El almeriense del Dragón Rapide de Franco

José Mayorga era el agente de Juan March en Londres que alquiló el avión del Alzamiento militar

Retrato de José Mayorga Mañas, nacido en la Rambla Alfareros en 1887, que hizo carrera en la banca de Londres.
Retrato de José Mayorga Mañas, nacido en la Rambla Alfareros en 1887, que hizo carrera en la banca de Londres.
Manuel León
00:09 • 19 feb. 2022 / actualizado a las 08:18 • 20 feb. 2022

La mañana del 9 de julio de 1936, en una oficina bancaria de la City londinense, un almeriense llamado José Mayorga iba a entregar, casi sin mediar palabra, un fajo de billetes impecables a Luis Bolín, el corresponsal del ABC en la capital inglesa. Eran 2.000 libras esterlinas las que contenía ese sobre que iba a cambiar para siempre la historia de España. Con ese dineral, silueteado con la efigie del rey Eduardo VIII el Breve, se alquiló el famoso avión Dragón Rapide con el que el general Franco viajó de Canarias a Tetuán para principiar el levantamiento militar del 18 de julio que dio lugar a una feroz Guerra Civil y a 40 años de Dictadura. Como asistente de Bolín en el contrato de arrendamiento de la la célebre aeronave actuó el primogénito del banquero, José M. Mayorga Eraso.



Qué hacía en ese tiempo un almeriense, tan alejado de su tierra natal, en medio de esa trama tan turbia como la de financiar a unos golpistas. La explicación hay que buscarla en las cualidades del protagonista para los negocios y en la pura ambición por una vida más legendaria que la que le ofrecía su ciudad nativa.



 



José Mayorga Mañas nació en Almería en 1887 al amparo de una familia de humildes comerciantes. Su padre, José Mayorga Hurtado, regentaba una taberna de la Almería decimonónica -Casa Mayorga- en la Rambla Alfareros, en la que ayudaba también su madre, Eugenia Mañas Bulete. Desde joven destacó por sus notas en el Instituto y tras la repentina muerte de su padre en 1901, con el dinero por el traspaso de la taberna, marchó, junto a  su compañero y futuro cuñado, Manuel Eraso santa Pau, a matricularse en la Escuela de Comercio de Marsella.



Tras cuatro años de estudio, decidió abrirse al mundo y un día de 1907, con apenas veinte años, se embarcó en un vapor uvero desde Almería a Inglaterra. Con unas cartas de recomendación y con el espíritu de un David Copperfield, encontró trabajo como modesto encargado de reparto de correspondencia de la acrisolada banca Kleinwort con un sueldo de cinco libras. En 1910 regresó a Almería para casarse con María Eraso Santa Pau, la hija de José Ramón Eraso un fabricante de jabones de la calle Granada.



Comenzó a prosperar en el banco bajo las órdenes del alemán Klaus Satzger, responsable de los negocios en Sudamérica y empezó a conocer los entresijos del sistema financiero. Al ir naciendo sus hijos, Mayorga vio la necesidad de complementar su salario y se empleó como traductor de la embajada de España en el tiempo libre que le dejaba el banco. Demostró una gran habilidad lo que hizo que se convirtiera en el traductor particular del embajador Merry del Val, lo que le abrió muchas puertas en ese Londres de principios de siglo.



Sin embargo, el principal objetivo del hijo del tabernero era triunfar en Kleinwort. Aprendió el negocio y esperó la oportunidad para mostrar su temple. Llegó con el estallido de la Primera Guerra Mundial cuando gran parte de la actividad matriz del banco se interrumpió y hubo que expandir el negocio fuera del teatro de la Guerra como, por ejemplo, Sudamérica. Los intereses azucareros de Kleinwort en Cuba llevaban un tiempo descuidados y había deudas por cobrar. Mayorga se ofreció a viajar a la Isla. Le salieron bien las cosas en La Habana, cobró el préstamo, hizo negocios para el banco en la importación de carne de vaca argentina y  a la vuelta lo nombraron director y le duplicaron el salario. Se compró una nueva casa con jardín en el barrio de Chelsea y fue ampliando responsabilidades dentro de la entidad, hasta convertirse en director general en 1929, llevando a la firma a lo más alto en los negocios españoles y latinoamericanos.



Regresaba una vez al año a Almería a ver a la familia y escribía cartas a La Crónica Meridional sobre la necesidad de que la provincia se fortaleciera en el comercio exterior y era especialmente crítico con la Cámara Uvera por dejarse arrastrar por la desunión de sus miembros.  Fue uno de los principales artífices que aportó dinero para que se le hiciera un busto -que hoy preside la Biblioteca Villaespesa- al director del periódico La Crónica, su amigo Guillermo Rueda Gallurt. que falleció por esas fechas.


En esa época era ya Mayorga el hombre de más confianza de Herman Kleinwort, el propietario de uno de los más insignes bancos de Inglaterra y en la prensa financiera de la City empezó  a ser conocido, por su tez oscura, como ‘la Pantera negra', por su audacia para los negocios, en competencia con la banca Rothschild y Morgan.  Cuando en 1931 se instauró la República en España, Indalecio Prieto llamó al almeriense y a otros banqueros extranjeros para pedir su colaboración y neutralizar la fuga de capitales y evitar el hundimiento de la divisa Española que se estaba produciendo en esos momentos. 


Fue en esa época cuando conoció al célebre Juan March Ordinas, el hombre más rico de España, que se encontraba en la cárcel por sus oscuras acciones de contrabando. Allí, entre los barrotes, le aconsejó que transfiriera sus cuentas al Kleinwort. Así lo hizo el opulento mallorquín y Mayorga se convirtió en su agente financiero en la city.


Tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, empezaron a urdirse conspiraciones militares para acabar con la República. Una de ellas, la que triunfó, estuvo encabezada por el director de ABC, Juan Ignacio Luca de Tena y como financiero, el ínclito Juan March.  Todo se fue preparando entre Madrid y Londres, con la aceptación de Franco de encabezar la rebelión. El corresponsal londinense Bolín, recibió el dinero de Mayorga y alquiló el Dragon Rapide que voló en esos días de julio, con varias escalas, entre Gran Bretaña y Canarias, donde esperaba ese militar gallego para embarcarse rumbo a Tetuán y principiar el Alzamiento.


March constituyó en Londres la sociedad J.March and Co. Ltd. de la que era apoderado el hijo de aquel tabernero de la Rambla Alfareros que perteneció de joven al Partido Republicano de Almería. Durante toda la Guerra, March fue el principal apoyo financiero de los militares sublevados y de esa cuenta, apoderada por Mayorga, salió medio millón de libras esterlinas para comprar aviones italianos con los que las tropas franquistas bombardearon su ciudad,  la ciudad en la que nació. 


Mayorga, que volvió en varias ocasiones por motivos familiares a Almería, se naturalizó británico y durante la II Guerra Mundial se desplazó con su familia a Argentina, para evitar que alistaran a dos de sus vástagos, donde falleció en 1970, tras dejar cuatro hijos -Armando, Fernando (gemelos), María y José M. Mayorga Eraso - este último fundador de la célebre cadena de supermercados Simago, quien siguió volviendo a Almería en vacaciones hasta su fallecimiento en Madrid en 2003, veraneando con su familia en la finca del Romeral, en Cabo de Gata, y visitando a sus parientes almerienses, los Eraso, los Altolaguirre y los Ruiz.


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