para descansar unos segundos, al sol y al cielo, y sumergirme de nuevo.

Hasta aquí todo estupendo, sin embargo al salir atisbé una mierda tapada con un pañuelo blanco de papel, pegada justo a la gran roca de la orilla y al lado de las pequeñas rocas verdes cubiertas de musgo. Por favor, quién hace eso. Me recordó a un conocido madrileño que se jactaba de sus viajes por el mundo, hasta llegar a Papúa Nueva Guinea, y una tarde paseando por las calas de Terreros dejó un hermoso mojón sobre la losa del paseo. Un horror.

A la vuelta me paré en el chiringuito que hay cerca del Castillo de Macenas. En la mesa de al lado hablaban de cómo habían capturado una medusa roja gigante, y a uno le había picado. Al oír eso, me asusté de mi temeridad por haber buceado sin protección.

Comí y bebí, y volví a tumbarme en la arena, pero deseosa de darme otro baño me metí y en el agua flotaban partículas de suciedad, además de una capa de grasa. Mis manos se quedaron pegajosas y tuve que ducharme enseguida y quitarme la sal de la vida.

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