Congreso del PP: El Relevo en los Tiempos del Estruendo

Javier A. García toma el relevo en una y tiene que enfrentarse a dos ‘Cabos de las tormentas’

Gabriel Amat, Javier A. García y Ramón Fernández-Pacheco.
Gabriel Amat, Javier A. García y Ramón Fernández-Pacheco. Juan Sánchez
Pedro Manuel de La Cruz 07:00 • 27 jun. 2021

No sé si algún día lo dirá, pero apuesto diez contra uno a que hace solo unas horas, en esta madrugada de domingo y en ese umbral difuso que distancia la noche del sueño, Javier Aureliano García ha vuelto a recorrer, como en una sucesión de fotogramas, los once días que separan aquel martes de pasión inesperada de este sábado de gloria atenuada. Como todas las otras noches desde aquella mañana en la que el mundo se le vino encima, también le habrá costado dormir, pero esta vez no – o no solo- por la inquietud y el desasosiego de otros insomnios, sino por el sabor agridulce que provoca la satisfacción incompleta y el desencanto imprevisto.


La vida es una acumulación de circunstancias inesperadas. El Partido Popular había planeado su congreso provincial como una fiesta en la que se despediría con los máximos honores a quien lo ha capitaneado en los últimos 17 años y en la que se recibiría con los honores máximos a quien habrá de capitanearlo a partir de ahora. 


La transición diseñada por Gabriel Amat se estaba cumpliendo (no sin algunos incidentes de recorrido con Génova, 13 sobre fechas y formato) con la precisión de un alquimista. Pero esa planificación milimétrica saltó por los aires la mañana en que agentes de la UCO se presentaron en la casa de Óscar Liria en Huércal overa. El sonido inesperado del portero automático que pulsó el guardia civil minutos antes de ocho de la mañana para que franquearan la entrada tuvo el estruendo de una explosión incontrolada e incontrolable.



El estruendo

A partir de aquel sonido inesperado y estruendoso ya nada fue igual. La detención del en ese momento vicepresidente tercero de la Diputación y su ingreso en prisión sin fianza es un torpedo en la línea de flotación del que no va a ser fácil ni rápido recomponerse. La investigación policial y el procedimiento judicial desvelarán los interrogantes de un caso que, de confirmarse los extremos apuntados hasta ahora por la investigación, pasará, no solo a la historia del delito, sino a la de la desvergüenza más obscena. Hacer negocio con el espanto sitúa, a quienes lo han hecho, si así se confirma, en un pudridero insoportable.



Pero diez días son muchas horas para la velocidad de vértigo por la que transita la política en España y, a pesar de que la sombra del caso es alargada y ha tenido un impacto formidable en la vida interna del PP, el partido cerró ayer el congreso de la transición tranquila y del relevo premeditado que había diseñado Gabriel Amat. Las páginas del adiós y de la bienvenida no fueron leídas con la euforia que quienes las protagonizaron pretendían (no podía serlo después de lo sucedido), pero el encuentro de cientos de militantes estuvo revestido del pontifical de las grandes ocasiones.


Amat se ha ido dejando un partido hegemónico durante más de quince años. Ganador elección tras elección, hasta las últimas generales en las que el populismo de VOX resquebrajó su electorado, los populares gobiernan Diputación y las tres ciudades con más habitantes de la provincia. Tres de cada cuatro almerienses tienen alcaldes del PP y, a nivel andaluz y nacional, el partido de Almería ha aumentado su peso de manera más que notable a través de las relaciones de Amat con Rajoy y Arenas (que algún día debería contar), y de la presencia de Rafael Hernando como portavoz en el Congreso, de Juanjo Matarí en la fontanería de Génova (primero con Arenas y después con Cospedal) y de Carmen Crespo en la estructura de poder andaluz, primero como delegada del Gobierno, más tarde como portavoz en el Parlamento y ahora como consejera de Agricultura y Medio Ambiente. Este es su Haber, al que también hay que añadir una travesía en la que tuvo que enfrentarse con los desgarros orgánicos del PAL de Juan Enciso y del Gial de Juan Megino, rupturas en las que no le tembló el pulso y que acabó ganando.


