La Voz de Almeria

Tal como éramos

La polémica por la nueva bandera

En 1977 se instaló por primera vez la bandera andaluza en el balcón del Ayuntamiento

El seis de abril de 1977, a las once y media de la mañana, la bandera andaluza lució por primera vez en la Casa Consistorial junto a las banderas de España y Almería.

El seis de abril de 1977, a las once y media de la mañana, la bandera andaluza lució por primera vez en la Casa Consistorial junto a las banderas de España y Almería.

Eduardo de Vicente
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No teníamos muy claro en Almería lo de sentirnos andaluces de la misma manera y con el mismo ardor guerrero que en otras provincias de la región. Allá por los primeros años de la Transición eran los partidos de izquierda los que se abrazaban con más fuerza a Andalucía y no dudaban en utilizar la bandera verde y blanca en sus reivindicaciones y a la hora de manifestarse. Los más conservadores preferían hablar de España como única patria colectiva y no se sentían del todo identificados con la insignea regional.

Estas discrepancias se vieron reflejadas en el Pleno municipal del seis de abril de 1977, en el que se decidió la colocación de la bandera andaluza en el balcón principal del Ayuntamiento. El entonces alcalde, Rafael Monterreal, intentó convencer al resto de su corporación de la conveniencia de abrazarse a los nuevos tiempos y no ir en contra de las otras provincias. “Esta alcaldía, creyendo interpretar el sentir generalizado de un amplio sector almeriense, propone la aprobación del uso de la bandera andaluza junto a la nacional”, explicó el alcalde, que tuvo que aclarar que la bandera andaluza estaría en todo momento “integrada en la unidad de la patria” y que siempre se izaría junto a “la sagrada enseña nacional y la de Almería”.

En la votación posterior, tres miembros de la corporación votaron en contra, alegando que “son dudosas y hasta adversas las razones históricas, sociales y económicas para que nos sintamos como un ente político, más allá de lo simplemente geográfico”, dijo uno de los concejales que no querían ver la bandera verde y blanca en el Ayuntamiento. Además añadió que se le revolvía el estómago cuando escuchaba hablar del “país vasco”, del “país gallego” y que “estas pequeñas cosas son las que dinamitan la unidad patria, no habiendo existido realmente una bandera de Andalucía hasta que se ha inventado recientemente”, subrayó el concejal contrario. A pesar de esta oposición, a las once y media de la mañana del miércoles seis de abril, la nueva bandera quedó izada en la Casa Consistorial.

No era la primera que veíamos los almerienses, que ya nos habíamos familiarizado con los colores verdes y blancos. En agosto de 1976, después del asesinato del joven Javier Verdejo, empezamos a conocer de cerca la nueva enseña que llegaba para quedarse. La vimos agitarse con fuerza en la clandestinidad de las manifestaciones no autorizadas, las que siempre acababan con carreras y detenidos, y la vimos ondeando en los labios del cantante granadino Carlos Cano, que una tarde de domingo, a finales de 1976, apareció en un programa musical de Televisión Española con aquel himno en verde y blanco y con su ‘Murga de los currelantes’. Desde entonces muchos de nosotros empezamos a digerir mejor la bandera y le empezamos a tener estima.

Por los periódicos nos enteramos que un domingo del mes de febrero de 1977 colgaron una bandera andaluza de diez metros en la fachada de la Giralda de Sevilla cuando todavía no había sido autorizada de manera oficial. Unos días después, el que era vicepresidente de la Diputación de Almería, José Fernández Revuelta, nos trajo una noticia de la reunión que los dirigentes de las diputaciones andaluzas habían mantenido en Jaén. Esa noticia contaba que hasta que los estatutos de la mancomunidad regional de Andalucía no fueran aprobados por el Gobierno, la bandera blanca y verde carecía de personalidad jurídica, pero que a pesar de ello en dicha reunión se había llegado al acuerdo de que cada presidente y su corporación provincial decidieran si adoptaban la nueva bandera. El señor Revuelta dijo entonces que este tema no preocupaba demasiado en Almería, que había otros más serios que afrontar, pero que no le parecía mal que existiera un símbolo de unidad regional, siempre que para nada empañara la idea de la unidad nacional.

Finalmente, el tema de la bandera de Andalucía fue incluido en la sesión de la Diputación del lunes 28 de febrero de 1977, donde se aprobó por unanimidad su utilización junto con la enseña nacional en los actos solemnes y festividades. Este respaldo de la institución provincial le abrió las puertas del Ayuntamiento a la bandera verde y blanca. Ese mismo día se descolgó del clavo de la pared del salón de actos el último retrato de Franco y en su lugar se colocó un retrato del Rey pintado al óleo por el artista almeriense Diego Domínguez, redactor y dibujante de La Voz de Almería.

La bandera fue cogiendo fuerza, fue haciéndose popular y empezamos a verla en todos los festivales con tintes políticos que entonces se organizaban en la ciudad y en cada una de las manifestaciones fueran o no autorizadas. Una tarde, allá por el año de 1979, cuando la región estaba batallando por el estatuto de autonomía, una bandera gigantesca con los colores verde y blancos apareció colgada de la muralla de la Alcazaba.

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