Llega a Almería el artista de los sombreros

Curro Coronel dejó el baloncesto para convertirse en sombrerero con creaciones a 500 euros

Curro Coronel  realiza sombreros personalizados, en cada uno invierte 70 horas de trabajo.
Curro Coronel realiza sombreros personalizados, en cada uno invierte 70 horas de trabajo.

Es el membrives de los sombreros, los gasta de todo porte, color y ala. Y además los fabrica con sus propias manos tatuadas y grandes de jugador de baloncesto. Se llama Curro Coronel -jiennense de nacimiento, ciudadano del mundo- y acaba de montar taller en Almería. 


Con tan solo 34 años le ha vendido gorras y fieltros a estrellas de la NBA como Russell Westbrook, a la cantante Chaka Khan, al artista Leiva o al actor Oscar Jaenada. Ha tenido estudio en Londres y en Ibiza y sus diseños han deslumbrado en la semana de la moda de Nueva York. Nació junto a las minas de estaño de Linares, por eso sus sombreros tienen ese aire antiguo a ceniza, con aspecto grasiento, que perfila, soplete en mano, de forma artesanal. Junto al fieltro y a pieles como la de castor, hace continuos guiños con materiales como palillos, el cigarro, la badana o un billete dólar incrustado en un morrión. Cada trabajo de este exótico hatter es único, elaborado con técnicas centenarias por eso se cotizan a un precio entre 200 y 600 euros. Para Curro, Almería es como una nueva estación en el viaje de su vida.


Coronel, harto de lesiones, dejó las canchas de basket - donde llegó a ser profesional- por los patrones también profesionales. Y se justifica: “Un sombrero tiene 70 horas de trabajo, no es lo mismo que uno de fábrica”. Tras ser comerciante de ropa multimarca en Granada, decidió lanzarse a la aventura de trabajar para él. Y predica con el ejemplo saliendo a la calle siempre tocado por una se esas creaciones tituladas con algún nombre de santo: San Pedro, San Jordi, San Rafael o San Miguel. Engendra cada sombrero de forma integral y de lo único que echa mano es de los cortadores, que son los que le consiguen el tejido que les sirve de materia prima, como la de castor, que le llega de la República Checa. Asegura que su cartera de clientes crece cada y es tan variopinta como selecta. 


Para un artesano como él, lo fundamental es mantener unos principios y personalizar al máximo. Para él, como para cualquier marca, la imagen es fundamental. La suya personal es transgresora, marcada por incontables tatuajes, una barba frondosa y un estilo de vestir en el que los complementos marcan la diferencia, el alter ego perfecto de nuestro Antonio Membrives, si se llegasen a cruzar algún día por el Paseo. Uno de sus proyectos es hacer una exposición de sombreros en Úbeda con unos versos nuevos del cantautor Joaquín Sabina, el más firme acólito del bombín.




 

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