Juan Carreño: “Antes la Feria olía a brea, a mar, a Mediterráneo ”
Los cría, los educa y es feliz contagiando su amor por los caballos

Juan Carreño no concibe la vida sin los caballos.
Es un defensor a ultranza del caballo. Es criador, dirige un centro de enseñanza ecuestre y asesora al presidente de la Plaza de Toros en los festejos donde intervienen rejoneadores. Pero ante todo, es un amante de este bello animal, motivos tiene y enseguida los pone sobre la mesa. “El caballo merece un reconocimiento; ha ayudado al hombre a través de la historia como correo, como transportista, en las batallas, han llevado a los médicos al último cortijo para salvar vidas”. Según Juan, el caballo “ha sido vilipendiado por cierto señoritismo de ciudad que le molesta el olor a caballo o les tiene miedo”.
Evidentemente no puede ocultar su satisfacción ante la vuelta del paseo de caballos al centro de la ciudad. “La acogida social y amable que tiene el Paseo no la tiene el nuevo recinto ferial, le falta tiempo y carisma. Si no se está toda la Feria y son sólo dos días pues maravilloso. El paseo de caballos en el centro le da cierta prestancia y no debe ser ningún problema si se guardan unas normas de buen comportamiento por parte de los jinetes y por parte de los ciudadanos”.
Juan recuerda aquella “manifestación pacífica”, a lomos de caballos de madera, que se organizó cuando el Ayuntamiento retiró esta actividad “de un día para otro” del programa de fiestas. Desde entonces no monta en Feria aunque promete “reaparecer cuando mi nieta me pida que la saque a la grupa, posiblemente el año que viene”.
Y es que desde el caballo, la Feria se ve de otra manera. “A lomos de un caballo, no se ve con superioridad, yo la veo con mayor felicidad. La gente te transmite alegría, sonrisas, y mi obligación como jinete y amante del caballo es hacer proselitismo de esa afición. ¿Tu sabes lo que es que se acerque la gente y te pide fotos? Es una especie de fabriquilla de la alegría”.
Recuerdos de Feria
Sin duda Juan es un romántico. Miren si no, su definición de feria: “Todo el año es Feria y la vida en sí es una gran feria. Lo primero que nos dice que la vida es feria es la propia Tierra, que no para de rodar como los ‘Caballicos de la Reina’. La Feria bien entendida es para construir, abrazar, darse, quererse, perdonar, pero también para meditar y decirse las cosas cara a cara”.
En este ratico de charla hablamos de sus recuerdos de infancia, su feria en pantalón corto. “La Feria era distinta, con mis ojos de niño recuerdo que la Feria era más magia que ahora, más fantasía que ahora, más elegancia que ahora. Teníamos la gran suerte de que la Feria estaba en el puerto y olíamos a brea, a mar, a mediterráneo bajo las palmeras del Nicolás Salmerón. El tipismo de aquella Feria no estaba impuesto ni se pagaba con subvenciones. Había niñas vestidas con trajes de gitanas que eran pá comérselas. Ahora van más con alpargatas y con chanclas. Los chiquillos eran los reyes del mundo con un trozo de algodón en un palo. Ahora parece que somos insaciables, todo sabe a poco”.
Por supuesto que en sus recuerdos están los caballos, aquellos que tiraban de los ‘coches’ a la salida de los toros y que se podían contar por cientos. “Aquello era un desfile de ramilletes de mujeres bellas de Almería abanicándose y setenta coches de caballos tras ellas”.
Nuestra conversación termina hablando de bailes, del maestro Richoly, del Club Naútico y del Ballet de María Rosa. Recuerdos de Feria y reivindicaciones: “Almería tiene que vender su autenticidad”.