El odioso virus
El odioso virus
Hay días que ni siquiera yo sé leer lo que escribo. Esto me recuerda aquel inefable lápiz rojo de los tiempos de Franco que a fuerza de tachones dejaba mis mejores frases como si fueran engendros subnormales. En plena democracia y en el momento más alto de la libertad de expresión no cabe sospechar que un topo de origen humano cambie las palabras para que no se entiendan. Así que, sin ser mal pensados, debemos atribuirlo a la maquinaciones ocultas de un virus electrónico que trasforma el vocablo PP por PEPA y el nombre de la Merkel por Metela. No me pregunten la razón de por qué ocurren estas anomalías expresivas en los periódicos. Sinceramente, la desconozco, pero como nada ocurre sin que tenga alguna relación con la mecánica del universo, a lo mejor el virus lo que intenta es premiarme con un cabreo de primavera en el día mundial de la libertad de prensa. Bueno, bueno, peor la están pasando por ahí los compañeros de prensa. ¿Y si fuera un virus nacional lo que está confundiendo y trastocando casi todas las cifras de este país? Tan pronto nos dicen que la crisis ya está acabando como que durará diez años más. Con unos líderes políticos que no alcanza ninguno el aprobado de la ciudadanía y con un gobierno que tiene a la puerta el cobrador del frac ante las pésimas perspectivas europeas, el virus lo está todo encabronando hasta no ser capaces de que los españoles saquemos nuestro orgullo y levantemos esto entre todos. Dice la Biblia que Dios castigó a los constructores de la torre de Babel cambiando los significados de las palabras. Así cuando pedían una cosa le traían otra. Aquí el gobierno insiste en el objetivo de déficit mientras la oposición pone de relieve que la austeridad no crea empleo. Algún trebejo suelto debe haberse anudado en el entendimiento de este país. Más que políticos lo que echamos en falta son técnicos contra el virus paralizante y cegador que nos confunde.