Los listos que querían tirar la Plaza

En 1972 se acordó el derribo total del Mercado Central para construir uno nuevo

La circunvalación de la Plaza del Mercado Central de Abastos cuando existían los puestos callejeros.
La circunvalación de la Plaza del Mercado Central de Abastos cuando existían los puestos callejeros.
Eduardo de Vicente
20:19 • 11 may. 2023

Qué nos pasó. Qué mal viento nos trastocó el cerebro a los almerienses en aquellas dos décadas nefastas en las que aniquilamos la esencia de la ciudad. Fue una fiebre extraña de la que no se libró casi nadie. Qué ciegos tuvimos que estar para llevarnos por delante una parte tan importante de nuestra historia.



Si Nerón mandó quemar la antigua Roma para levantar una ciudad moderna, nosotros estuvimos a punto de hacer algo parecido, convencidos de  que lo viejo era un estorbo que nos impedía dar ese salto imprescindible para que Almería fuera una ciudad de futuro



Fue una locura colectiva. Las autoridades y los promotores actuaron movidos por un falso progreso que ocultaba la posibilidad de hacer un negocio redondo, amparados bajo la manta casposa de una prensa cómplice que lanzaba las campanas al vuelo cada vez que tiraban una casa centenaria y construían un rascacielos. 



Mientras se tiraba abajo media Almería, los hombres de la cultura, los que de verdad tenían que ser conscientes de la barbarie, estaban en sus batallas estéticas sentados confortablemente en las terrazas de los cafés del Paseo. No se llegó a crear una conciencia social que intentara al menos evitar un atropello que en el colmo de la irracionalidad estuvo a punto de llevarse por delante uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, el del Mercado Central que el arquitecto Trinidad Cuartara hizo realidad en la última década del siglo XIX.



En enero de 1972, el entonces alcalde, Francisco Gómez Angulo, anunciaba a toda la ciudad la buena noticia de que pronto se iba a encontrar una solución al terrible problema del tráfico, y sobre todo, al del aparcamiento, que era una odisea en las principales calles del centro. Una de esas soluciones que barajaban nuestras autoridades pasaba por derribar la Plaza del Mercado Central de Abastos, dejando únicamente el solar para construir una nueva plaza, mucho más moderna, con dos sótanos de aparcamiento donde pudieran entrar seiscientos vehículos.



La nueva edificación tendría, además de los aparcamientos subterráneos, dos plantas elevadas donde iría también la Plaza del Pescado, que en aquellos tiempos estaba ubicada enfrente, en la acera del Teatro Apolo. En esos primeros meses del año 72 se redactó la memoria del derribo, a fin de que pudiera ser examinada por los contratistas interesados en ejecutar las obras. En el Ayuntamiento estaban tan convencidos de la idea que se habló de llevarla a cabo en un plazo no superior a dos meses, para que antes del verano las obras del nuevo mercado pudieran ser ya una realidad. Como primer paso para la renovación de la Plaza, la nueva alhóndiga, en el Camino de la Goleta, estaba a punto de inaugurarse.



Por fortuna, todo quedó en un proyecto que acabó en el cajón de la alcaldía y se fue olvidando. Derribar la vieja Plaza de Abastos para levantar otra suponía una inversión para la que no estaban preparadas las arcas de la ciudad, por lo que el plan acabó devorado por la propia realidad. En aquellos inicios del año 1972 en los que estuvo a punto de caer la gran obra de Trinidad Cuartara, sí fueron ejecutados otros edificios que dignificaban nuestra arquitectura. En enero las palas echaron abajo el palacete que existía en la esquina de las calles Obispo Orberá y Navarro Rodrigo, un hermoso caserón de tres plantas que exhibía un espléndido jardín a modo de chaflán. También fue derribado por esas mismas fechas el edificio de la esquina de Obispo Orberá con la calle de Javier Sanz que había sido sede del Gobierno civil.



Eran tiempos de grandes cambios. Almería crecía a pasos agigantados hacia arriba, mientras la esencia de la ciudad antigua se iba dinamitando. Ese mismo año se acometió el proyecto de ampliación del Paseo hacia el norte, a través de una gran avenida que desembocaba en el Paseo de la Caridad. Para despejar la zona, una de las intervenciones más importantes que se hicieron fue el derribo del popular edificio de la Puerta de Purchena y la Rambla de Alfareros donde estaba la célebre ferretería de Vulcano.


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