Promesas y escaqueos de los políticos
“Los electores deberíamos disponer de vallas antitrepa para parar a los arribistas”
Quiero felicitarme porque el sistema político español todavía cumple al menos formalmente con la democracia. De no ser así esto sería una república bananera donde el pistolón de turno contaría la historia a su específico modo. Reconocido lo anterior, no me queda más que recordar a los paisanos que estamos en vísperas de elecciones. ¿Exagero si digo que a nuestros políticos lo que más les interesa en este momento es ganar de nuevo para vivir otros cuatro años con un sueldo magnífico viajando por Europa con todos los gastos pagados incluidos hasta los idiomas?
Dejémonos de eufemismos. Los electores deberíamos disponer de vallas antitrepa para parar a los arribistas que hicieron promesas y nunca las cumplieron y lo mismo hay que decir de quienes se escaquearon cuando había que dar mucho la cara. Me temo que no será posible. En cada partido ya existe un comité electoral destinado a buscar la frase que más puede seducirnos desde la moral alta a la más absoluta infelicidad. Tratarán por todos los medios de olvidar lo que fueron en la legislatura anterior y para ello buscarán especialistas en marketing cueste lo que costare. Los asesores son como los profesionales de escaparates que cada cierto tiempo tienen que cambiar el surtido para que el ciudadano se detenga delante de las novedades. ¡Lo que hemos de oír dentro de unos días! Dirán que ya hemos cruzado el Cabo de Hornos, que ya hemos salido de la crisis. Dirán que gracias al sacrificio del pueblo los bancos han sido saneados y que el sistema capitalista, su sistema, ha quedado libre de turbulencias. Esto no es definitivo, claro está, y por eso se piden otros cuatro años alargando el tiempo como un chicle hasta el 2015 para terminar la faena. Al ciudadano cariacontecido y como atontado por la propaganda no le queda otro recurso que meter la papeleta en la urna. Al final cada uno vota lo que le dice su cuenta corriente, al estilo del duque que dijo que en el sur era donde mejor se vive porque las casas son blancas y en cada ventana hay una maceta de geranios . Cuando la emigración se cebó en el campo andaluz el duque se quejaba de sus tierras baldías y no por ellas sino porque no había perdices, así no salía de caza.