La Calle de las Tiendas. Pinceladas de la historia de una ciudad milenaria

La investigadora Carmen Ravassa publica ‘Almería en una calle’, con la vía como hilo conductor

Carmen Ravassa con su obra en la puerta de Azabache, en la calle de las Tiendas.
Carmen Ravassa con su obra en la puerta de Azabache, en la calle de las Tiendas.
Marta Rodríguez
22:04 • 18 ene. 2018

Unos negocios llegan, otros se van, pero la de las Tiendas es una de las calles de Almería que mejor ha sabido conservar su esencia. Su aire de calle de siempre. De calle viva. Y como la vida misma, los comercios de antaño hoy han perdido terreno a favor de otros más modernos y del ‘artisteo’, que se ha hecho fuerte en la galería Arte21 y en La Oficina, espacio para la cultura alternativa.




Sólo hay un negocio que se mantiene ahí, impertérrito, desde que la calle de las Tiendas se llama así (antes fue la calle de las Lencerías y mucho antes una prolongación de la calle Real, entrada natural desde el Puerto a la ciudad por donde se trasladaban las mercancías, lo que provocó que se estableciesen los primeros negocios). Se trata de ‘El Valenciano’, que ya va por la cuarta generación al frente de un establecimiento que ahora vende souvenirs.




La investigadora Carmen Ravassa pasa por esta calle casi a diario desde que recuerda. Una mañana de hace unos años, con su despiste habitual, reparó en la cartelería de acero corten -instalada en el marco del Plan Urban- que recorre la vía recordando algunos hitos de la historia de Almería: personajes ilustres, acontecimientos determinantes en el desarrollo de la ciudad, movimientos artísticos, monumentos. Y aunque la mayoría eran más o menos conocidos, otros despertaron en ella ese afán por saber más de su tierra que la caracteriza.




Tras meses recabando información, acaba de ver la luz con la editorial SoldeSol el libro ‘Almería en una calle’. Porque en la calle de las Tiendas está contenida una ciudad entera y porque descubriendo o profundizando en esos hitos, el lector conocerá pinceladas de nuestra historia. 




Si bien “no es un libro de historia”, la obra sigue un orden cronológico y abarca desde las pinturas rupestres con el indalo por bandera y la civilización de Los Millares hasta el Movimiento Indaliano, que a finales de los 40 puso a una Almería deprimida en el mapa de la creación. “No soy especialista y quería poner las cosas fáciles al lector, de ahí que haya hecho un volumen de capítulos cortos con imágenes de Manuel Artero, Juan José Tonda y María Rosario Carreño; yo sería feliz si todos los almerienses conociéramos un poco de nuestra historia”, apunta Carmen Ravassa.




La fundación de Al-Mariyya, las capitulaciones de los Reyes Católicos, la gesta de Los Coloraos -que la autora conoce bien por su libro ‘El Colorao no es Rojo’ (SoldeSol, 2015) en el que dio a conocer dónde fueron a parar los restos de este grupo de liberales-, y la inun­dación de 1891 -cuyas terribles consecuencias propiciaron las obras de encauzamiento de las ramblas- trazan la parte más histórica del libro.




Personajes
‘Almería en una calle’ se detiene en figuras de almerienses insignes como el luthier Antonio de Torres, el guitarrista Julián Arcas, el presidente de la Primera República Nicolás Salmerón y el poeta y dramaturgo Francisco Villaespesa.“También aparecen personajes menos conocidos como Fernando de Berrío, un virgitano cuya familia se fue a Venezuela donde un tío había hecho fortuna. Allí se dedicaron a explorar y, en busca de El Dorado, él descubrió el Salto del Ángel, la cascada más alta del mundo”, indica Ravassa.




A lo largo de los quince capítulos y la introducción, la investigadora pone la lupa además en tres símbolos de Almería: la Alcazaba, la Catedral y el Cable Inglés. “Lo cierto es que en la cartelería de la calle de Las Tiendas he echado de menos algún hito más de la provincia; traté de enterarme de los criterios que habían seguido para seleccionarlos, pero fue imposible”, señala.


¿Cómo ha visto cambiar la calle a lo largo de su vida? “Mucho cambio no he notado, sí cierran unos negocios y abren otros, pero casi mantiene su esencia. Nadie ha tocado esta parte del casco antiguo, afortunadamente. A mí la calle me recuerda al Blanco y Negro, tienda de tejidos que también vendía cacharros donde compraba mi familia”.



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