El almeriense que quiso huir de Rusia escondido en un baúl

José Tuñón Albertos protagonizó en 1948 una rocambolesca historia cuando fue descubierto dentro de un arcón en pleno vuelo  para escapar

Jose Tuñón, con bigote, en la parte superior derecha, con otros compañeros exiliados en Rusia. Foto Fernando Martínez.
Jose Tuñón, con bigote, en la parte superior derecha, con otros compañeros exiliados en Rusia. Foto Fernando Martínez.
Manuel León
12:33 • 18 sept. 2016

Durante tres meses, José Tuñón Albertos, un comunista  almeriense, ensayó cómo escapar de Moscú en un baúl. La Unión Soviética, el paraíso para un leninista, se había convertido en un infierno. Por eso, su sueño durante ese largo periodo de pacientes preparativos a finales del año 1947 fue que todo saliera bien y poder escapar en un avión Douglas rumbo a México, donde se encontraba exiliada casi toda su familia.




Cada tarde se metía en el cofre de marras como en un féretro y entrenaba la respiración: empezó media hora hasta las ocho horas de práctica encerrado y tuvo que rebajar varios kilos de peso para disimular mejor ante los aduaneros que verificarían el peso del equipajes en el momento culmen.




Aventura surrealista
Su socio en esta aventura surrealista, su compinche en esta arriesgada peripecia, era Pedro Conde Magdaleno, agregado de la embajada argentina en Moscú, quien le propuso sacarlo en valija diplomática, como contrabando humano, de ese país que tanto le había decepcionado.




A merced de Pasionaria
La historia del almeriense José Tuñón es la de tantos republicanos españoles que llegaron durante y después de la Guerra a un país ideológicamente hermano y en el que después se sintieron maltratados, con la connivencia, según los documentos de la época que han salido a la luz en los últimos años, de la emblemática Dolores Ibárruri Pasionaria.




Piloto de aviones
El protagonista de este rocambolesco episodio era hijo  de Antonio Tuñón de Lara, que fue líder del Partido Repúblicano Radical en Almería en los años 30. José Tuñón estudió derecho y, dotado con talento para el dibujo, ganó varios concursos de carteles de feria en Almería. Cuando estalló la Guerra se alistó con la República y fue destinado como aviador al Ejército del Aire. Como otros compañeros de su escuadra hasta un número cercanos a 200, en 1938, acudieron a la URSS a recibir enseñanzas prácticas de vuelo, pero cuando estaban aún en esos menesteres, Franco ya había ganado la civil contienda.




Tuñón tenía 23 años y decidió quedarse,  con inocencia juvenil, en esa URSS desconocida, a miles de kilómetros de su añorado sol almeriense. Allí llegaron después otros comunistas de la provincia comandados por Juan García Maturana, que en el último minuto de la  Guerra había logrado arrebatar un barco a punta de pistola para huir de la represión que se avecinaba.




Dibujante en el Teatro Stanislaswski
Tuñón alcanzó el grado de capitán en la escuela de pilotos rusa de Kirovabad y fue nombrado maestro de la Casa de Niños de Odessa, donde enseñaba matemáticas y geografía a niños españoles. Desempeñó varios empleos y llegó a ser decorador en el Teatro Stanislavski de Moscú y dibujante en el centro cinematográfico Suomo Film, en la sección de dibujos animados.
Era una persona reconocida por su ingenio y por su talento en esa Unión Soviética dominada por Stalin. Pero todo se torció cuando quiso seguir los pasos de su hermano, Mateo Tuñón, también exiliado en la URSS, que había conseguido visado para marchar a México. A él, a José, el hijo de ese masón almeriense que revolucionó la vida  republicana de Almería en tiempos de Miguel Granados, de Barcia y de Juan Company, el PCE de Ibárruri en el exilio no le dejó. 




Era un tipo bien considerado dentro del Régimen, un intelectual, un brillante profesor y artista del dibujo, siempre con rublos suficientes en su cartera adquirida en Curtidos Ruiz, pero no era libre y Rusia, tan  admirada por él en los tiempos de sus lecturas juveniles, se convirtió en una ratonera, como para tantos españoles que intentaron salir rumbo a América.


Amistad con un diplomático argentino
Se empezó a hablar de él como ‘individuo desprovisto de moral socialista” y mientras a los españoles buenos que comían del plato de la Pasionaria se les premiaba con cargos bien remunerados, a los españoles malos como Tuñón se les conminó a trabajos forzados en fábricas y en algunos caso a campos de concentración denominados gulags.
Fue entonces cuando el almeriense trabó amistad con Pedro Conde Magdaleno, un diplomático argentino en Moscú que le requería información sobre las condiciones de vida de los exiliados para escribir un libro contra Stalin, a cambio de invitarlo a comer en los mejores restaurantes de la ciudad del Kremlim.


Se queda sin aire
A José le ahogaba Rusia cada vez más y por ello urdieron un insólito intento de fuga que arrancó la madrugada del 2 de enero de 1948.Faltaban unas horas para el amanecer cuando a la entrada del Grand Hotel de Moscú paró un camión en el que cargaron dos enormes baúles. En uno de ellos iba el almeriense y en el otro un tal Pedro Cepeda, niño de la Guerra, que también soñaba con abandonar la URSS, con la connivencia del diplomático Conde.


Llegaron al aeropuerto para embarcar en un vuelo con dirección a Praga, desde donde empalmarían a París y de allí a Buenos Aires. Pero todo el plan se vino abajo porque el arcón había quedado bocabajo en el almacén de equipajes con el respiradero tapado y a los doce minutos de vuelo, Tuñón se ahogaba  y tuvo que empezar a dar patadas desde el interior.El capitán ordenó abrir y se encontró con la sorpresa de ese almeriense agazapado como un gorrión y morado por la falta de oxígeno. Todos los sueños de José se hicieron añicos de golpe y fue condenado a 25 años de trabajos forzados en un gulag de Siberia.


Muere Stalin
Salió a los siete años, cuando murió Stalin, y en 1957 logró por fin tocar orillas mexicanas y abrazar a su familia. La Almería franquista de entonces no estaba aún preparada para recibir, sin represalias, a un compatriota como Tuñón, quien no pudo volver a beber agua del cañillo nunca más: su bando no fue el que ganó la Guerra. 
 



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