Con pilas y paellas de araña: así combaten residencias y centros de acogida de Almería el gran apagón
24 horas de apagón y búsqueda rápida de alternativas

Hermano Diego de Casa Nazaret.
La incertidumbre fue absoluta. Nadie sabía cuánto iba a durar ni qué consecuencias traería. El gran apagón que nos sumió, primero en dudas diurnas y luego en la noche más larga, se vivió en Almería con una mezcla de angustia y resistencia silenciosa.
En una provincia con cerca de 50 residencias geriátricas de diferentes titularidades, varias de ellas se enfrentaron a un reto inédito: cuidar de sus mayores sin luz y, en algunos casos, también sin agua.
En una de esas residencias, la Casa Familiar Nazaret, gestionada por los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca, lo que pudo haber sido un caos absoluto se transformó en un ejemplo de entrega y humanidad. En su cocina, entre cacerolas, vapores y el inconfundible olor a cocido, se mueve con agilidad el Hermano Diego, delantal azul marino, manos curtidas y mirada concentrada quien narra como fueron las horas del apagón. "Nosotros somos 70 personas aquí. Sin luz, sin gas, sin agua… Nos tuvimos que adaptar a las circunstancias".
Un hilito de agua y una araña
Cuando la Casa Nazaret se quedó sin electricidad, el golpe no fue solo quedarse a oscuras: supuso la pérdida casi total del suministro de agua, ya que el sistema de bombeo depende por completo de motores eléctricos. "Teníamos solamente un hilito de agua en la cocina, y con eso tuvimos que llenar cubos para los cuartos de baño, para duchar a las personas, para cocinar...", recuerda el Hermano Diego.”
Sin fogones, sin agua corriente, sin ascensor, y con más de una veintena de servicios diarios que atender, los hermanos se vieron obligados a improvisar. "Gracias a Dios, Diego —otro voluntario— nos trajo una araña de esas de hacer paellas, y con eso ya pudimos empezar. Fuimos corriendo a comprar gas a la gasolinera, que teníamos ahí unas botellas guardadas, y empezamos a cocinar verduras revueltas", cuenta el Hermano Diego con tono de alivio y humor, mientras explica que en ocasiones normales, el menú suele ser diferente.
Las tareas más básicas se volvieron titánicas. "Fue todo muy problemático: hacer la comida, fregar los cacharros, lavar los cubiertos de los residentes... todo lo tuvimos que hacer estilo campaña, apañándonos como Dios nos fue a entender." La llegada de voluntarios como Karina y Diego aparecieron con linternas, botellas de agua y manos dispuestas a colaborar.
Mientras tanto, las tareas diarias no se detenían. La desconexión pilló al hermano Julio trasladando a una anciana a una nueva residencia.
De acuerdo con el hermano Diego, la desconexión eléctrica generó inquietud entre los residentes. “Pues estaban un poco asustados, claro. No tener luz genera mucha incertidumbre, sobre todo en personas mayores. Pero lo llevamos bien, porque aquí en Casa Nazaret estamos acostumbrados a adaptarnos a las circunstancias, lo hacemos todos los días”.
A pulso
El ascensor quedó fuera de servicio desde el momento del apagón, y a día de hoy, la situación sigue sin resolverse. “Hemos intentado contactar con la compañía varias veces, pero no hay forma de que nos atiendan", comenta el Hermano Diego.
El ascensor, una pieza clave en el día a día de la residencia. Para muchos residentes, especialmente aquellos con movilidad reducida es una herramienta esencial para garantizar que puedan recibir la atención que necesitan. “Ayer tuvimos que subir la comida por las escaleras, veinte servicios... todo a pulso".
El Hermano Diego también comenta que, en el día de hoy, una patrulla de la Policía Local de Almería se ha acercado a la Casa Nazaret para interesarse por el estado de la institución. Asimismo, han recibido una llamada del Consejero de Bienestar Social de la Junta de Andalucía, quienes se han puesto en contacto para conocer la situación de la residencia.
Lo más duro, encontrar pilas
Sin más incidencia que la propia que supuso el apagón de casi once horas, transcurrió la jornada en el Centro Municipal de Acogida. Se cortó la luz, las 12:30 horas fatídicas y hasta casi las once de este martes no contaron con suministro eléctrico. Según explica el director del centro, Juan José Martínez Crisol, cuando se produjo del apagón “ya se había hecho la comida con lo que no hubo demasiados problemas”. Esta instalación municipal cuenta con cocina de gas pero tiene una electroválvula por lo que “se buscó un pequeño generador con gasolina que permitió que funcionara”.
Eso sí, para evitar un consumo masivo, “las meriendas cambiaron el tradicional café con leche por un zumo en frío”. Las cenas tuvieron que improvisarse un poco y “las cocineras cambiaron el menú pero lo sacaron adelante con una sopa y arroz” con lo que se cumplió sin problemas con una de las necesidades básicas de todos los que estaban en este espacio.
Una vez llegada la noche se procedió a la colocación focos que se habían alimentado con energía solar, y se dotó de linternas “aunque costó bastante encontrar y comprar pilas” para que pudieran recorrer los pasillos en caso de necesidad. Se adelantó la hora de acostarse de las 22:00 horas a las 21:00 horas, y “todo transcurrió sin ningún incidente”.