La república televisiva

Llamaría inquietante al plano cenital de Hitchcock en el que los pájaros observan desde el cielo el destrozo causado al mundo de los humanos. Pertubadora es la imagen de la oreja arrancada que se encuentra un joven y por la que bucea en el truculento mundo sexual de David Lynch. “Inquietante” y “pertubador” son dos adjetivos de cine. Es extraño por qué el Presidente del Gobierno  ha usado estas dos palabras para calificar las noticias sobre Juan Carlos I que se van entregando por capítulos. 


Yo hubiera usado con más exactitud ‘doloroso’. Es una situación dolorosa para millones de españoles que hemos vivido la Transición. Es la misma situación de cualquier familia a la que le pueda salir un hijo yonki, borracho o delincuente. Lo viven con dolor pero no pueden renegar de él y de los años en los que la familia era feliz. Incluso el Código Penal permite a los familiares no declarar contra padres, hijos o hermanos. 


Alguien no se siente de la familia, nuestro vicepresidente. Pablo Iglesias lleva denigrando la Transición desde que irrumpió en la escena política a través de los platós televisivos y ahora ve la oportunidad de hacer un ‘Sálvame Corona’. A Iglesias le gusta el cine pero es tan televisivo como Jorge Javier Vázquez y quiere que la audiencia decida que expulsa a la Monarquía para quedarse con República Fresita. Supongo que cambiaría de canal si la audiencia decidiera que Aznar o Abascal fueran presidentes de esa república española. 


En el cine, se penaliza repetirse o copiarse.‘Valmont’ no pudo sobreponerse a la huella de la intensa ‘Las Amistades peligrosas’. En televisión no ocurre así y si obligan a cerrar ‘Gran Hermano’ al poco nace ‘La Casa fuerte’. Esto lo sabe bien el televisivo Pablo Iglesias y lo aprovecha. Sabe que el culebrón ‘Los Borbones’ es una gran oportunidad para dar paso a ‘Por fin república’, un especial televisivo de 48 horas dirigido por García Ferreras. Da lo mismo que ya lo supieramos, que ya saliera. La tele es un continuo renacer, olvidar y nacer, olvido y novedad. Siempre es última noticia. Da lo mismo que hace seis años dos grandes políticos como Rubalcaba y Rajoy se pusieran de acuerdo para forzar la abdicación de Juan Carlos I. También, el 15 de marzo, al inicio del confinamiento, Felipe VI repudió el dinero alegre de su padre. Aquel gesto no le trajo elogios al Rey de España sino una cacerolada en plena pandemia. 



Estos dos capítulos debían haber sido el punto final de esta dolorosa historia pero Iglesias sabe que este país es más televisivo que cinéfilo y supone que si una cadena hizo princesa  a una chica corriente del pueblo no costará mucho quitar a un rey por la televisión.  


 “¿La Consejería de turismo? ¡Quédate tú con la consejería de turismo y dame a mi los telediarios!”, dijo Pablo Iglesias, antes de disfrutar de esta beca en el Gobierno. Ya los tiene, ¡una cadena entera!. Hay un buen equipo coordinado de guionistas sobre este ‘reality’  La Gran República. Después de que el vicepresidente cuestionara abiertamente esta semana al Jefe del Estado, su cadena amiga abrió informativos el martes con un barómetro sobre la Monarquía Parlamentaria. 


La historia televisiva de Iglesias es perturbadora: tenía un programa propio pero se hizo habitual en ‘El Gato al Agua’, en la derechista televisión Intereconomía.Luego, el millonario independentista trokista dueño de la La Sexta lo lanzó a la fama  buscándole un antagonista como en el cine, Eduardo Inda, don Pantuflo. Hoy Inda es el principal aliado de Iglesias a través de sus filtraciones en Ok Diario. “Simbiosis”, que dijo aquel de la pierna encima. 


Que el más inquietante y pertubador de los políticos que ha dado este país quiera socavar la democracia de esta manera tan chusca es digno solo de su línea de conducta política. 


Inquietante es que no le tiemble la coleta para, según sospecha el juez, inventarse una trama conspiranoica para ocultar sus líos privados en un partido que creó y destrozó por egolatría. Es inquietante además que  con el cinismo propio televisivo salga a justificar que no le devolviera la tarjeta del móvil a su colaboradora. “Lo que podría suponer para una mujer de veintipicos años (...) decido no someter a más presión a Dina”, declaró Iglesias.  


Que se quede con su Juego de Tronos televisivo este político Sálvame. Yo en cambio espero una buena película, de cine, la que cuente cómo un hijo con el corazón roto tuvo que repudiar a su admirado padre por hacer de forma ejemplar una función que él no había buscado, por ganarse el puesto al cumplir un deber más allá de lo concebido por cualquier telespectador de una república televisiva. 


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