El escaparate de paja frente a Santiago
La sombrerería de Plaza fue, desde 1919, la tienda exclusiva de los sombreros de paja
A comienzos del siglo veinte era difícil ver por la calle a un hombre sin la cabeza cubierta. Los sombreros eran una parte más de la indumentaria habitual y las sombrererías constituían un negocio seguro en la ciudad.
Una de las sombrererías que hicieron historia en Almería fue la de José Plaza Milán, un viejo comerciante del ramo que en la primavera de 1908 sorprendió al público con un moderno establecimiento en uno de los lugares de más solera comercial de la ciudad, la calle de las Tiendas. Ocupó todo el piso bajo de un espléndido edificio que destacaba frente a la puerta principal de la iglesia de Santiago y se extendía hasta la esquina de la calle de Hernán Cortés.
El día de la inauguración, el propietario montó unos espectaculares escaparates con los mejores sombreros flamencos y de paja que había entonces en el mercado, teniendo tan buena acogida que fue tanta la aglomeración de curiosos delante de la tienda que la calle quedó cortada durante varias horas.
José Plaza Milán fue un comerciante obsesionado por lo que se exhibía. Su lema era “si quieres vender pon un buen escaparate”. En mayo de 1913 volvió a sorprender con un escaparate donde mostraba el último modelo de sombrero para los boy-scouts, al precio de 4,25 pesetas el corte. Él mismo le daba vida a los sombreros en la fábrica que tenía montada en la Plaza de Flores, que años más tarde se complementó con una factoría de gorras en la calle de Hernán Cortés.
El señor Plaza era un industrial inquieto e inconformista. Eran frecuentes sus viajes por Murcia y Andalucía llevando sus productos a las principales ciudades. Fue muy nombrado su viajante don Antonio Minagorre, que según se decía en aquel tiempo tenía tanta habilidad para el negocio que era capaz de venderle un sombrero a una estatua.
La sombrerería frente a Santiago siguió progresando hasta convertirse en una referencia en la ciudad y en toda la provincia. En 1919 dio un golpe de efecto al quedarse con la exclusiva de los sombreros de paja, que le fue concedida por todos los fabricantes agrupados en la llamada Unión General de España.
Todos los modelos de paja que se vendían en la ciudad habían pasado por las manos del señor Plaza, que al tener la exclusiva podía garantizar los precios más competitivos del mercado. En esa época sucedió un acontecimiento que fue muy comentado en la ciudad. Un dependiente de la sombrerería fue descubierto robando. Todos los días, el empleado depositaba varios modelos en una habitación trastera, donde se los entregaba a una compinche que se encarga después de venderlos a mitad de precio.
En los años veinte, José Plaza Milán amplió sus negocios. En el mismo edificio de la sombrerería puso una droguería que bautizó con el nombre de el Arco Iris.