Los ‘chalaos’ que iban en calzoncillos

José Plaza Arenales fue uno de aquellos pioneros que hacían deporte en los años treinta

José Plaza , con la mano levantada, haciendo de juez en un combate de lucha en la playa.
José Plaza , con la mano levantada, haciendo de juez en un combate de lucha en la playa. La Voz
Eduardo Pino
07:00 • 01 abr. 2019

Les decían que estaban medio “chalaos”, los miraban como si fueran de  otro planeta, los señalaban con el dedo como si de verdad se tratara de un grupo de locos que se acababa de fugar del manicomio. Había quien los tachaba de exhibicionistas porque se ponían a hacer extrañas tablas de gimnasia en la playa en pleno invierno y se atrevían a bañarse en el mar cuando las personas normales iban por la calle con abrigo.  Eran los atletas de los años treinta y de la posguerra, amantes del mar, del sol y del culto al cuerpo, en una ciudad anclada un siglo atrás que no llegaba a comprenderlos.




Uno de aquellos atrevidos que se bañaba en la playa en pleno invierno y hacía de la actividad física una forma de entender la vida era José Plaza Arenales, practicante de profesión y atleta vocacional.




Lo mismo recorría varios kilómetros trotando por las calles como si lo fueran persiguiendo, que practicaba el boxeo con las reglas del marqués de Queensberry o se lanzaba de púa al mar desde las alturas. Fue de los pocos que consiguió tirarse de cabeza desde lo alto del Cable Inglés y el único que lo hizo haciendo el salto del ángel. Había que tener mucho valor y estar preparado para escalar por los hierros oxidados del cargadero del mineral y subirse arriba para lanzarse al mar.




La vida de José Plaza estuvo ligada siempre al deporte. Dicen, los que lo conocieron, que esta afición pudo estar cimentada por el impacto sicológico que tuvo en el niño la muerte prematura de su padre por culpa de la tuberculosis. Esa misma enfermedad estuvo a punto de llevarse a su hermana menor, a la que finalmente le tuvieron que extirpar un pulmón. Esa huella que dejó la tuberculosis en su familia pudo ser una de las causas de que ‘Pepucho’, como lo llamaban sus más allegados, orientara su vida hacia el deporte, que era fuente de salud.




Formaba parte de un grupo de atrevidos deportistas donde también estaba el recordado Emilio Campra y el prestigioso profesor de matemáticas Agustín Melero. Se juntaban en la playa en pleno invierno y se ponían en bañador a practicar todo tipo de actividades: lucha, boxeo, natación...Iban nadando hasta la primera boya y después hasta el faro, atravesaban el puerto como si fueran delfines y cuando regresaban se dejaban caer sobre la arena de la playa para tostarse al sol. Cuando el viento lo permitía y las olas le daban una tregua, se subían a bordo del velero ‘Eldi’ y se escapaban de la civilización durante varias horas navegando por las costas cercanas.




De aquellos tiempos de intensa actividad, José Plaza Arenales recordaba la anécdota que le ocurrió una de aquellas mañanas en las que junto a un grupo de compañeros salió a correr por la ciudad. Cuando atravesaban a paso atlético la Avenida de Cabo de Gata, enfundados en sus camisetas de sport y en sus pantalones cortos, un tipo, desde la ventanilla de un autobús, los insultó repetidamente. Campra, en un arrebato, salió corriendo detrás del coche y en la primera parada lo alcanzó. Sin pensárselo, el joven atleta subió al autobús y le dio una bofetada al que lo había insultado.




Plaza había estudiado Magisterio y Enfermería y se había convertido en un prestigioso practicante de la ciudad, aunque todo el mundo lo conocía por ser uno de esos locos que se pasaban el tiempo libre haciendo deporte. Una vez, en una entrevista que le hicieron en el periódico ‘Yugo’, censuró la costumbre de esta ciudad de no aprovechar la playa como lugar de ocio. “Los almerienses viven de espaldas a su mar, sin tener en cuenta que en la playa se encuentran los elementos que mantienen la salud en perfecto estado”, dijo. En los años cincuenta, fue muy crítico por las extracciones masivas de arena que se estaban realizando en la playa del Zapillo, arena que se utilizaba para la construcción.




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