Un siglo de luz eléctrica en Albox

Hace 100 años el pueblo dejó de lado los faroles para dar la bienvenida al nuevo fluido eléctrico

fotografía del año 1914 de la plaza del pueblo de Albox o Plaza Mayor, donde también se puede apreci
fotografía del año 1914 de la plaza del pueblo de Albox o Plaza Mayor, donde también se puede apreci

La tarde del 7 de enero de 1914 fue una de las últimas en las que Martín Miras encendió los faroles que adornaban e iluminaban vagamente las calles de Albox.

Como todos los serenos, gozaba de reconocimiento entre los vecinos del municipio y su función no era otra que la de velar por la seguridad en las calles una vez caída la noche, iluminada hasta entonces por los faroles que él mismo se encargaba de encender.


Más de un año

La tarde siguiente, la del 8 de enero, esta labor no requirió del esfuerzo habitual. El Ayuntamiento, gobernado por el alcalde Eliseo Vallés Albella, llevaba más de un año preparando la llegada de la luz eléctrica y el alumbrado público para la localidad albojense.

El sereno ya conocía esta noticia, al igual que el resto del pueblo, cuyos vecinos esperaron con más impaciencia que nunca la llegada de la oscuridad a media tarde para ver, por vez primera, surgir la luz de la ‘nada’.
Fuegos artificiales y la música de la Banda Municipal dieron la bienvenida ese día al fluido eléctrico. “Cientos de vecinos del pueblo y llegados de todas las barriadas albojenses se reunieron para tal acontecimiento”, recuerda el historiador local Miguel Ángel Alonso Mellado, encargado de estudiar la historia de la llegada del alumbrado público a Albox.

“Después de más de un año de preparativos llegó el gran día en el que Albox avanzó a la modernidad. Ese día Albox entró en el siglo XX”, considera Alonso. El entonces alcalde dio la orden, se hizo la luz y la música y los fuegos artificiales acompañaron el primer encendido.

Lo cierto es que fue un día festivo como pocos se recuerdan. Los niños, sin entender muy bien el alcance de lo que este hito suponía, consiguieron que sus padres les dejaran jugar hasta entrada la madrugada. Esos mismos padres y los vecinos de edad más avanzada tampoco tenían intención de volver pronto a sus casas. Las charlas en los bancos y las calles del municipio acerca de la llegada de la luz no dejaron de sucederse durante toda la tarde y buena parte de la noche.

“Los primeros días sólo dispusieron de luz edificios municipales como el ayuntamiento o telégrafos y algunas de las familias pudientes del pueblo. Las 150 lámparas distribuidas entre el pueblo ( 90) y el barrio de La Loma (60), causaron gran satisfacción al iluminarse automáticamente y sin los olores ni humos de los faroles”, explica Miguel Ángel Alonso. La llegada del alumbrado no solo supuso un cambio en la iluminación. Los chorreones aceitosos de los faroles en las paredes y suelos desaparecieron. Además, también “se notó la ausencia de olores que se producían con la combustión del petróleo”, detalla Alonso Mellado.

Pero no todo el mundo se olvidó de repente de ese olor tan característico que desprendían los antiguos faroles de petróleo.

A buen seguro para Martín Miras, conocido como el Sereno, pasear por las calles  de su pueblo desde ese día nunca fue lo mismo. Por muy acompañado que estuviese esa única noche del 8 de enero de 1914. El día en el que la luz se hizo en Albox.

Años preparando un estreno por que acabó en susto con un parto prematuro

Un incidente estuvo a punto de empañar la celebración de la llegada de la luz eléctrica a Albox. En las pruebas de encendido del 8 de enero de 1914, una polea cayó sobre la cabeza de Alberto Fernández, marido de María Josefa Jiménez Saavedra, “hermana del constructor del flamante Teat




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