Los gigantes de Simago y Marín Rosa

Los dos edificios fueron hermanos gemelos que nacieron juntos entre 1966 y 1967

El edificio Géminis, donde se instaló Simago, en su última fase de construcción. Enfrente se estaba levantando el edificio de Marín Rosa. Dicie
El edificio Géminis, donde se instaló Simago, en su última fase de construcción. Enfrente se estaba levantando el edificio de Marín Rosa. Dicie
Eduardo de Vicente
20:09 • 20 dic. 2023

No fueron los primeros edificios modernos que construyeron en el Paseo, pero sí los que tuvieron mayor impacto urbanístico por el solar en el que nacieron y por el lugar estratégico que ocuparon, en pleno corazón de la avenida principal.



Los dos gigantes, el edificio de Marín Rosa y el de Simago fueron hermanos gemelos que fueron creciendo juntos entre 1966 y 1967, cuando se construía con descaro, cuando la historia se pisoteaba en nombre de la modernidad, cuando estorbaba lo viejo y se enmascaraba el negocio puro y duro llamándole progreso.



En el año 1965 las autoridades municipales le dieron el visto bueno a un proyecto del empresario José Marín Rosa para derribar el palacio donde habían estados ubicados el histórico Hotel Inglés y el mítico café Lyon D’Or para levantar un enorme edificio de ocho alturas ideado por el célebre arquitecto Góngora Galera. Marín Rosa era ya uno de los grandes comerciantes de la ciudad con dos establecimientos de tejidos en la calle de las Tiendas y otro en el Paseo. Fue en 1945, en plena época de restricciones, cuando dio el salto al Paseo, a  un local de trescientos metros cuadrados en los años veinte había triunfado el café ‘Lyon D’or’. Cuando se quedó con el local, Marín Rosa contaba, a modo de anécdota, que en su juventud era un riesgo entrar en un café-cantante de cupletistas. Decía que en una ocasión en la que él estuvo en uno de ellos, al día siguiente se enteró su novia y toda su familia y aquello fue un pequeño escándalo.



En 1965 decidió dar un paso definitivo hacia los nuevos tiempos con la idea consolidarse como el gran magnate de los tejidos en Almería. Derribó la casa donde tenía su vieja tienda del Paseo para construir un gran edificio donde levantó los grandes almacenes Marín Rosa. Durante el tiempo que duraron las obras siguió con su pequeño establecimiento de la calle de las Tiendas y además alquiló un local frente a la iglesia de Santiago, en la esquina con la calle Hernán Cortés, para mantener abierto sus almacenes hasta que estuviera construido el nuevo edificio.



En octubre de 1967 vio cumplido su sueño. Aquel gigante en la esquina de la calle de la plaza constituyó un acontecimiento en la ciudad. Acondicionó el sótano para mantelería y tapicería; la planta  baja para las novedades los artículos de perfumería; la primera planta la dedicó a la ropa de caballero, la segunda a la confección de señoras y niños, la tercera la convirtió en boutique, dejando las plantas cuarta y quinta como almacenes para la venta al por mayor. 



El edificio de Marín Rosa y el Géminis, que estaba enfrente, fueron creciendo a la par. Si uno se llevó por delante el caserón del Hotel Inglés, el otro arrasó con el gran Hotel Simón que también había sido una parte de nuestra historia.



En 1965 la ciudad asistió en silencio al derribo inexplicable de la casa del Hotel Simón, considerada en su tiempo como un auténtico palacio que llenaba de esplendor la esquina del Paseo con la calle de Castelar. En los bajos estuvo establecido durante décadas la gran tienda de comestibles y ultramarinos de Gervasio Losana, que también pasó a mejor vida. Cuando tiraron la casa del ‘Simón’,  la constructora de Enrique Alemán puso en escena el moderno edificio Géminis, un auténtico rascacielos en aquella época con viviendas de lujo, donde se ubicó después el negocio de Simago.



Poco importaba el aniquilamiento masivo de la ciudad antigua; los grandes  constructores, arropados por las autoridades y con el consentimiento de los medios  de  comunicación adictos al poder, habían emprendido la aventura de cambiar la fisonomía urbana sin atender al más mínimo criterio de ornato y de sentido común. En este ejercicio de destrucción el Paseo, que por entonces seguía siendo la gran vía de Almería, fue la avenida más perjudicada, tanto que en apenas una década perdió casi toda la esencia que había ido forjando a lo largo de más de un siglo.


Temas relacionados

para ti

en destaque