La Voz de Almeria

Opinión

Los políticos, sus discursos y el lenguaje partidista

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Tras la sabrosa conversación sobre el gerundio jurídico, los dos hombres de leyes, por un lado, y don Quijote y Sancho, por otro, tomaron sus caminos. Los primeros se dirigieron a la Corte y los segundos hacia lugares más inhabitables y escabrosos donde no pudiera faltar alguna descomunal aventura.

Iban por una vereda con un sol de justicia, y Sancho, que no olvidaba lo hablado en jornadas anteriores sobre el trato que a veces le había dado don Quijote, sintió gran contrición y díjole así a su señor:

—¡Por amor de Dios! Quiero que sepa mi amo cuán agradecido estoy por todo lo que hizo por mí y por mi familia. Todos sus consejos fueron encaminados a acrecentar mi honra y provecho. Dicho esto, bien viniere que, en tanto nos llega la buscada aventura, me repase algunas reglas de esas del habla, que hasta ahora no hayan sido dichas por vuestra merced o no advertidas por mí cuando las dijere.

—Sancho, recuerdo que he platicado de muchas cuestiones. Te hablé de cómo has de huir de los silencios no buscados. Te avisé acerca de que no emplearas refranes si estos no venían a cuento; asimesmo, te advertí de que evitaras las muletillas, etcétera. Pero no recuerdo haberte referido cosa alguna de los vocablos que ha de saber emplear con fundamento un político. Y no has de olvidar que un gobernador es, antes que todo, un político.

—Sea ansí –respondió Sancho Panza–. Que mucha discreción he menester para disimular el contento que recibo.

A lo que respondió don Quijote:

—Habrás de saber utilizar bien términos como seguridad, progreso, libertad, justicia, igualdad, pues son hermosos vocablos ligados a la idea de buen gobierno. Su empleo equilibrado, aun sin contenido, te hará bueno y juicioso ante tus insulanos.

—Intentaré la justicia con todos por igual –dijo Sancho–, pues el que no la halle en este mundo la irá a buscar en el cielo. Y de la libertad, recuerdo aquello que a vuestra merced respondió aquel patrón de galeras, Fernando Cortés de Ceuta, quien vino a decirle, con muy virtuosas palabras, que la libertad era uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos y que nada habría de conceder a cambio de ella. ¿Cómo no voy yo a respetarla?

—Bien dices –respondió don Quijote–. Que así has de hacer. También, tendrás que desenmascarar el lenguaje partidista, o sea, los eufemismos y disfemismos, palabras traídas por el demonio, que solo sirven para manipular a los ciudadanos.

—Perdóneme vuestra merced y dígame ¿cómo habría yo de saber huir de los eufanismos y de ese otro vocablo del demonio, si son voces que antes nunca llegaron a mis oídos?

—¡Por el siglo de todos mis pasados! –replicó a esta sazón Don Quijote–, eufemismo, que no eufanismo. Es vocablo con el que se designa el evitar expresiones de mal agüero, pero que, aplicado al discurso del político, suele más bien cumplir la labor de distorsionar y perturbar el buen entender de nuestra lengua, sobre la que tiene poder el vulgo y el uso.

—Es verdad, señor, que uno de los consejos que pienso considerar en mi gobierno ha de ser el de no confundir unas palabras con otras, aunque sea cierto que lo suela hacer a menudo. Mas dígame, mi señor, ¿qué arte es ese, el del vocablo eufanismo o eufemismo o como quiera Dios que se llame?

—Un gobernador tendrá que distinguir entre eufemismo y disfemismo, pues si bien ambos son curiosos y pensados artificios de engaño en el discurso político, artes para encubrir la realidad, lo hacen de modo distinto. Este vocablo último, el disfemismo, deforma la realidad con una expresión peyorativa, que la rebaja, y la emplearán aquellos que no estén de acuerdo con tu gobernanza. Es normal que lo hagan para referirse a las medidas que tomes y a las que ellos piensen que han de oponerse. Ansí, Sancho, si has de cuadrar algunos dineros para que tus cuentas en la ínsula sean las propias y no se encuentren en deudas, tus enemigos emplearán un término un mucho desdeñoso, el vocablo recortes, que será un disfemismo. Ahora bien, ante esa misma medida, tus partidarios la van a expresar de forma suave y decorosa y para tal cosa emplearán un eufemismo, y dirán que son ajustes. Es más, añadirán que el vocablo recorte es una bellaquería de quienes son enemigos. En ambos casos, pensamos, hay un intento partidista de enmascarar la realidad, pero lo hacen de modo distinto según tengan el poder o según no lo tengan.

—No mucho entiendo, si bien agradecería si vuestra merced pudiere traer otros ejemplos palpables, pues posiblemente pudiere discernir algo mejor –dijo Sancho, con muestras de estar algo corrido y confuso.

—Amigo mío, tú, como gobernador –siguió don Quijote–, para que no confundas unas palabras con otras, que es lo que me temo que puedas hacer, solo has de emplear los eufemismos para embadurnar de prestigio tus soluciones. De tal forma que si estas atañen al orden económico, te habrás de valer de vocablos como reformas, medidas, soluciones, ayudas, racionalización del gasto, reestructuraciones, etcétera.

En estos y otros razonamientos iban caballero y escudero cuando éste, sin dejar de mascar apriesa, al ver unos frutales, propuso a su amo cenar algo y pasar la noche en aquel lugar. Y así lo hicieron en buena paz y compaña.

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