El nuevo presidente

Javier Aureliano, su discípulo predilecto, ha alcanzado la presidencia desde la paciencia, la constancia y la inteligencia. La paciencia porque sabía que, si intentaba adelantar los plazos sucesorios, la confianza con Gabriel se resquebrajaría y eso tendría un coste; la constancia porque ese fue siempre su objetivo y no dejó de construirlo ni un solo día desde que llegó a ser secretario general y eso siempre aporta beneficios; y la inteligencia porque en medio de las turbulencias entre Madrid y Sevilla supo alinearse con Amat para que fuera él el que definiera el rumbo y eso era un salvavidas político.


Si, como sostenía el filósofo, nadie se baña dos veces en el mismo rio, más difícil es que dos presidentes lideren el partido de la misma manera y de idéntico modo. Amat no será nunca un jarrón chino (sencillamente porque no es su carácter y porque nunca estorbará), pero, sobre todo, porque sabe, bien que sabe, que su objetivo principal ahora es garantizar la continuidad del PP en la alcaldía de Roquetas (´vuelvo a donde salí´, le dijo hace unos días en una entrevista a Antonia S. Villanueva con un tono a medio camino entre el alivio y la nostalgia). Gabriel Amat se va de la presidencia del partido, pero el ya expresidente dejó claro ayer ante los cientos de delegados que le aplaudían que, como canta con desgarro Paco Toronjo en unos de los fandangos más conocidos, “Aunque me voy, no me voy/ y aunque me voy, no me ausento/y aunque me voy de presencia/ me quedo de pensamiento/aunque me voy, no me voy”. El seguirá en la alcaldía de Roquetas y no tiene ningún interés en abandonar la política. 


 Javier Aureliano tiene desde el viernes manos libres para diseñar la nueva travesía. Una hoja de ruta que le obliga a sortear de forma inminente dos ´Cabos de las Tormentas´ de extremada dificultad en medio de la inquietante marejada que supone una investigación inconclusa. El primero, el prestigio de la institución provincial que preside; el segundo, la imagen del partido que lidera. En ambas tareas será necesario que actúe con la misma contundencia con que actuó cesando a su vicepresidente a las cuatro horas de la detención, y que, curiosidades de la vida, algunos de sus más cercanos le censuraron. Dicho de otra forma, debe actuar cortando cualquier sospecha y facilitando toda la información sobre el caso y sus entornos a quienes, desde la investigación policial, la instrucción sumarial o la oposición política se lo demanden. Esto a corto plazo.


A largo plazo sería deseable - y nada indica que no va a ser así- que el PP continuara transitando en la provincia por el territorio de la gestión más que por el de la ideología. Las proclamas no construyen nada y lo dificultan todo. El hooliganismo es una enfermedad infantil de la que es preciso alejarse. El abrevadero de rencores en que algunos vomitan su odio en las redes sociales no representa a la sociedad, solo a unos cretinos llenos de furia y odio. Por eso y frente a tanta desmesura, el PP debe continuar en esa línea de gestión de las cuestiones que afectan a la vida cotidiana. Javier Aureliano, Ramon Fernández Pacheco y Carmen Crespo, el tridente que dirigirá el partido, llevan en sus mochilas -como llevaba Gabriel Amat- años de gestión y eso, en esta política de recién llegados que no han gestionado ni una comunidad de vecinos, es una garantía y un antídoto contra el mal de altura y hartura de la inexperiencia. 


Hasta ahora, tanto el PP como el PSOE e Izquierda Unida y el PCE en los tiempos del profesor Cervantes y de Rafael Esteban, los partidos almerienses han priorizado más lo concreto que lo abstracto; con aciertos y errores, pero así ha sido. Y así habrá de continuar siendo. Lo que construye una provincia no es la llama efímera de una hoguera, sino la brasa vertebrada que la alienta porque es permanente.  

El PP cerró ayer la crónica de un relevo anunciado. Como le dijo Fermina Daza a Florentino Ariza en “El Amor en Los Tiempos del Colera”, también de Gabo García Márquez, “dejemos pasar el tiempo a ver qué nos trae”.      


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